No puedes ser todo lo que quieres


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No puedes ser todo lo que quieres, pero puedes ser mucho más de lo que eres

Crecí en la cultura del esfuerzo. Mis padres me inculcaron que podía ser todo lo que me propusiera en la vida si me esforzaba realmente, si trabajaba duro, si era perseverante y cada día me fijaba metas más altas. Y, lo cierto es, que esa perseverancia me ha ayudado muchas veces en mi vida personal y profesional.

Sin embargo, hoy sé que no puedo ser todo lo que quiera por mucho que me esfuerce. Hoy sé que el talento no se construye sólo a base de esfuerzo.

Sé que, por mucho que me empeñe, por muy duro que trabaje, no podré ser muchas de las grandes mujeres que conozco, porque carezco de su simpatía, su elasticidad, su visión espacial u otras miles de fortalezas. Lo que sí podré ser es otra mujer grande: YO en mi mejor versión.

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Y es que el talento, en palabras de andar por casa, es una “sopa”. Y como toda sopa tiene dos ingredientes fundamentales, un fumé (o concentrado) y agua (más o menos según cuanto queramos que esté de concentrado el sabor o que estire la sopa). Al final da igual si hablamos de una sopa de cocido que de la sopa miso: concentrado y agua, esa es la receta de cualquier sopa. Y al final da igual si hablamos de los grandes de la medicina, del deporte, de la panadería, de la pintura, de la decoración o de la enseñanza. Siempre es cuestión de fumé y agua.

Y lo más importante en una sopa es saber de qué es la esencia del sabor. ¿Es de pescado o de verduras? Una vez que lo tienes claro puedes añadir más y más ingredientes que no harán sino potenciar el sabor o hacer que la sopa luzca más.

Lo mismo pasa con el talento. Lo primero que hay que saber es de qué es nuestro concentrado, nuestras fortalezas. Yo no podré ser Ainhoa Arteta porque no tengo las cuerdas vocales que ella tiene; puedo esforzarme, ir a clases de canto y practicar las 10.000 horas que dicen son necesarias para dominar una materia. Pero no me convertiré en una grande de la música. Y me temo que tampoco puedo ser Yoshio Taniguchi u otros muchos de los grandes que se me pasan por la cabeza.

Pero si puedo expandir mi talento al máximo si sé de qué es mi “fumé”.

La probabilidad de que mis principales fortalezas coincidan con las tuyas son de 1 entre 278.000 y, sin embargo, todos queremos ser lo mismo. Nos pasamos la vida “queriendo ser” sin saber quiénes “ya somos” y todo lo que podríamos “llegar a ser”.

A los grandes no les pasa eso. Ni Marie Curie dedicó su vida a ser una Frida Kalho ni Frida Kalho se esforzó en encerrarse en un laboratorio. Lo que distingue a las personas con talento es que tienen muy claro de qué está hecho su concentrado y no intentan imitar a los demás, sino que dedican su vida a ser, precisamente, ellos mismos.

Cuando identificas tus fortalezas toda tu vida cambia. Y lo hace porque te das cuenta de que no tienes que intentar ser “otra sopa”, sino que puedes ser la mejor versión de tu yo.

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Y aquí es donde entra en juego la cultura del esfuerzo que mis padres me inculcaron. Porque al igual que toda sopa necesita agua, el talento necesita metas, actitud y esfuerzo.

Eso es lo que diferencia no dejar de echar ingredientes y más ingredientes en un concentrado que no sabes ni de qué es o escoger los ingredientes y la cantidad de agua precisa que mejor van a tu caldo.

Cuando tienes identificadas tus fortalezas y enfocas tu aprendizaje y tu esfuerzo a desarrollar esas fortalezas el conocimiento y la práctica dejan de “contar en tu curriculum” para convertirse en amplificadores de todo tu potencial. Cuando tienes claro tu “concentrado” tienes que ir añadiendo y añadiendo agua o fijándote metas y metas, nuevos objetivos más ambiciosos cada día que hagan que tu caldo se expanda. Y también puedes añadirle ingredientes, cursos, formación, nuevas habilidades que hagan que el sabor sea exótico, único, tradicional o lo que tú quieras. Pero siempre teniendo claro cuál es la esencia de tu fumé.

Y, lo que es más importante, cuando descubres lo que tú y sólo tú eres, te enamoras de ello y te esfuerzas por vivir y cuidar ese caldo cada día dejas de frustrarte por no ser como los demás y comienzas a ser más feliz.

