Cómo preparar a nuestros hijos para el vértigo digital


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En estos días en los que la tendencia de todas nuestras empresas es la transformación digital, en los que se habla de digital ninjas, de evangelización digital, del camino a la industria 4.0, de knowmads, y de una auténtica revolución en todos los ámbitos de la sociedad, merece la pena levantar la mirada y preguntarse ¿Dónde están quienes iniciaron esta revolución? ¿Qué sienten los que hoy llamamos líderes digitales? ¿Qué podemos aprender de su experiencia para transmitírselo a nuestros hijos?

Hace un par de semanas tuve la suerte de compartir una mañana muy interesante con profesionales de diversos ámbitos para reflexionar sobre el modelo de liderazgo digital al que nos dirigimos. Allí se habló de tecnología, de intraemprendimiento, de visión, de comunicación, de capacidad de aprender a aprender, de influencia……pero también se habló de vértigo.

En un punto del gran puente que supone la transformación digital los líderes sienten vértigo.

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 Saben que no hay vuelta a atrás, que no pueden darle la espalda a un mundo hiperconectado en el que hasta las citas del médico de cabecera hay que solicitarlas on-line. Pero sienten presión, miedos, inseguridades y vértigo. Presión por la inmediatez que el mundo digital exige, presión por ser malabaristas de los distintos stakeholders de sus compañías, presión por la fina línea que existe entre la vida privada y la pública, miedo a no poder seguir el ritmo, a no poder innovar más………y un profundo vértigo.

Los líderes digitales sienten vértigo. Y nuestros hijos, como líderes digitales que un día serán, también lo sentirán; y además lo harán mucho antes que nosotros, porque ellos, no nos olvidemos, llevan ya ADN digital, y a ellos todo les va a llegar antes.

Después de las miles de fotos colgadas en instragram, los millones de tweets que habrá suyos en la red, los cientos de veces que hayan sido etiquetados en Facebook,  las relaciones que hayan hecho virtualmente y también las que hayan deshecho, se encontrarán a mitad del puente y sentirán vértigo.

¿Qué es lo que hará que llegado el momento del vértigo digital nuestros hijos caminen hacia adelante con paso firme? Un profundo autoconocimiento, una sana autoestima y una mirada alta que les haga encontrar su para qué y ponerlo al servicio de la sociedad.

 ¿Podemos ayudarles nosotros, aquí y ahora, para afrontar ese momento? ¡Claro que sí!

Podemos ayudarles a conocer dónde radica la esencia de su talento. Llegado el vértigo, lo que les impulse será saber muy bien quiénes son y cuáles son sus fortalezas, aquello que ellos y sólo ellos son. Será fundamental que sean capaces de mirar adentro, se concentren en ser ellos mismos más que nunca, y que no intenten imitar el talento de los demás. En momentos de crisis el éxito siempre viene de dentro.

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Si nosotros, aquí y ahora, les ayudamos a conocer cuáles son esas fortalezas y a potenciarlas, les estaremos ayudando doblemente. Por una parte, les estaremos ahorrando tiempo de autoconocimiento para cuando, en mitad del puente digital, necesiten tomar decisiones muy rápidas. Y, sobretodo, les estaremos ayudando a construir una base de autoestima sana, que les haga mirar a los demás de frente, ni por encima ni por debajo, sino de frente.

La autoestima se construye en la niñez, con afecto y reconocimiento. Si nosotros, aquí y ahora, trabajamos para reconocerles y poner en valor sus fortalezas (y no les hacemos creer que son especiales por todo lo que hacen o que todo lo hacen bien) contribuiremos a que nuestros hijos dejen de ser la generación del “me, me, me” o del “selfie” para convertirse en personas que saben que no pueden ser todo lo que quieren en la vida (no son hipermegaguays), pero que tienen un conjunto de fortalezas únicas que, con trabajo y esfuerzo, les sacarán de los precipicios.

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Y si, además, les enseñamos a preguntarse el para qué de las cosas –¿Para qué voy a colgar esto en Linkedin o en FB? ¿Puedo ayudar a alguien?- les estaremos entrenando para que algún día encuentren su para qué en la vida. Cuando encuentren ese para qué y lo orienten al servicio de los demás habrán encontrado la clave no ya para no caerse del puente, sino para mirar y avanzar hacia adelante.

La clave para sobrevivir y ser feliz en esta era digital es ser capaces de manejar tres focos: un foco interior, un foco hacia los demás y un foco hacia la sociedad. Y nosotros, aquí y ahora, les podemos ayudar a empezar a manejarlos.

Feliz día¡

 

CAP, la palabra que este año te impulsará


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CAP es una manera de entender la vida. Un recurso que os ayudará a impulsar vuestro talento cada día, a ver el futuro con ilusión, de manera comprometida, y a mirar hacia el pasado con tranquilidad.

