Cómo preparar a nuestros hijos para el vértigo digital


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En estos días en los que la tendencia de todas nuestras empresas es la transformación digital, en los que se habla de digital ninjas, de evangelización digital, del camino a la industria 4.0, de knowmads, y de una auténtica revolución en todos los ámbitos de la sociedad, merece la pena levantar la mirada y preguntarse ¿Dónde están quienes iniciaron esta revolución? ¿Qué sienten los que hoy llamamos líderes digitales? ¿Qué podemos aprender de su experiencia para transmitírselo a nuestros hijos?

Hace un par de semanas tuve la suerte de compartir una mañana muy interesante con profesionales de diversos ámbitos para reflexionar sobre el modelo de liderazgo digital al que nos dirigimos. Allí se habló de tecnología, de intraemprendimiento, de visión, de comunicación, de capacidad de aprender a aprender, de influencia……pero también se habló de vértigo.

En un punto del gran puente que supone la transformación digital los líderes sienten vértigo.

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 Saben que no hay vuelta a atrás, que no pueden darle la espalda a un mundo hiperconectado en el que hasta las citas del médico de cabecera hay que solicitarlas on-line. Pero sienten presión, miedos, inseguridades y vértigo. Presión por la inmediatez que el mundo digital exige, presión por ser malabaristas de los distintos stakeholders de sus compañías, presión por la fina línea que existe entre la vida privada y la pública, miedo a no poder seguir el ritmo, a no poder innovar más………y un profundo vértigo.

Los líderes digitales sienten vértigo. Y nuestros hijos, como líderes digitales que un día serán, también lo sentirán; y además lo harán mucho antes que nosotros, porque ellos, no nos olvidemos, llevan ya ADN digital, y a ellos todo les va a llegar antes.

Después de las miles de fotos colgadas en instragram, los millones de tweets que habrá suyos en la red, los cientos de veces que hayan sido etiquetados en Facebook,  las relaciones que hayan hecho virtualmente y también las que hayan deshecho, se encontrarán a mitad del puente y sentirán vértigo.

¿Qué es lo que hará que llegado el momento del vértigo digital nuestros hijos caminen hacia adelante con paso firme? Un profundo autoconocimiento, una sana autoestima y una mirada alta que les haga encontrar su para qué y ponerlo al servicio de la sociedad.

 ¿Podemos ayudarles nosotros, aquí y ahora, para afrontar ese momento? ¡Claro que sí!

Podemos ayudarles a conocer dónde radica la esencia de su talento. Llegado el vértigo, lo que les impulse será saber muy bien quiénes son y cuáles son sus fortalezas, aquello que ellos y sólo ellos son. Será fundamental que sean capaces de mirar adentro, se concentren en ser ellos mismos más que nunca, y que no intenten imitar el talento de los demás. En momentos de crisis el éxito siempre viene de dentro.

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Si nosotros, aquí y ahora, les ayudamos a conocer cuáles son esas fortalezas y a potenciarlas, les estaremos ayudando doblemente. Por una parte, les estaremos ahorrando tiempo de autoconocimiento para cuando, en mitad del puente digital, necesiten tomar decisiones muy rápidas. Y, sobretodo, les estaremos ayudando a construir una base de autoestima sana, que les haga mirar a los demás de frente, ni por encima ni por debajo, sino de frente.

La autoestima se construye en la niñez, con afecto y reconocimiento. Si nosotros, aquí y ahora, trabajamos para reconocerles y poner en valor sus fortalezas (y no les hacemos creer que son especiales por todo lo que hacen o que todo lo hacen bien) contribuiremos a que nuestros hijos dejen de ser la generación del “me, me, me” o del “selfie” para convertirse en personas que saben que no pueden ser todo lo que quieren en la vida (no son hipermegaguays), pero que tienen un conjunto de fortalezas únicas que, con trabajo y esfuerzo, les sacarán de los precipicios.

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Y si, además, les enseñamos a preguntarse el para qué de las cosas –¿Para qué voy a colgar esto en Linkedin o en FB? ¿Puedo ayudar a alguien?- les estaremos entrenando para que algún día encuentren su para qué en la vida. Cuando encuentren ese para qué y lo orienten al servicio de los demás habrán encontrado la clave no ya para no caerse del puente, sino para mirar y avanzar hacia adelante.

La clave para sobrevivir y ser feliz en esta era digital es ser capaces de manejar tres focos: un foco interior, un foco hacia los demás y un foco hacia la sociedad. Y nosotros, aquí y ahora, les podemos ayudar a empezar a manejarlos.

Feliz día¡

 

Enseñar a los niños a ser su mejor yo


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“Se lo mejor de ti mismo en cada momento”. Si tuviéramos que escoger una única etiqueta que colgar de la maleta de nuestros hijos seguro que sería esta.