¿Sabes cómo podrías impulsar tu talento? ¿De qué es tu fumé? ¿Sabes qué es aquello que te distingue de los demás y te hace único? Porque tú, igual que yo, tienes algo que te hace especial y que sin duda puedes poner en valor.

¡Feliz día!

¿Vas a ser un padre NASA o un padre APPLE?


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20 de febrero de 1962, la primera misión orbital de la NASA. Todo iba según lo planeado pero, de pronto, una luz de alarma en el control de misiones indicaba que la nave tripulada por el americano John Glenn tenía un problema; el escudo de protección térmica parecía haberse soltado ligeramente y no había certeza de que lograse entrar a salvo en la atmósfera. Había surgido un incidente en una operación planificada desde muchos años antes y ensayada hasta la saciedad.

Planeamiento, planeamiento, planeamiento y más planeamiento hasta llegar al objetivo. Planes a muy largo plazo y planes de contención para caso de emergencia. Desde entonces hasta hoy muy poco ha cambiado la manera de definir la estrategia en la NASA:

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Es la estrategia como nuestros padres nos enseñaron: Pensar en un objetivo a largo plazo y trazar un plan, fase a fase, meta a meta, para llegar a ese objetivo.

Algunas décadas más tarde, en Silicon Valley, un grupo de ingenieros de Apple tiene como misión lanzar un nuevo móvil que revolucionará el mercado. Saben que el software que lleva ese móvil no es perfecto, no importa.  No hay que esperar a tener el producto perfecto, sino el mejor posible según las circunstancias, creer en el producto, salir al mercado y comérselo; después ya se irá perfeccionando.

Su forma de hacer estrategia es distinta. Tienen un objetivo en mente y van planeando y ejecutando, planeando y ejecutando, planeando y ejecutando. La estrategia se va redefiniendo constantemente con cada parche que lanzan al mercado y que hace que el producto sea mejor que el anterior.

Es una estrategia que podríamos resumir como “BETTER NOW THAN PERFECT”.

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Y ahora vosotros os preguntaréis ¿Qué tiene esto que ver conmigo?

Pensad un momento. ¿Acaso no hacemos todos estrategia cuando decidimos tener un hijo? Claro que sí. Y lo normal, además, es que lo hagamos como la NASA, porque esa es la forma tradicional, la que nos enseñaron nuestros padres y la que hemos aprendido en las escuelas de negocios hasta hace bastante poco.

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Imaginamos un modelo ideal de hijo a largo plazo y diseñamos cada fase de esos 20 años que tenemos en la mente para llegar al objetivo final. Antes de que nuestros hijos nazcan ya tenemos planificado que acabarán secundaria fácilmente, se graduarán en alguna universidad, tendrán una carrera profesional atractiva y una familia tradicional o semi tradicional como la nuestra.

Y, realmente, no hay nada malo si eso se cumple; es más, será maravilloso si con eso son felices en la vida.

La cuestión no es que un modelo de estrategia sea bueno y otro malo. La cuestión es qué modelo de estrategia puede ayudar más a mis hijos (y solo a los míos) a ser más felices, siendo realista con el mundo en el que vivo, con mi familia y mi propia realidad.

Si mi hijo es un genio de las letras y además ha descubierto que su verdadera pasión es ser escritor parece que merece la pena volcar todo el esfuerzo en ese talento y sentarnos a definir una estrategia a largo plazo de forma tradicional que le lleve a ganar el Pulitzer. Si en el camino surge un incidente lo solventaremos como la NASA, articulando el plan de emergencia.

Ahora bien, ¿me sirve ese mismo modelo de estrategia cuando mi hijo no tiene clara su vocación, cuando es probable que decida no ser titulado superior, irse a vivir a miles de kilómetros de distancia o crear una familia que yo no habría imaginado ni en sueños? ¿Me sirve cuando es posible que él entienda la felicidad en términos distintos a los que yo manejo?

En estos casos puede nos ayude más hacer las cosas como Apple. Olvidarnos de estrategias y objetivos a 20 años que solo nos crean frustraciones como padres y a nuestros hijos como hijos y enfocarnos en darles a nuestros hijos unos valores o guías de actuación sólidos y válidos para cualquiera que sea la vida que elijan. A partir de ahí,  trabajar planificando y ejecutando, planificando y ejecutando para ayudar a nuestros hijos a lanzar versiones mejores de si mismos cada día.