Iniciábamos el pasado año con un post titulado Make Great Together con el que nos proponíamos respetar, admirar y aprender de otras mujeres. Buscábamos hacer de la singularidad de cada una de nosotras, de nuestras diferentes maneras de ser y de vivir la maternidad, algo que compartir, valorar y aprovechar para enriquecernos como mujeres.

Nuestro propósito nos ha llevado a darnos cuenta de que cada una de vosotras tiene algo que os hace únicas. Algo que os distingue de todas las demás y os convierte en mujeres singulares. Algo que os ha acompañado desde que erais niñas y a lo que generalmente dais muy poca importancia porque siempre lo habéis visto como algo natural: vuestras fortalezas.

Este año nos hemos cruzado con mujeres que son el pegamento de todos los grupos y que, sin embargo, no dan importancia la tremenda capacidad de motivación que tienen; mujeres a las que siempre quieres contar tus problemas que no se dan cuenta de que su confiabilidad y su sentido común son menos comunes de lo que ellas creen; mujeres que siempre están ahí para ayudarte y que creen que su generosidad no es nada especial; mujeres perfeccionistas y estudiosas que no creen extraordinario querer aprender siempre más y más; mujeres que te arrancan siempre una sonrisa que creen que su humor y su genialidad no es una fortaleza suficientemente importante.

A todas esas mujeres, a vosotras, nos gustaría pediros que iniciéis el año enamorándoos locamente de lo que sois. Nos gustaría que amanecieseis una mañana pensando qué os hace ser vosotras mismas, qué fortalezas os han llevado a disfrutar de momentos de éxito en la vida y que os han ayudado a levantaros cuando habéis flaqueado. Os pedimos que os olvidéis del estándar de liderazgo ideal y de esos otros talentos que admiráis en otras mujeres y que, por un momento, os fijéis sólo en el vuestro; en lo que vosotras y solo vosotras sois.

Vuestro mayor activo en la vida sois vosotras mismas y la mejor inversión que podéis hacer este año es homenajear cada día aquello que sois e impulsar vuestro talento hasta convertirlo en una auténtica fortaleza.

Y para ello, nos gustaría compartir con vosotras una palabra que cuando la interiorizas y la haces formar parte de tu vida se convierte en un potente impulsor del talento. Esa palabra es CAP. Tres letras que tienen un significado diferente según se apliquen para mirar hacia el pasado o hacia el futuro.

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Hacia el pasado CAP significa Comprensión, Aceptación y Perdón.

Hacia el futuro CAP significa Compromiso, Atención y Proactividad.

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Nos gustaría que mañana amanecieseis con el compromiso de hacer algo que se os de bien y en la manera en la que se os de bien. Y que cada mañana este año renovéis ese compromiso y os propongáis trabajar con alegría esas fortalezas en distintos ámbitos de la vida o del trabajo. ¿A dónde os puede llevar la generosidad en una reunión de trabajo? ¿Y vuestra confiabilidad en el grupo de las madres del colegio de vuestros hijos?

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Y nos gustaría que cada vez que os equivoquéis o las cosas no salgan como esperáis volváis a repetir esta misma palabra, CAP, esta vez como gafas para mirar hacia atrás con comprensión, aceptación y perdón.

Porque probablemente el mayor lastre con el que os vais a encontrar para desarrollar vuestro potencial es ese pepito grillo que se os coloca en la oreja cada vez que os equivocáis y os recuerda duramente que no habéis sido suficientemente buenas o no os habéis esforzado lo suficiente.

Cuando os pase, probad a decidle a ese viejo amigo que os hable desde la comprensión, la aceptación y el perdón. No se trata de estar de acuerdo con lo que hemos hecho, simplemente de darnos permiso para cometer errores y aprender de ellos.

Y si os resulta muy difícil poneros estas gafas para ver vuestro pasado probad primero a comprender, aceptar y perdonar aquello que no os guste que hagan vuestros hijos, vuestros compañeros o amigos ¿No cambia todo?

Esperamos de corazón que este año sea vuestro año, y que CAP sea un recurso que os ayude a desplegar todo el talentazo que cada una de vosotras tenéis dentro.

Sed felices¡

PD: Las fotos son de dos colecciones de libros maravillosas que rescatan en formato cuento la vida de grandes mujeres como Marie Curie, Frida Kahlo, Audrey Hepburn, Coco Chanel o Amelia Earjart. Mujeres que compartían algo en común: sabían cuál era su talento, se enamoraron de ese talento y decidieron vivirlo intensamente (Colección MIRANDA, de Edelvives -de donde son las fotos de Frida Kalho, un libro increíble a partir de los 7 años, y PEQUEÑA & GRANDE, de ALBA-de donde son las fotos de Marie Curie, un cuento que tiene completamente fascinada a la pequeña de la casa).

Como dar un giro a una tarde horrorosa


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¿No hay tardes en las que parece que en vuestra casa se ha posado una nube de mal humor y todo el mundo acaba enfadado con todo el mundo?