Les subrayaríamos bien fuerte aquello de “tú mismo”, para que recuerden siempre ser su mejor yo, y no el mejor yo de su amigo, su hermano, su compañero o su vecino. Con sus fortalezas y sus limitaciones, pero siempre dirigiendo su mirada hacia ellos mismos.

Y les pintaríamos de un color llamativo lo de “en cada momento”, porque los años nos enseñan que en cada momento de la vida podemos dar más o menos según las circunstancias, y que preocuparse por aquello que está fuera de nuestro ámbito de control solo resta energías y crea frustraciones.

etiquetas7Sin embargo, muchas veces tenemos las expectativas sobre nuestros hijos tan altas que les colgamos cientos de etiquetas en su maleta: “eres desordenado”, “eres listo”, “eres estudioso”, “eres tímido”, “eres contestón”, “eres serio”, “eres responsable”, “eres fuerte”, “eres trabajador….”.

Algunas de esas etiquetas les acabarán limitando en su vida, les impedirán comportarse de otra manera distinta a la que la etiqueta les dice que son simplemente porque de llevar la pegatina tanto tiempo puesta se lo han acabado creyendo. ¿No os colgaron a vosotros de pequeños una de estas etiquetas que os recuerdan hoy todavía que sois vaguillos, mandones, desordenados, cabezotas o egoístas? ¿No os resulta dificilísimo comportaros de manera diferente a lo que la etiqueta dice cuando estáis en el ámbito en el que os colocaron la etiqueta?

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Otras de esas etiquetas, las positivas, les potenciarán y les harán confiar en sí mismos para embarcarse en nuevas aventuras. Pero con el tiempo, si tienen la sensación de que sólo les valoramos cuando utilizan esa etiqueta, correrán el peligro de convertirse en una pesada cadena que les impida dejar de ser tan “estudiosos”, “perfeccionistas”, “responsables”, “fuertes” o “trabajadores” sin sentirse realmente mal por ello.

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Si queremos que nuestros hijos lleven una única etiqueta en la maleta que diga “se tu mejor yo en cada momento” tenemos que enseñarles a quitarse de encima todas aquellas pegatinas que la gente les coloque y que les hagan pensar que no pueden alcanzar sus sueños. Porque lo cierto es que si creen que pueden alcanzar un sueño lo alcanzarán y si creen que no pueden alcanzarlo no lo alcanzarán.

Y también tenemos que enseñarles que las etiquetas potenciadoras, las que resaltan sus virtudes, tienen que ser como una chaqueta que decides cuando ponerte o quitarte; en el momento en el que sientan que están asfixiados y que esas etiquetas se han convertido en una pesada cadena tienen que saber sentirse libres para quitarse la chaqueta o cambiar a otra más ligera. Contarán con nuestro amor incondicional cuando decidan hacerlo.

Nos encanta cómo Benjamin Zander, director de la Filarmónica de Boston y un auténtico maestro de la motivación traslada este mensaje a todos sus alumnos el primer día de clase. En ese primer día les pone a todos un sobresaliente y les anima a que escriban una redacción en la que cuenten en qué tienen que trabajar para convertirse en esa versión sobresaliente de si mismos. Luego les pide a todos que visionen ese YO sobresaliente, que se enamoren de él, que lo sientan y que se lancen a conseguirlo. Be your best yourself es la primera lección de sus clases de música y probablemente la más importante de toda la carrera de quienes tienen la suerte de tener a Zander como maestro.

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¿Qué nos va a impedir a partir de ahora poner un sobresaliente a cada uno de nuestros hijos y trabajar con ellos para que consigan esa versión sobresaliente de ellos mismos?

¡Feliz fin de semana a todos!

Madres, 40, Sueños


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Queremos que el post de hoy sea nuestro regalo para todas aquellas madres que os pasáis por aquí. Una pequeña reflexión que os haga ser conscientes de todo lo que sois y os motive a perseguir vuestro sueño por muy larga que tenga que ser la fecha de caducidad.

Leíamos hace unos días en una web sobre parenting británica, Mumsnet, que la edad de los 40 es una edad complicada para una mujer. Es la edad a la que la mayoría de las mujeres con hijos o cargas familiares renuncian definitivamente a su sueño. Es lo que se llama el castigo de la maternidad: mujeres agotadas que se sienten culpables por no ser suficientemente buenas en su trabajo, que tienen que cuidar a sus hijos y vislumbran ya que pronto tendrán que comenzar a cuidar a sus padres. Mujeres que poco a poco, a base de renuncias, van limando su autoestima profesional hasta decir basta y renunciar definitivamente a sus sueños, con el temor constante a no hacer bien las cosas en ninguna faceta de sus vidas.