En el mundo Apple no hay que tener el producto perfecto hoy; ni siquiera tiene sentido imaginar el producto  perfecto porque el mercado avanza tan rápido que, probablemente, si esperamos a ser perfectos  para lanzarlo cuando lo hagamos la versión ya esté demodé. En un mundo así entendido hay que lanzar cada día la mejor versión que podamos y parchearla cuantas veces sea necesario.

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Ahora piensa ¿tu mundo y tus hijos son NASA o Apple? ¿y tu estrategia, es NASA o Apple? ¿os ayuda esa estrategia en casa?

Nos encantará que nos lo cuentes aquí, en el blog, o en las redes sociales, y podamos enriquecernos con tu punto de vista.

¡Sed felices!

 

Cómo arruinarse el verano


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Es el final de una agoradora jornada en Disneyland y los autobuses que regresan del parque van cagados de niños sobre estimulados y exhaustos, y de padres completamente agotados. La gente empieza a protestar por todo, por el calor, por la velocidad, por esperar a otros pasajeros….. Lo que ha sido un maravilloso día tiene el riesgo de acabar en llantos y malas contestaciones.

Algo parecido ocurre, al menos en nuestra casa, con algunas tardes de verano, en las que se prepara una suerte de tormenta perfecta con los niños con riesgo de acabar en un tornado. Si habéis sufrido alguna de estas tardes sabéis perfectamente a qué nos referimos. Si todavía no lo habéis experimentado y sois tan locos que queréis probar cómo generar la tormenta perfecta con vuestros hijos aquí van algunas recomendaciones que seguro que os ayudarán a arruinaros el mes de julio.

TiemposApura los tiempos. El verano es esa época del mamá, ¿podemos quedarnos cinco minutos más? Y si realmente fuesen cinco minutos la cosa quedaría ahí. Pero son cinco minutos más de piscina, cinco más de futbol, cinco más para despedirse de los amigos. Cinco minutos que acaban siendo quince por cada uno de los retoños que tenemos en casa. Y, al final, cuando entramos en casa cuarenta minutos más tarde de lo previsto, la ecuación [ducha + cena + dientes + cuento = a las 21.30 en la cama] no sale. Y para colmo los niños tienen el modo “verano –on” encendido. Resultado = en la cama no antes de las 22.30.

GritarLlama a tus hijos a gritos. Una vez dentro de casa lo mejor de todo para acabar en llanto es querer hacer todo el doble de rápido (para compensar los cuarenta minutos que llevamos de retraso) e ir dando órdenes a gritos a los niños. Poner rápido la lavadora de las toallas a la vez que gritamos ¡A la ducha!; Oír la ducha sin cesar durante más de cinco minutos mientras preparamos la cena y volver a gritar ¡Cierra ya el grifo, que se va a acabar el agua del mundo!; Poner la mesa y llamarles al grito de ¡A cenar! ; y a los tres minutos volver a gritar ¡bajad ya a cenar, que se va a quedar frio! ; y volver a gritar dos minutos más tarde, y al final, cuatro gritos después, plantarse en el resquicio de la puerta de la habituación y gritarles ¿pero es que no me oís que os estoy llamando para cenar?, y ver como ponen cara de haba y niegan con la cabeza.

MinutoNo te reserves ni un minuto para ti. Como resultado del cinco minutos más unido al modo “verano-on” de los niños, para cuando acabas de recoger la cocina, preparar las mochilas del día siguiente, tender la lavadora y conectarte al correo del trabajo ya es la hora de la cenicienta; y no te ha dado tiempo ni a abrir una hoja de aquel libro que te compraste, precisamente, para verano. Un par de noches seguidas siguiendo esta regla son suficientes para comenzar el día siguiente muy motivada para hacer frente a otra jornada piscinera con los niños.

DeberesSe muy estricto con los deberes. Mantente inflexible con los deberes de verano. Da igual que los niños lleguen hechos un trapo del campamento, que el calor sea insoportable, que los vecinitos vengan a buscarles para ir a la piscina. Si te habías marcado como objetivo una página del libro de vacaciones de verano cada día no se te ocurra dejarles ir a la piscina ni darles un bocata de chocolate hasta que la página no esté acabada.

SerperfectaIntenta ser perfecto. Este es sin duda nuestro consejo estrella para esos días de verano en los que en la oficina hay más trabajo que nunca, hace un calor insoportable, tienes que hacer ingeniería espacial para llegar a buscar a los niños a la salida del campamento urbano y luego sobrevivir a una tarde de piscina comunitaria. Ante todo, no te saltes las cinco raciones de frutas y verduras diarias y los demás affairs propios de la perfección.