Tal vez hayas sido tú la que has tenido un día durísimo y estás cansada; tal vez haya sido tu hijo mayor el que está enfadado por cómo le han salido las cosas en el cole; o el pequeño porque tiene hambre o sueño. Sea como fuere, hay tardes en las que alguien acaba dando un chillido monumental o soltando alguna frase de la que se arrepiente al segundo de acabar.

Cuando alguien entra en casa estresado, enfadado, frustrado, cansado o de mal humor es muy fácil que ese estado de ánimo se contagie a los demás; y lo es porque tenemos unas neuronas, llamadas neuronas espejo, que literalmente imitan lo que perciben generando sensaciones compartidas en un mismo espacio. Es como si estuviésemos conectados con los demás a través de una wifi neuronal y sus emociones fuesen calando en nuestro sistema cuando nuestros bluetooth están activados, de tal manera que un día complicado en el trabajo tiene todas las papeletas de convertirse en una tarde difícil en casa.

En estas tardes los abrazos pueden convertirse en tu mayor aliado porque tienen la capacidad de resetear las wifis neuronales y fuerzan a que las neuronas espejo tengan otro estado de ánimo que imitar.

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 Prueba a cambiar el rumbo de la tarde cambiando su foco de atención con una simple guirnalda o un pompón colgado en el techo de una de las zonas de la casa más transitada. Anúnciales una única regla: hay que dar un abrazo fuerte a quien te cruces debajo del pompón o la guirnalda. Hazte la encontradiza con ellos debajo del pompón y repárteles un par de abrazos. Te sorprenderán las ganas con las que ellos entran al juego y lo rápido que se pueden resetear las wifis neuronales en la casa y dar un giro al estado de ánimo comunitario.

¿Y si ya es tarde y hemos perdido la paciencia?

Si el nivel de catecolaminas en la casa ya ha disparado el grito de alguien contra alguien el abrazo “estrujón” (nombre con el que mi hijo llama a este abrazo especial) os ayudará a relajaros profundamente y a liberar esas catecolaminas que han hecho que perdáis la paciencia.

El abrazo estrujón es un abrazo que descubrimos hace unos meses por casualidad. Un día en que el mediano de mis hijos estaba muy triste le dije qué por qué no nos dábamos un abrazo fuerte, muy fuerte y luego probábamos dejar nuestros brazos blanditos y a respirar profundo. La sensación al acabar fue tan relajante y placentera que los dos quisimos repetirlo y el abrazo estrujón se convirtió entonces en un must de las tardes complicadas. Poco después, al leer el libro Técnicas de relajación diaria , de Mac Kay, My Fanning, P, descubrimos que en realidad nuestro abrazo estaba aplicando la filosofía de “el método de relajación muscular progresiva” de Jacobson, que es el core en el que se basan casi todos los programas de relajación: Contraer y después relajar músculos de todo el cuerpo.

Después de leer más sobre este método hemos incorporado a nuestro abrazo estrujón algunos detalles más de esta técnica de relajación progresiva y la verdad es que ahora os podemos decir que se ha convertido en uno de los grandes descubrimientos del año; un método que te ayuda a contraer y relajar grandes músculos del cuerpo y te permite alcanzar una relajación profunda al tiempo que refuerza los lazos emocionales con tu hijo (con el que precisamente te habías enfadado unos segundos antes).

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¿Cómo se practica el abrazo estrujón?

Inhala profundamente y lleva aire al abdomen. Dile a tu hijo que respire lo más profundo que pueda y que lleve el airea su barriguita. Aguantad la respiración hasta contar siete. Soltad el aire dejando que suene al tiempo que sale por vuestra boca (para que el niño controle qué es la exhalación) y empezad a relajaros.

Repetid la respiración mientras os dais un abrazo lo más fuerte que podáis, fuerte, bien fuerte, mientras mantenéis vuestros puños, antebrazos, bíceps y músculos pectorales tensionados. Mantened el abrazo, así bien tensionados, durante siete segundos y después relajad vuestros puños, brazos, pectorales, etc mientras soltáis el aire ruidosamente. En este punto ya habréis notado como todo vuestro cuerpo se va relajando.

Ahora volved a abrazaros mientras tensionáis la frente y ponéis el ceño más arrugado de enfado que os imaginéis (la idea es tensionar los ojos, la frente, la boca, y arrugar la cara lo más que podáis). Aguantad hasta contar siete y volved a exhalar el aire sintiendo como sale ruidosamente de vuestra boca mientras todo vuestro cuerpo vuelve a relajarse.

Por último, repetid el abrazo bien fuerte mientras tensionáis las piernas, los dedos de los pies y apretáis bien fuerte las nalgas. Mantened la respiración y después aflojad mientras exhaláis  y sentís como vuestro enfado se ha disipado y vuestro cuerpo está relajado.