A todas esas mujeres les queremos decir hoy que echen la vista atrás y hagan un ejercicio de reflexión. ¿Acaso la maternidad no les ha convertido en mejores profesionales? Sí, somos mejores profesionales desde que somos madres, aunque muchas de nosotras no seamos conscientes de ello. Y lo somos porque a la formación que hizo que nos contrataran y a la experiencia que hemos ido acumulando con los años le añadimos la inteligencia emocional que cada día vamos ganando gracias a nuestros hijos.

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Desde que soy madre salgo pitando de las reuniones del trabajo, eso que llaman networking ha desaparecido de mi vocabulario, tengo la sensación de que dejo las cosas a medias, que estoy constantemente haciendo malabarismos y que no doy suficiente en ningún sitio. Sin embargo, si lo pienso bien, sé que desde que soy madre me he convertido en una persona mucho más compasiva, menos autoritaria y más flexible; me preocupo cada día por tener más empatía, por ser más generosa, por hablar mejor, por saber enfadarme mejor, por escuchar mejor; por no buscar la excelencia con exigencia sino con motivación, por celebrar cada éxito y transmitir ilusión. Y lo hago mejor cada día, porque mi motivación es más fuerte que ninguna: mi motivación son mis hijos, y el ejemplo que sé que soy para ellos. Cada tarde intento enseñar a mis hijos a que expresen con asertividad aquello que no les guste, a que le hagan frente al miedo con recursos, a que antepongan siempre la generosidad a cualquier valor, a que sean perseverantes, busquen  su excelencia personal y la de su equipo en la motivación y a que sean optimistas y compasivos.

¿Y no es justo esto lo que se le pide a un líder? ¿Acaso no nos estamos convirtiendo estos años en grandes líderes? Las empresas destinan cada día más recursos a fomentar la inteligencia emocional de sus empleados y nosotras no nos damos cuenta de que aquí llevamos mucho trabajo hecho. Porque cada día desde que nacieron nuestros hijos practicamos habilidades emocionales y lo hacemos con una motivación mucho mayor que cualquier curso o workshop en nuestra empresa. Nuestra motivación por el cambio es la mayor que puede existir, es el querer ser ejemplo para nuestros hijos.

Desde aquí les queremos decir a todas esas madres que ven cada día como su autoestima profesional se va haciendo chiquitita que no renuncien a sus sueños sólo porque ahora mismo no los puedan realizar. ¿Quién dijo que nuestros sueños tienen que tener la misma caducidad que una bolsa de guisantes congelados?

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Seamos valientes para soñar con lo que de verdad queremos y aprovechemos esta etapa de la vida para trabajar poco a poco en nuestro sueño. No renunciemos a saltar por el trampolín solo porque ahora no podemos y aprovechemos estos años para prepararnos y entrenar.  Si no perdemos un ápice de confianza en nosotras mismas, el día de mañana, cuando decidamos saltar, lo haremos perfectamente preparadas y con una inteligencia emocional a nuestras espaldas que hará que los demás se alegren del salto.

¿Planes a 3, 5 ó 10 años vista? ¿Y por qué no? Sólo nosotras sabemos que eso no importa ¿Verdad?, porque cada día ejercitamos un músculo que se llama paciencia. Esa misma paciencia que todas las tardes ponemos en práctica con nuestros hijos será la que nos ayude a alcanzar nuestros sueños, aunque tengamos que esperar.

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Hoy nos gustaría deciros no renunciéis a saltar por el trampolín que os guste, porque aunque no lo sepáis cada día estáis más preparadas para ello. Soñad con lo que queréis, creed en vosotras mismas y trazad vuestra ruta de vuelo hacia ello, despacio, con paciencia y confianza, como solo las madres sabemos. Y si en algo creéis que debéis mejorar aprovechad ese tiempo para buscar los recursos necesarios que os hagan perder el miedo el día de mañana a tiraros por ese trampolín. Cuando dudéis u os hagan sentir que sois peores profesionales acordaros del cambio que seguro habéis experimentado desde que empezasteis a trabajar hasta ahora, y lo grandes que os estáis convirtiendo gracias a la inteligencia emocional que cada día intentáis practicar. Porque eso, vale mucho.

Esperamos que hoy os miréis al espejo, os dediquéis un momento a vosotras mismas y os deis cuenta de que cada día sois más y mejor. Sois mujeres, madres y tenéis sueños.

¡Sed felices!

 


FamiliaS AuténticaS


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¿Te has cruzado alguna vez con una persona con la que te sientes tan a gusto que te resulta fácil ser TÚ? Una persona con la que te sientes cómodo hablando tal y como hablas tú, pensando como piensas tú, comportándote y sintiendo como te comportas y sientes tú. Ese tipo de personas que nos hacen tan fácil ser como verdaderamente somos son personas auténticas; personas que se conocen, se quieren tal como son, se esfuerzan por ser mejores y tienen claro su para qué en la vida.