Regalémonos cinco minutos para reflexionar. Lo que pensamos, hacemos y decimos este verano influirá en lo que piensen, hagan y digan en sus futuros veranos. Y no nos van a recordar precisamente por el número de raciones de frutas y verduras que tomaban al día. Y sí, cuando nos miran con cara de alelaos y nos dicen que no nos han oído gritarles diez veces A cenar es que, de verdad, estaban abducidos con el i-pad o el juego y no nos han oído. Y gritar solo servirá para hacernos la espera más desquiciante a nosotros mismos .Y sí, las mates y los dictados son muy importantes, pero si nuestros hijos no son de esos pocos afortunados que pueden hacer los deberes después de desayunar, cuando están despejados y fresquitos, tal vez tengamos que recurrir a la imaginación y la creatividad para que practiquen mates y lengua con algo que no sea el tradicional libro de vacaciones. Y, por supuesto que sí, que son unos pesados con eso de los cinco minutos más; pero lo preocupante sería que siendo niños no tuviesen ganas de exprimir cada minuto de su tarde  Y, por supuesto que también, que nosotros también nos merecemos “cinco minutos más” para ojear un libro antes de irnos a la cama; así que tendremos que recurrir a esa súper motivación que supone para ellos el verano y empezar a negociar colaboración en las tareas domésticas, para que así todos podamos disfrutar de esos cinco minutos más veraniegos.

Por cierto, ¿sabéis como lo hacen en Disneyland? Gestionando emociones. Conscientes de los estragos que puede hacer el cansancio sobre una intensa jornada llena de emociones y conscientes de que las emociones son tremendamente pegajosas, el conductor del autobús del que hablábamos arriba comienza a cantar “Bajo el mar” cuando los primeros pasajeros se muestran quejosos. Al momento, prácticamente todo el autobús se ha olvidado de sus motivos de queja y se ha unido a cantar cual cangrejo Sebastián. ¿Os imagináis que pasaría si el conductor se pusiera a dar órdenes a voces a los pasajeros?

¡Feliz día y a por una maravillosa tarde de verano!

Lo que aprendimos en LEGOLAND


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LEGOLAND Billund es el primer parque que la marca LEGO abrió en el mundo. Está Dinamarca, en la ciudad donde nació su fundador y en la que está la sede de esta maravillosa casa de ladrillos de colores.

El parque es sencillamente impresionante. Construido con más de 50 millones de piezas lego, es un espacio único de creatividad e imaginación en el que los niños son los auténticos reyes.

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Lego9En LEGOLAND aprendimos que LEGO significa “jugar bien”, que el único límite para crear lo ponemos nosotros mismos y que con los niños menos siempre es más. La razón por la que estos ladrillitos de colores llevan desde 1932 convirtiéndose en el juego favorito de miles de niños estriba en su sencillez. Con lo más sencillo y su imaginación pueden construir lo más grande.

Al entrar en el parque les dimos a los niños un mapa y les dijimos que el día era por y para ellos. Ellos serían los capitanes y decidirían en qué atracciones se montarían y a nosotros nos parecería bien siempre que fuesen atracciones de su edad y los tres pudiesen disfrutar. Así, sin prisas, sin grandes expectativas, sin mega metas o planes perfectos fue como la jornada, además de un maravilloso recuerdo familiar, se convirtió en un gran aprendizaje emocional:

Aprendimos de nuestros hijos que:

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El miedo se vence con ilusión. ¿Qué es lo que hace que niños que nunca han montado en una atracción en la que la altura desde la que se van a descolgar es más de diez veces superior a la suya venzan la sensación de vértigo y quieran subir? ¿Qué les hace vencer el miedo que naturalmente se esperaría al tener que enfrentarse a ese riesgo por primera vez? La pasión, la ilusión por disfrutar de la atracción es lo que hace que la balanza entre lo desconocido y esa nueva experiencia que promete ser divertida se incline hacia este último lado.

A diferencia de lo que hacemos los adultos cuando tenemos que enfrentarnos a un reto nuevo, a algo que nos asusta o nos da miedo -que le pedimos a nuestro cerebro que nos muestre todas las razones lógicas para dar el salto-, ninguno de los niños que allí había se preocupó de preguntar cómo funcionaba el sistema de elevación de la atracción, los resultados del último control de seguridad, el porcentaje de niños que se habían mareado en el último año, etc. Lo que allí sobraba por todas partes era ilusión. Tanta que daban ganas de recogerla en botes y utilizarla para cuando tuviésemos que emprender un nuevo proyecto o dar un nuevo salto en nuestra vida. Y es que, el mayor enemigo para avanzar es el miedo y este sólo no se vence con la razón, como siempre nos han enseñado, sino con ilusión, con verdadera pasión.