¡La sensación es única! Completamente liberadora y muy, muy agradable.

El abrazo estrujón es un sencillo ejercicio que os permitirá relajaros junto con vuestros hijos en esos momentos en los que os gustaría desaparecer de casa para ir a una sesión de bikram yoga y en los que en casa lo más urgente bajar el nivel de catecolaminas, esas hormonas que flotaban contagiando el mal humor, y ver las cosas se ven desde otra perspectiva.

Esperamos que lo disfrutéis mucho.

Feliz día¡

El mejor regalo que te puedes hacer


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Pepitaliving nos ha enseñando a lo largo de estos años que una de las mayores fuentes de motivación para el cambio es la maternidad. Sois, somos, muchísimas las que cada día buscamos aprender algo nuevo para poder compartirlo con nuestros hijos: cómo fomentar su talento, cómo desarrollar la empatía, cómo mejorar la escucha activa, incrementar la resiliencia, …..y lo cierto es que cada vez nos vamos transformando en más y mejor gracias a ellos.

Sin embargo, hay veces que enfocamos tanto hacia nuestros hijos que nos olvidamos de enfocar hacia nosotras mismas. Por eso hoy os proponemos que cambiéis de orientación el foco y os hagáis un regalo a vosotras mismas con un ejercicio que os va a resultar tremendamente liberador: conoceros a vosotras mismas.

Conocer nuestro interior, lo que cada día guía nuestros pasos y determina nuestros actos, es la llave que abre la puerta a cualquier cambio; y lo es porque para nos da una perspectiva mucho más amplia de las posibilidades de transformación que tenemos y del equipaje que necesitamos para ese viaje.

Auto-conocerse es algo mucho menos místico y más fácil de lo que imaginas. Realmente sólo necesitas plantearte 4 preguntas y ser sincera contigo misma. El resultado será seguro el mejor regalo que puedas hacerte en la vida.

Las 4 preguntas son:

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Piensa en un día normal como hoy, ¿Qué has hecho al levantarte? ¿Qué les has dicho a tus hijos y a tu marido por la mañana? ¿Qué has hecho al llegar a la oficina? ¿Te has reunido con algún cliente? ¿Qué le has dicho? ¿Qué harás si tus hijos vierten esta noche un vaso de agua en la mesa o te cuentan que han suspendido el examen de mates?

¿Cómo ves la vida? ¿Qué te hace hacer lo que haces?

Una de las cosas que yo solía hacer cuando veía a mis hijos tumbados en el sofá y sabía que tenían cosas pendientes por hacer, como recoger las mochilas o preparar algo para el día siguiente, era enfadarme y generar enfado a mi alrededor. Era como si al ver las cosas tiradas en el suelo y a ellos tumbados una chispa saltase dentro de mí y activase de un soplo mi enfado. El día que comprendí que detrás de esa chispa estaba una de mis mayores virtudes o aptitudes, la proactividad, lo entendí todo. 

A lo largo del día haces y haces cosas. Son tus comportamientos, tu cara más visible que hace que los demás, tu pareja, tus hijos, tus compañeros, clientes, jefes y amigos, se forjen una idea de ti. Es como si cada día escribieses un capítulo nuevo de esa gran película que es tu vida.

Pero esos comportamientos son sólo la punta de tu iceberg personal. La más visible, sí, pero sólo una pequeña parte de ti misma.  ¿Qué hay debajo de esa punta del iceberg? ¿Qué hace que escribas ese guión de la peli y no otro?¿Qué es lo que soporta tus conductas?

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Todo lo que hacemos en el día se apoya en la idea que tenemos sobre nuestras capacidades y habilidades. Somos lo que creemos que somos y escribimos el guión de cada mini serie del día según las capacidades y habilidades que creemos que el protagonista de la peli, o sea nosotros, tiene.

Si nos creemos inteligentes tendremos una actitud distinta ante la vida que si nos creemos torpes. Si pensamos que somos tenaces y valientes actuaremos de un modo distinto a si creemos que no lo somos. Si estamos convencidos de que somos tímidos nuestra intervención en una reunión de trabajo o en una charla de amigos será distinta a la que tendríamos si creemos que no lo somos.

La vida de nuestros hijos también será diferente según lo que crean que son. Sus actos en el patio del colegio, y en el futuro, serán distintos según crean que son inteligentes, valientes, tímidos, divertidos o aburridos.

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¿Y sobre qué se apoyan esas capacidades y habilidades?