¿Y familias? ¿Te has encontrado alguna vez con una familia auténtica, una familia que ha encontrado su lugar en el mundo? No es tan fácil, ¿verdad? Y no lo es porque para encontrar nuestro lugar en el mundo tenemos que ser los protagonistas de la película de nuestra vida, y eso exige conocerse muy bien, quererse mucho y, lo que es más importante, ajustar nuestras expectativas a lo que sabemos que somos, a lo que nuestra familia, y solo la nuestra, es.

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Me explico. ¿Qué veis en las fotos de hoy? ¿Veis una cocina llenita de moscas, un niño que se equivoca y escoge un huevo podrido del corral que accidentalmente cae a la moqueta del salón y lo impregna de un horroroso olor durante 3 días? ¿Veis una niña que se niega rotundamente a hacer turismo en no sé qué pueblo porque los conejos y los perros son su vida? Pues eso también está en las fotos. Esas bucólicas fotografías de una familia en una granja de Dinamarca del siglo XVIII también tienen moscas, olores y pataletas, como cualquier fotografía de un día de vacaciones de una familia con niños pequeños. Si no lo tuvieran sería irreal, pura publicidad.

El problema es que con las redes sociales estamos acostumbrando a nuestra retina a ver momentos muy puntuales de distintas familias que en momentos especiales quieren decirle al mundo que han sido felices, que han disfrutado de un plan divertidísimo, que están muy orgullosos de la manualidad que han hecho o de lo guapos que están los niños ese día. Y nuestra retina recibe tantas fotos de niños peinadísimos, guapísimos, de manualidades súper creativas y de planes mega guay que no distingue que eso no es una familia sino la suma de fotos de muchas familias en momentos muy puntuales de su vida familiar.

¿Qué estamos consiguiendo con eso? Volver loco a nuestro sistema de expectativas familiares, que tenía claro que no podía tener lo que aparece en los anuncios o en las fotos de los famosos pero que ahora ya no tiene tan claro que no haya que tener lo que otras familias tan normales como la nuestra tienen. Cada vez estamos alejando más nuestras expectativas familiares de lo que es asumible en nuestra familia y, así, nos estamos alejando cada vez más de nuestro para qué.

Si queremos ser auténticos tenemos que ser los protagonistas de nuestras propias vidas, escribir el guión de la película que queremos para nuestra familia e interpretarlo.

¿Tú también te has liado al escribir el guión de tu próximo capítulo? No pasa nada, sólo nosotros podemos escribir el siguiente capítulo, y el siguiente, y el siguiente del siguiente. Parece algo obvio pero, sin embargo, es algo de lo que muchas veces nos olvidamos. Te propongo un ejercicio muy fácil. Siéntate solo en el sofá de tu casa, con el mando de la televisión al lado. Ahora imagina que se proyecta delante de ti la historia de TÚ familia. Los protagonistas sois tu, tus hijos y tu pareja. ¿Qué ves? ¿Qué están haciendo tus hijos? ¿Y tu marido, mujer o pareja? ¿Y tú? ¿Cómo es cada uno de los miembros de tu familia? ¿En qué son especiales? ¿Qué ves que quieras cambiar?

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Apostemos por conocer a nuestra familia: ¿Cómo son nuestros hijos? ¿En qué son especiales? ¿Qué queremos cambiar? ¿Y nosotros? ¿Cómo somos? ¿Cuáles son nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora? Para escribir un guión en el que los protagonistas brillen tenemos que conocer cuáles son sus fortalezas y si queremos que cada vez brillen más tenemos que ser valientes, reconocer los defectillos de cada personaje y prepararnos para el cambio.

Apostemos por querernos. ¿Borrarías de la película unas vacaciones familiares sólo porque hay moscas en la cocina? ¿Y entonces por qué vamos a renunciar a disfrutar de nuestra película sólo porque haya cosas en la trama o en los personajes que no nos gusten? Queramos a nuestra familia tal y como es, y enseñemos a los más pequeñines a quererse mucho tal y como son y a no tener miedo a cambiar aquello que no les gusta.

Apostemos por expectativas realistas. Ajustemos las expectativas de nuestra familia a eso, a nuestra familia, a lo que hemos descubierto que somos. Pongámonos expectativas coherentes con nuestro estilo de vida, nuestros horarios, nuestras fortalezas, nuestras áreas de mejora, nuestros gustos y preguntémonos siempre PARA QUÉ.

Para ser una familia auténtica, para estar a gusto al 100% con nosotros, tenemos que ser los directores y protagonistas de nuestra propia película. Conocernos, amar lo que conocemos, tener valentía para mejorar y apostar por aquello que nos ayude a conseguir nuestro para qué.

¡Feliz ý auténtico fin de semana a todos!