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¿Llegar el primero o demostrarte que puedes llegar sólo? Una de las atracciones familiares más populares de LEGOLAND es el parque de bomberos. La atracción es un role play en el que cada familia simula ser una brigada de bomberos que tiene, primero que llegar al foco del incendio y, después, sofocar el fuego. Tanto el coche de bomberos como la bomba de agua se accionan manualmente, como las antiguas bombas. Os podéis imaginar que el objetivo de casi todas las familias es “ganar”. Tantas son las ganas de llegar los primeros que, visto desde fuera, el juego parece más un concurso de padres que un juego de equipo.

¿Qué ocurre en este juego si les damos a los niños un papel activo, si dejamos que el resultado final dependa de su esfuerzo? Pues que perdemos. Llegamos los últimos porque el resto de los padres habrán apartado (literalmente) a sus hijos a un extremo del coche, habrán sudado la gota gorda accionando bombas lo más rápido posible y les habrán hecho creer a los niños que la familia ha ganado gracias a su brillante aportación como animadores.

Perdimos, nuestro coche llegó el último. Y, sin embargo, los niños se sintieron tan orgullosos de su esfuerzo que pidieron volver a montar otra vez para mejorar su posición. Pidieron superarse a sí mismos. ¿No es eso muchísimo mejor que ganar?

En LEGOLAND aprendimos que cuando les hacemos los trabajitos del cole, cuando serramos por ellos la maqueta, pintamos el sistema solar o nos volvemos locos preguntando al resto de las madres por los grupos de wassap nuestros hijos llegan los primeros y ganan, pero probablemente no pidan repetirlo de nuevo para superarse a si mismos.

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¿Llegar a todo o disfrutar por el camino? Como os decíamos antes la ruta la marcaron ellos. Dimos vueltas, giramos sobre nuestros pasos y, a ojos de un adulto, perdimos tiempo. Pero ellos no recuerdan LEGOLAND por no haber visto Imagination Land ni Polar Ice. Ellos recuerdan la experiencia como una de las mejores de su vida.

¿Hubiera sido lo mismo si los mayores lo hubiésemos planificado todo tan al milímetro como siempre, si les hubiésemos marcado el orden exacto de las atracciones? Sinceramente, en un día con las emociones tan a flor de piel dudo que tanta planificación no se hubiese convertido en frustración, enfado y pataleta. ¿Qué sentido tiene a veces llegar a todo desgastándonos con nuestros hijos por el camino?

¡Feliz fin de semana a todos!

Enseñar a los niños a ser su mejor yo


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“Se lo mejor de ti mismo en cada momento”. Si tuviéramos que escoger una única etiqueta que colgar de la maleta de nuestros hijos seguro que sería esta.

Les subrayaríamos bien fuerte aquello de “tú mismo”, para que recuerden siempre ser su mejor yo, y no el mejor yo de su amigo, su hermano, su compañero o su vecino. Con sus fortalezas y sus limitaciones, pero siempre dirigiendo su mirada hacia ellos mismos.

Y les pintaríamos de un color llamativo lo de “en cada momento”, porque los años nos enseñan que en cada momento de la vida podemos dar más o menos según las circunstancias, y que preocuparse por aquello que está fuera de nuestro ámbito de control solo resta energías y crea frustraciones.

etiquetas7Sin embargo, muchas veces tenemos las expectativas sobre nuestros hijos tan altas que les colgamos cientos de etiquetas en su maleta: “eres desordenado”, “eres listo”, “eres estudioso”, “eres tímido”, “eres contestón”, “eres serio”, “eres responsable”, “eres fuerte”, “eres trabajador….”.

Algunas de esas etiquetas les acabarán limitando en su vida, les impedirán comportarse de otra manera distinta a la que la etiqueta les dice que son simplemente porque de llevar la pegatina tanto tiempo puesta se lo han acabado creyendo. ¿No os colgaron a vosotros de pequeños una de estas etiquetas que os recuerdan hoy todavía que sois vaguillos, mandones, desordenados, cabezotas o egoístas? ¿No os resulta dificilísimo comportaros de manera diferente a lo que la etiqueta dice cuando estáis en el ámbito en el que os colocaron la etiqueta?