Sobre opiniones tan arraigadas en nosotros desde niños que se han convertido en creencias. Las opiniones que escuchaste repetir una y otra vez desde pequeña sobre ti o sobre las cosas que te rodeaban fueron conformando las creencias de lo que eras, y con ello tus propias capacidades. Puede que fueses avanzada en el aprendizaje, pero solo creerás que eres inteligente si te lo dijeron más de una vez; puede que te costara relacionarte con los demás en párvulos, pero solo creerás que eres tímida si te lo dijeron más de una vez; puede que algún día fueses generosa pero sólo creerás que es una de tus mayores virtudes si te lo dijeron una y otra vez; y puede también que actuases así o asá en el cole, pero sólo serás eso ahora si lo oíste tanto que en su día te lo creíste.

Aquí es donde puede que empieces a ver ya el maravilloso regalo que es conocerte. Ser consciente de las creencias que rigen tu vida es tan mágico como darse cuenta de que tus gafas llevan unos cristales puestos que te hacen ver la realidad de una manera distinta a la de los demás. Y darse cuenta de eso te da un poder enorme para cambiar el rumbo hacia donde tú quieras ir.

Una de mis mayores virtudes, como os decía, es la proactividad. Desde pequeña he oído decir a la gente de mi entorno con entusiasmo que era una persona muy activa. Y eso ha conformado una creencia en mí que puede ser algo así como “la proactividad es la clave para el éxito/ la gente vaga no prospera en la vida”. Por eso cuando veo a mis hijos descansar en el sofá cuando hay datos objetivos a mi alrededor que me dicen que hay cosas pendientes de hacer una luz se enciende en mi interior y activa mi enfado. Otra persona probablemente, sin esa creencia, se acercaría a sus hijos y les diría ¿Todo bien? ¿Habéis venido cansados del cole? ¿Os encontráis bien? Porque, dicho sea de paso, puede que alguno de ellos esté malito, ¿no?

La cuestión no es que la proactividad sea buena o mala. La cuestión es que esa aptitud que me impulsa cada día también puede convertirse en mi peor enemiga cuando actúa como pantalla en mis gafas y me impide darme cuenta de que los demás necesitan o quieren descansar o que yo misma incluso necesito descansar aunque haya cosas pendientes de hacer. Y esa es la clave de mi cambio, conocerme para saber cuál es la creencia base que en ese momento está guiando mi comportamiento.

¿Y la tuya? ¿Alguno de tus mayores impulsores como el perfeccionismo, la tenacidad, la generosidad o el esfuerzo se convierte a veces en tu peor enemigo y no te deja hacer las cosas menos perfectas, relajarte y no tirar siempre del carro, ser algo más egoista y preocuparte de ti misma o dejarte ayudar? ¿Cuáles son tus creencias?

Cuando hayas descubierto las creencias que soportan tu vida escríbelas, léelas de nuevo y hazte una última pregunta como regalo para ser feliz

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Cuando  encuentres tu para qué en la vida descubrirás un ancla que te sujeta firmemente cada vez que hay tormentas a tu alrededor, que te permitirá cambiar hacia donde tú quieras mientras continuas bien sujeta a lo que para ti es tu guía de vida.

PD: En nuestras fotografías de hoy nuestra excursión por el glaciar Nigardsbreen (Noruega), un lugar espectacular para darse cuenta de que el azul más intenso siempre está en el interior. Si alguno queréis información para ir con niños pequeños no dudéis en mandarnos un correo 🙂

 

¿Vas a ser un padre NASA o un padre APPLE?


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20 de febrero de 1962, la primera misión orbital de la NASA. Todo iba según lo planeado pero, de pronto, una luz de alarma en el control de misiones indicaba que la nave tripulada por el americano John Glenn tenía un problema; el escudo de protección térmica parecía haberse soltado ligeramente y no había certeza de que lograse entrar a salvo en la atmósfera. Había surgido un incidente en una operación planificada desde muchos años antes y ensayada hasta la saciedad.

Planeamiento, planeamiento, planeamiento y más planeamiento hasta llegar al objetivo. Planes a muy largo plazo y planes de contención para caso de emergencia. Desde entonces hasta hoy muy poco ha cambiado la manera de definir la estrategia en la NASA:

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Es la estrategia como nuestros padres nos enseñaron: Pensar en un objetivo a largo plazo y trazar un plan, fase a fase, meta a meta, para llegar a ese objetivo.

Algunas décadas más tarde, en Silicon Valley, un grupo de ingenieros de Apple tiene como misión lanzar un nuevo móvil que revolucionará el mercado. Saben que el software que lleva ese móvil no es perfecto, no importa.  No hay que esperar a tener el producto perfecto, sino el mejor posible según las circunstancias, creer en el producto, salir al mercado y comérselo; después ya se irá perfeccionando.

Su forma de hacer estrategia es distinta. Tienen un objetivo en mente y van planeando y ejecutando, planeando y ejecutando, planeando y ejecutando. La estrategia se va redefiniendo constantemente con cada parche que lanzan al mercado y que hace que el producto sea mejor que el anterior.

Es una estrategia que podríamos resumir como “BETTER NOW THAN PERFECT”.

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Y ahora vosotros os preguntaréis ¿Qué tiene esto que ver conmigo?

Pensad un momento. ¿Acaso no hacemos todos estrategia cuando decidimos tener un hijo? Claro que sí. Y lo normal, además, es que lo hagamos como la NASA, porque esa es la forma tradicional, la que nos enseñaron nuestros padres y la que hemos aprendido en las escuelas de negocios hasta hace bastante poco.

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Imaginamos un modelo ideal de hijo a largo plazo y diseñamos cada fase de esos 20 años que tenemos en la mente para llegar al objetivo final. Antes de que nuestros hijos nazcan ya tenemos planificado que acabarán secundaria fácilmente, se graduarán en alguna universidad, tendrán una carrera profesional atractiva y una familia tradicional o semi tradicional como la nuestra.

Y, realmente, no hay nada malo si eso se cumple; es más, será maravilloso si con eso son felices en la vida.

La cuestión no es que un modelo de estrategia sea bueno y otro malo. La cuestión es qué modelo de estrategia puede ayudar más a mis hijos (y solo a los míos) a ser más felices, siendo realista con el mundo en el que vivo, con mi familia y mi propia realidad.

Si mi hijo es un genio de las letras y además ha descubierto que su verdadera pasión es ser escritor parece que merece la pena volcar todo el esfuerzo en ese talento y sentarnos a definir una estrategia a largo plazo de forma tradicional que le lleve a ganar el Pulitzer. Si en el camino surge un incidente lo solventaremos como la NASA, articulando el plan de emergencia.

Ahora bien, ¿me sirve ese mismo modelo de estrategia cuando mi hijo no tiene clara su vocación, cuando es probable que decida no ser titulado superior, irse a vivir a miles de kilómetros de distancia o crear una familia que yo no habría imaginado ni en sueños? ¿Me sirve cuando es posible que él entienda la felicidad en términos distintos a los que yo manejo?

En estos casos puede nos ayude más hacer las cosas como Apple. Olvidarnos de estrategias y objetivos a 20 años que solo nos crean frustraciones como padres y a nuestros hijos como hijos y enfocarnos en darles a nuestros hijos unos valores o guías de actuación sólidos y válidos para cualquiera que sea la vida que elijan. A partir de ahí,  trabajar planificando y ejecutando, planificando y ejecutando para ayudar a nuestros hijos a lanzar versiones mejores de si mismos cada día.

En el mundo Apple no hay que tener el producto perfecto hoy; ni siquiera tiene sentido imaginar el producto  perfecto porque el mercado avanza tan rápido que, probablemente, si esperamos a ser perfectos  para lanzarlo cuando lo hagamos la versión ya esté demodé. En un mundo así entendido hay que lanzar cada día la mejor versión que podamos y parchearla cuantas veces sea necesario.

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Ahora piensa ¿tu mundo y tus hijos son NASA o Apple? ¿y tu estrategia, es NASA o Apple? ¿os ayuda esa estrategia en casa?

Nos encantará que nos lo cuentes aquí, en el blog, o en las redes sociales, y podamos enriquecernos con tu punto de vista.

¡Sed felices!

 

La empatía se aprende


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Si tuvieras que elegir para tus hijos entre un prestigioso máster en una de las escuelas de negocios más exitosas y la capacidad para empatizar con los demás ¿Qué elegirías? ¿Eliges lo que parece ser la puerta a un prometedor futuro profesional o la capacidad para sintonizar con los sentimientos de los demás, para detectar y comprender lo que se cuece en su interior aun sin estar de acuerdo con ellos?

Sabes que el máster probablemente les abrirá las puertas a un atractivo empleo, pero también sabes que sin la capacidad para sintonizar con las emociones de los demás difícilmente mantendrán ese exitoso empleo o, en el mejor de los casos, su trayectoria profesional será corta, muy corta.

La gran noticia es que no hay que elegir. Los expertos han demostrado algo que en nuestros trabajos y en nuestra vida personal ya intuíamos: que no existe relación entre la empatía y el coeficiente intelectual. Que la empatía se aprende.

¿No os parece eso fantástico? Podemos aprender a ponernos en la piel de los demás como aprendemos a jugar al basket o entrenamos cualquier otra cosa en la vida: practicando, ensayando, equivocándonos y aprendiendo de los errores.

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¿Qué es lo que tenemos que entrenar para desarrollar nuestro músculo de la empatía?

La base de la empatía es el autoconocimiento. Conocer nuestras emociones y tener un registro emocional fluido es la base para captar las emociones de otros. Esto, que parece muy fácil, es bastante complicado si tenemos en cuenta que nuestro vocabulario en cocina es bastante más amplio que nuestro vocabulario emocional. ¿No os ha dicho alguna vez vuestra pareja “¿qué te pasa?” y le habéis respondido un “estoy triste” cuando en realidad dudáis si realmente estáis tristes o más bien enfadados, estresados, cansados o yo que sé qué? De pequeños nos enseñaron cuáles eran los colores primarios y qué pasaba si los mezclabas, pero nadie nos contó cuáles eran las emociones básicas o qué pasaba cuando las mezclabas y a veces no sabemos ni de qué color estamos.