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Otras de esas etiquetas, las positivas, les potenciarán y les harán confiar en sí mismos para embarcarse en nuevas aventuras. Pero con el tiempo, si tienen la sensación de que sólo les valoramos cuando utilizan esa etiqueta, correrán el peligro de convertirse en una pesada cadena que les impida dejar de ser tan “estudiosos”, “perfeccionistas”, “responsables”, “fuertes” o “trabajadores” sin sentirse realmente mal por ello.

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Si queremos que nuestros hijos lleven una única etiqueta en la maleta que diga “se tu mejor yo en cada momento” tenemos que enseñarles a quitarse de encima todas aquellas pegatinas que la gente les coloque y que les hagan pensar que no pueden alcanzar sus sueños. Porque lo cierto es que si creen que pueden alcanzar un sueño lo alcanzarán y si creen que no pueden alcanzarlo no lo alcanzarán.

Y también tenemos que enseñarles que las etiquetas potenciadoras, las que resaltan sus virtudes, tienen que ser como una chaqueta que decides cuando ponerte o quitarte; en el momento en el que sientan que están asfixiados y que esas etiquetas se han convertido en una pesada cadena tienen que saber sentirse libres para quitarse la chaqueta o cambiar a otra más ligera. Contarán con nuestro amor incondicional cuando decidan hacerlo.

Nos encanta cómo Benjamin Zander, director de la Filarmónica de Boston y un auténtico maestro de la motivación traslada este mensaje a todos sus alumnos el primer día de clase. En ese primer día les pone a todos un sobresaliente y les anima a que escriban una redacción en la que cuenten en qué tienen que trabajar para convertirse en esa versión sobresaliente de si mismos. Luego les pide a todos que visionen ese YO sobresaliente, que se enamoren de él, que lo sientan y que se lancen a conseguirlo. Be your best yourself es la primera lección de sus clases de música y probablemente la más importante de toda la carrera de quienes tienen la suerte de tener a Zander como maestro.

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¿Qué nos va a impedir a partir de ahora poner un sobresaliente a cada uno de nuestros hijos y trabajar con ellos para que consigan esa versión sobresaliente de ellos mismos?

¡Feliz fin de semana a todos!

Madres, 40, Sueños


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Queremos que el post de hoy sea nuestro regalo para todas aquellas madres que os pasáis por aquí. Una pequeña reflexión que os haga ser conscientes de todo lo que sois y os motive a perseguir vuestro sueño por muy larga que tenga que ser la fecha de caducidad.

Leíamos hace unos días en una web sobre parenting británica, Mumsnet, que la edad de los 40 es una edad complicada para una mujer. Es la edad a la que la mayoría de las mujeres con hijos o cargas familiares renuncian definitivamente a su sueño. Es lo que se llama el castigo de la maternidad: mujeres agotadas que se sienten culpables por no ser suficientemente buenas en su trabajo, que tienen que cuidar a sus hijos y vislumbran ya que pronto tendrán que comenzar a cuidar a sus padres. Mujeres que poco a poco, a base de renuncias, van limando su autoestima profesional hasta decir basta y renunciar definitivamente a sus sueños, con el temor constante a no hacer bien las cosas en ninguna faceta de sus vidas.

A todas esas mujeres les queremos decir hoy que echen la vista atrás y hagan un ejercicio de reflexión. ¿Acaso la maternidad no les ha convertido en mejores profesionales? Sí, somos mejores profesionales desde que somos madres, aunque muchas de nosotras no seamos conscientes de ello. Y lo somos porque a la formación que hizo que nos contrataran y a la experiencia que hemos ido acumulando con los años le añadimos la inteligencia emocional que cada día vamos ganando gracias a nuestros hijos.

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Desde que soy madre salgo pitando de las reuniones del trabajo, eso que llaman networking ha desaparecido de mi vocabulario, tengo la sensación de que dejo las cosas a medias, que estoy constantemente haciendo malabarismos y que no doy suficiente en ningún sitio. Sin embargo, si lo pienso bien, sé que desde que soy madre me he convertido en una persona mucho más compasiva, menos autoritaria y más flexible; me preocupo cada día por tener más empatía, por ser más generosa, por hablar mejor, por saber enfadarme mejor, por escuchar mejor; por no buscar la excelencia con exigencia sino con motivación, por celebrar cada éxito y transmitir ilusión. Y lo hago mejor cada día, porque mi motivación es más fuerte que ninguna: mi motivación son mis hijos, y el ejemplo que sé que soy para ellos. Cada tarde intento enseñar a mis hijos a que expresen con asertividad aquello que no les guste, a que le hagan frente al miedo con recursos, a que antepongan siempre la generosidad a cualquier valor, a que sean perseverantes, busquen  su excelencia personal y la de su equipo en la motivación y a que sean optimistas y compasivos.

¿Y no es justo esto lo que se le pide a un líder? ¿Acaso no nos estamos convirtiendo estos años en grandes líderes? Las empresas destinan cada día más recursos a fomentar la inteligencia emocional de sus empleados y nosotras no nos damos cuenta de que aquí llevamos mucho trabajo hecho. Porque cada día desde que nacieron nuestros hijos practicamos habilidades emocionales y lo hacemos con una motivación mucho mayor que cualquier curso o workshop en nuestra empresa. Nuestra motivación por el cambio es la mayor que puede existir, es el querer ser ejemplo para nuestros hijos.

Desde aquí les queremos decir a todas esas madres que ven cada día como su autoestima profesional se va haciendo chiquitita que no renuncien a sus sueños sólo porque ahora mismo no los puedan realizar. ¿Quién dijo que nuestros sueños tienen que tener la misma caducidad que una bolsa de guisantes congelados?

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Seamos valientes para soñar con lo que de verdad queremos y aprovechemos esta etapa de la vida para trabajar poco a poco en nuestro sueño. No renunciemos a saltar por el trampolín solo porque ahora no podemos y aprovechemos estos años para prepararnos y entrenar.  Si no perdemos un ápice de confianza en nosotras mismas, el día de mañana, cuando decidamos saltar, lo haremos perfectamente preparadas y con una inteligencia emocional a nuestras espaldas que hará que los demás se alegren del salto.

¿Planes a 3, 5 ó 10 años vista? ¿Y por qué no? Sólo nosotras sabemos que eso no importa ¿Verdad?, porque cada día ejercitamos un músculo que se llama paciencia. Esa misma paciencia que todas las tardes ponemos en práctica con nuestros hijos será la que nos ayude a alcanzar nuestros sueños, aunque tengamos que esperar.

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Hoy nos gustaría deciros no renunciéis a saltar por el trampolín que os guste, porque aunque no lo sepáis cada día estáis más preparadas para ello. Soñad con lo que queréis, creed en vosotras mismas y trazad vuestra ruta de vuelo hacia ello, despacio, con paciencia y confianza, como solo las madres sabemos. Y si en algo creéis que debéis mejorar aprovechad ese tiempo para buscar los recursos necesarios que os hagan perder el miedo el día de mañana a tiraros por ese trampolín. Cuando dudéis u os hagan sentir que sois peores profesionales acordaros del cambio que seguro habéis experimentado desde que empezasteis a trabajar hasta ahora, y lo grandes que os estáis convirtiendo gracias a la inteligencia emocional que cada día intentáis practicar. Porque eso, vale mucho.

Esperamos que hoy os miréis al espejo, os dediquéis un momento a vosotras mismas y os deis cuenta de que cada día sois más y mejor. Sois mujeres, madres y tenéis sueños.

¡Sed felices!

 


Cambio magia por deberes


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En realidad no son trucos de magia, sino verdaderos experimentos científicos. Pero a la tribu les parece pura magia y a nosotros también, sobretodo porque les sirve de motivación para hacer los deberes en las tardes más difíciles.

Hay tardes en las que la motivación interna para hacer los deberes desaparece. Ya sea por cansancio, desilusiones, peleas o simplemente porque es mal día, hacer los deberes se vuelve una hazaña imposible. En esas tardes hay que desempolvar la varita mágica, levantar la voz y decir ¡¡¡Cambio deberes por truco de magia!!! ¡El que quiera que vaya trayendo mortadela y Betadine!

No traerán nada porque entre tanta pelea o ensimismamiento no se habrán enterado de nada. Pero os aseguramos que vendrán casi de inmediato para ver qué es eso tan raro que les estamos diciendo. ¡Y, en ese momento, ya habrán caído en la trampa! Como por arte de magia, la espiral negativa en la que había caído la tarde se romperá, focalizarán la atención en otra cosa y encontrarán una motivación para hacer los deberes.