La otra pata el entrenamiento está en la capacidad para captar los mensajes no verbales de los demás, que es el segundo pilar sobre el que se apoya la empatía.

El 90% de los mensajes que emitimos son no verbales. Nuestros gestos, nuestro tono de voz, el movimiento de nuestras manos, nuestra respiración, dicen de lo que pensamos que el mensaje que realmente estamos transmitiendo. ¿Os imagináis qué regalo para la vida supone ser capaz de prestar atención e interpretar esos mensajes no verbales de los demás? Darse cuenta de las emociones que ese día trae el profesor a clase, de las que rodean a ese cliente con el que estamos intentando cerrar un trato, de las que esconde ese quinceañero que nos espera tirado de mala gana en el sofá de casa, etc.

Este verano estamos decididos a entrenar en familia nuestro músculo de la empatía con juegos sencillos que nos ayuden a reconocer nuestras emociones, a ganar en repertorio emocional y a poner poco a poco el foco en los demás. Hoy os dejamos dos ejercicios muy caseritos y simples con los que trabajar esta capacidad con vuestros hijos. Como siempre, ya sabéis que lo mejor es que los aderecéis o los “tuneeis” como mejor se adapten a vuestra familia.

Empatia3aEmpatia5ADADO EMOCIONAL: Con este ejercicio podréis trabajar las dos caras de la empatía, identificar vuestros sentimientos y los de los demás.

En un dado (el nuestro es un dado muy chulo de progapanda pero podéis utilizar cualquier cubilete tipo “rubick”) hemos dibujado la representación de las 5 emociones básicas: ALEGRIA, TRISTEZA, MIEDO, ENFADO y ASCO (Os acordaréis porque son las emociones protagonistas de la peli de Disney DEL REVÉS). En el último lado del dado hemos escrito “Elige otra”.

Cuando nos toca el turno tenemos que acordarnos de una situación en la que hemos sentido la emoción que nos ha salido en el dado. Si nos sale la cara “Elige otra” elegimos otra de las emociones que nos sepamos (Decepción, vergüenza, nerviosismo, esperanza, sorpresa, etc) y recordaremos el momento en el que la sentimos (aquí es donde poco a poco iremos ganando riqueza en el vocabulario).

Para que poco a poco se vayan fijando en el “otro” a veces versionamos un poco el ejercicio y cuando nos toca el turno de dado jugamos a adivinar en qué situación creemos que ha sentido otra persona esa emoción. ¿Te acuerdas de algún momento en que M. pareciese tener miedo? ¿Algún momento en que tu profesora estuviese enfadada? ¿Alguna situación en la que tu amigo F. estuviese alegre?.

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SIN HABLARNOS. Nuestro segundo ejercicio es tan fácil como realizar cualquier trabajo de equipo que se os ocurra en absoluto silencio. ¡Veréis como los resultados os sorprenden incluso a los mayores!

Probad con tareas que los niños tengan dominadas, para no generar ansiedad sobre la tarea. A nosotros nos gusta practicarlo poniendo la mesa o recogiendo su cuarto. Al probarlo percibiréis de inmediato cómo aumenta el contacto visual con vuestros hijos y como sus gestos dicen mucho más de lo que generalmente escuchamos. Un ejercicio potentísimo, de verdad.

Esperamos que disfrutéis mucho de estos dos ejercicios y, ya sabéis, si vosotros tenéis algún otro ejercicio para desarrollar la empatía en los niños, nos encantará conocerlo.

¡Feliz fin de semana!

Cómo arruinarse el verano


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Es el final de una agoradora jornada en Disneyland y los autobuses que regresan del parque van cagados de niños sobre estimulados y exhaustos, y de padres completamente agotados. La gente empieza a protestar por todo, por el calor, por la velocidad, por esperar a otros pasajeros….. Lo que ha sido un maravilloso día tiene el riesgo de acabar en llantos y malas contestaciones.

Algo parecido ocurre, al menos en nuestra casa, con algunas tardes de verano, en las que se prepara una suerte de tormenta perfecta con los niños con riesgo de acabar en un tornado. Si habéis sufrido alguna de estas tardes sabéis perfectamente a qué nos referimos. Si todavía no lo habéis experimentado y sois tan locos que queréis probar cómo generar la tormenta perfecta con vuestros hijos aquí van algunas recomendaciones que seguro que os ayudarán a arruinaros el mes de julio.