Vino y agua que se intercambian de vaso

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No importa cuántas veces lo hagamos, siempre les vuelve a maravillar y acaban pidiendo otra más. Con este truco veréis como el agua y el vino se intercambian de vaso sin mezclarse. ¡Alucinante! Solo necesitas dos vasos de chupito, agua, vino y una tarjeta de plástico tipo carnet (nosotros utilizamos el DNI). Llena los vasos hasta arriba con cada uno de los líquidos. Luego tapa el vaso del agua con el carnet y dale con cuidado la vuelta hasta haberlo situado exactamente sobre el vaso de vino. Ahora llega la magia: desliza suavemente la tarjeta para que quede una pequeña rendija entre ambos vasos. ¿Ves como los líquidos van cambiando de vaso? En un ratito ambos líquidos habrán cambiado por completo de posición sin mezclarse. ¿Vale para empezar con los deberes de mates, no?

Mortalela de la mala o jamón del bueno

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Este “truco” es uno de los más fáciles y vistosos que podréis encontrar, y en casa se ha convertido en el truco especial de la pequeñita, ya que ella “chola” consigue que la mortadela cambie de color. Sólo necesitas una loncha de mortadela (cuanto más mala mejor), una de jamón york (cuanto más bueno mejor) y Betadine. Echa unas gotitas de agua en cada loncha y pinchales un poco, para que liberen los jugos. Luego vierte unas gotitas de Betadine en cada una de las lonchas. ¿Ves las marcas azules y negras en la mortadela? Es la reacción del yodo y el almidón. Por eso, si el jamón que habéis comprado es bueno y no tiene fécula de patata no reaccionará con esos colores; en cambio, la mortaleda mala, que lleva mucha fécula de patata, se volverá azul. Si con esto se animan a seguir con los deberes de lengua deja que tu cocina se convierta en un laboratorio y prueba este mismo experimento sobre un cuenco con harina, otro con arroz, azúcar…….¿Veis cómo reaccionan?

Huevos que botan

Publicamos este experimento en nuestro Instagram en la pasada pascua y a juzgar por las fotos que algunos nos enviasteis es uno de los más divertidos para los niños. Consiste en dejar sumergidos huevos frescos en vinagre durante 24-48 horas. Nosotros también teñimos el vinagre con unas gotitas de colorante alimenticio, para que el experimento quede más chuli. Al cabo de 48 horas veréis que el huevo ha perdido la cáscara y está recubierto por una membrana casi transparente. Y llega el truco: el huevo bota cuando lo dejas caer unos centímetros sobre la mesa. En cambio, si lo dejas caer desde más arriba verás que el huevo se rompe (esta última parte mejor sobre la pila del fregadero, papis); realmente estaba crudo por dentro. Si tenéis mayores en casa que estén estudiando química probablemente descubran fácilmente que el truco tiene mucho que ver con la reacción entre el calcio y el acido acético.

¿Quién es más fuerte?

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El truco especial para esas tardes en las que el salón de casa parece una batalla campal y los tres hermanos se han enzarzado en una tal pelea que cuesta distinguir pies y manos en la bola que hay rodando en el suelo. Entonces nos unimos a la tarde de fuerza y decimos“¿Queréis saber de verdad quien es el más fuerte? ¿Os atrevéis?”Parece que va a ser Mencía (la pequeña de la casa)”.

Para este truco necesitas dos palos de escoba y una cuerda resistente; y tres personas (es más divertido si una de ellas es menor). Situa los palos en paralelo, como en la foto; ata la cuerda en el extremo de uno de los palos y vete pasándola de uno a otro en zig-zag, como unas cinco o seis veces. Deja el extremo de la cuerda que no está atado libre y dile al pequeño de la tribu que lo coja. Ahora los dos mayores tendrán que situarse en los extremos y coger los palos, uno con cada mano. Tendrán que demostrar que son más fuertes que el pequeño intentando mantener los dos palos separados. El pequeño mientras tanto tendrá que tirar de la cuerda intentando que los palos se junten ¿Quién ganará?

Como os decíamos al principio, estos “trucos” son verdaderos experimentos científicos, con explicaciones subyacentes que hablan de velocidad, densidad, reacciones químicas, etc. Podéis encontrarlos todos en la colección de libros de Javier Fernández Panadero (¿Por qué el cielo es azul?; ¿Cómo le explico esto a un extraterrestre?; Experimentos para entender el mundo o ¿Por qué la nieve es blanca?”), que nos propone convertir nuestro mundo en un laboratorio y acercarnos a la ciencia de manera divertirá.

Esperamos que paséis un rato divertido practicando estos “truquillos”. Feliz fin de semana!