TiemposApura los tiempos. El verano es esa época del mamá, ¿podemos quedarnos cinco minutos más? Y si realmente fuesen cinco minutos la cosa quedaría ahí. Pero son cinco minutos más de piscina, cinco más de futbol, cinco más para despedirse de los amigos. Cinco minutos que acaban siendo quince por cada uno de los retoños que tenemos en casa. Y, al final, cuando entramos en casa cuarenta minutos más tarde de lo previsto, la ecuación [ducha + cena + dientes + cuento = a las 21.30 en la cama] no sale. Y para colmo los niños tienen el modo “verano –on” encendido. Resultado = en la cama no antes de las 22.30.

GritarLlama a tus hijos a gritos. Una vez dentro de casa lo mejor de todo para acabar en llanto es querer hacer todo el doble de rápido (para compensar los cuarenta minutos que llevamos de retraso) e ir dando órdenes a gritos a los niños. Poner rápido la lavadora de las toallas a la vez que gritamos ¡A la ducha!; Oír la ducha sin cesar durante más de cinco minutos mientras preparamos la cena y volver a gritar ¡Cierra ya el grifo, que se va a acabar el agua del mundo!; Poner la mesa y llamarles al grito de ¡A cenar! ; y a los tres minutos volver a gritar ¡bajad ya a cenar, que se va a quedar frio! ; y volver a gritar dos minutos más tarde, y al final, cuatro gritos después, plantarse en el resquicio de la puerta de la habituación y gritarles ¿pero es que no me oís que os estoy llamando para cenar?, y ver como ponen cara de haba y niegan con la cabeza.

MinutoNo te reserves ni un minuto para ti. Como resultado del cinco minutos más unido al modo “verano-on” de los niños, para cuando acabas de recoger la cocina, preparar las mochilas del día siguiente, tender la lavadora y conectarte al correo del trabajo ya es la hora de la cenicienta; y no te ha dado tiempo ni a abrir una hoja de aquel libro que te compraste, precisamente, para verano. Un par de noches seguidas siguiendo esta regla son suficientes para comenzar el día siguiente muy motivada para hacer frente a otra jornada piscinera con los niños.

DeberesSe muy estricto con los deberes. Mantente inflexible con los deberes de verano. Da igual que los niños lleguen hechos un trapo del campamento, que el calor sea insoportable, que los vecinitos vengan a buscarles para ir a la piscina. Si te habías marcado como objetivo una página del libro de vacaciones de verano cada día no se te ocurra dejarles ir a la piscina ni darles un bocata de chocolate hasta que la página no esté acabada.

SerperfectaIntenta ser perfecto. Este es sin duda nuestro consejo estrella para esos días de verano en los que en la oficina hay más trabajo que nunca, hace un calor insoportable, tienes que hacer ingeniería espacial para llegar a buscar a los niños a la salida del campamento urbano y luego sobrevivir a una tarde de piscina comunitaria. Ante todo, no te saltes las cinco raciones de frutas y verduras diarias y los demás affairs propios de la perfección.

Regalémonos cinco minutos para reflexionar. Lo que pensamos, hacemos y decimos este verano influirá en lo que piensen, hagan y digan en sus futuros veranos. Y no nos van a recordar precisamente por el número de raciones de frutas y verduras que tomaban al día. Y sí, cuando nos miran con cara de alelaos y nos dicen que no nos han oído gritarles diez veces A cenar es que, de verdad, estaban abducidos con el i-pad o el juego y no nos han oído. Y gritar solo servirá para hacernos la espera más desquiciante a nosotros mismos .Y sí, las mates y los dictados son muy importantes, pero si nuestros hijos no son de esos pocos afortunados que pueden hacer los deberes después de desayunar, cuando están despejados y fresquitos, tal vez tengamos que recurrir a la imaginación y la creatividad para que practiquen mates y lengua con algo que no sea el tradicional libro de vacaciones. Y, por supuesto que sí, que son unos pesados con eso de los cinco minutos más; pero lo preocupante sería que siendo niños no tuviesen ganas de exprimir cada minuto de su tarde  Y, por supuesto que también, que nosotros también nos merecemos “cinco minutos más” para ojear un libro antes de irnos a la cama; así que tendremos que recurrir a esa súper motivación que supone para ellos el verano y empezar a negociar colaboración en las tareas domésticas, para que así todos podamos disfrutar de esos cinco minutos más veraniegos.

Por cierto, ¿sabéis como lo hacen en Disneyland? Gestionando emociones. Conscientes de los estragos que puede hacer el cansancio sobre una intensa jornada llena de emociones y conscientes de que las emociones son tremendamente pegajosas, el conductor del autobús del que hablábamos arriba comienza a cantar “Bajo el mar” cuando los primeros pasajeros se muestran quejosos. Al momento, prácticamente todo el autobús se ha olvidado de sus motivos de queja y se ha unido a cantar cual cangrejo Sebastián. ¿Os imagináis que pasaría si el conductor se pusiera a dar órdenes a voces a los pasajeros?

¡Feliz día y a por una maravillosa tarde de verano!