Cómo preparar a nuestros hijos para el vértigo digital


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En estos días en los que la tendencia de todas nuestras empresas es la transformación digital, en los que se habla de digital ninjas, de evangelización digital, del camino a la industria 4.0, de knowmads, y de una auténtica revolución en todos los ámbitos de la sociedad, merece la pena levantar la mirada y preguntarse ¿Dónde están quienes iniciaron esta revolución? ¿Qué sienten los que hoy llamamos líderes digitales? ¿Qué podemos aprender de su experiencia para transmitírselo a nuestros hijos?

Hace un par de semanas tuve la suerte de compartir una mañana muy interesante con profesionales de diversos ámbitos para reflexionar sobre el modelo de liderazgo digital al que nos dirigimos. Allí se habló de tecnología, de intraemprendimiento, de visión, de comunicación, de capacidad de aprender a aprender, de influencia……pero también se habló de vértigo.

En un punto del gran puente que supone la transformación digital los líderes sienten vértigo.

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 Saben que no hay vuelta a atrás, que no pueden darle la espalda a un mundo hiperconectado en el que hasta las citas del médico de cabecera hay que solicitarlas on-line. Pero sienten presión, miedos, inseguridades y vértigo. Presión por la inmediatez que el mundo digital exige, presión por ser malabaristas de los distintos stakeholders de sus compañías, presión por la fina línea que existe entre la vida privada y la pública, miedo a no poder seguir el ritmo, a no poder innovar más………y un profundo vértigo.

Los líderes digitales sienten vértigo. Y nuestros hijos, como líderes digitales que un día serán, también lo sentirán; y además lo harán mucho antes que nosotros, porque ellos, no nos olvidemos, llevan ya ADN digital, y a ellos todo les va a llegar antes.

Después de las miles de fotos colgadas en instragram, los millones de tweets que habrá suyos en la red, los cientos de veces que hayan sido etiquetados en Facebook,  las relaciones que hayan hecho virtualmente y también las que hayan deshecho, se encontrarán a mitad del puente y sentirán vértigo.

¿Qué es lo que hará que llegado el momento del vértigo digital nuestros hijos caminen hacia adelante con paso firme? Un profundo autoconocimiento, una sana autoestima y una mirada alta que les haga encontrar su para qué y ponerlo al servicio de la sociedad.

 ¿Podemos ayudarles nosotros, aquí y ahora, para afrontar ese momento? ¡Claro que sí!

Podemos ayudarles a conocer dónde radica la esencia de su talento. Llegado el vértigo, lo que les impulse será saber muy bien quiénes son y cuáles son sus fortalezas, aquello que ellos y sólo ellos son. Será fundamental que sean capaces de mirar adentro, se concentren en ser ellos mismos más que nunca, y que no intenten imitar el talento de los demás. En momentos de crisis el éxito siempre viene de dentro.

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Si nosotros, aquí y ahora, les ayudamos a conocer cuáles son esas fortalezas y a potenciarlas, les estaremos ayudando doblemente. Por una parte, les estaremos ahorrando tiempo de autoconocimiento para cuando, en mitad del puente digital, necesiten tomar decisiones muy rápidas. Y, sobretodo, les estaremos ayudando a construir una base de autoestima sana, que les haga mirar a los demás de frente, ni por encima ni por debajo, sino de frente.

La autoestima se construye en la niñez, con afecto y reconocimiento. Si nosotros, aquí y ahora, trabajamos para reconocerles y poner en valor sus fortalezas (y no les hacemos creer que son especiales por todo lo que hacen o que todo lo hacen bien) contribuiremos a que nuestros hijos dejen de ser la generación del “me, me, me” o del “selfie” para convertirse en personas que saben que no pueden ser todo lo que quieren en la vida (no son hipermegaguays), pero que tienen un conjunto de fortalezas únicas que, con trabajo y esfuerzo, les sacarán de los precipicios.

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Y si, además, les enseñamos a preguntarse el para qué de las cosas –¿Para qué voy a colgar esto en Linkedin o en FB? ¿Puedo ayudar a alguien?- les estaremos entrenando para que algún día encuentren su para qué en la vida. Cuando encuentren ese para qué y lo orienten al servicio de los demás habrán encontrado la clave no ya para no caerse del puente, sino para mirar y avanzar hacia adelante.

La clave para sobrevivir y ser feliz en esta era digital es ser capaces de manejar tres focos: un foco interior, un foco hacia los demás y un foco hacia la sociedad. Y nosotros, aquí y ahora, les podemos ayudar a empezar a manejarlos.

Feliz día¡

 

Como dar un giro a una tarde horrorosa


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¿No hay tardes en las que parece que en vuestra casa se ha posado una nube de mal humor y todo el mundo acaba enfadado con todo el mundo?

Tal vez hayas sido tú la que has tenido un día durísimo y estás cansada; tal vez haya sido tu hijo mayor el que está enfadado por cómo le han salido las cosas en el cole; o el pequeño porque tiene hambre o sueño. Sea como fuere, hay tardes en las que alguien acaba dando un chillido monumental o soltando alguna frase de la que se arrepiente al segundo de acabar.

Cuando alguien entra en casa estresado, enfadado, frustrado, cansado o de mal humor es muy fácil que ese estado de ánimo se contagie a los demás; y lo es porque tenemos unas neuronas, llamadas neuronas espejo, que literalmente imitan lo que perciben generando sensaciones compartidas en un mismo espacio. Es como si estuviésemos conectados con los demás a través de una wifi neuronal y sus emociones fuesen calando en nuestro sistema cuando nuestros bluetooth están activados, de tal manera que un día complicado en el trabajo tiene todas las papeletas de convertirse en una tarde difícil en casa.

En estas tardes los abrazos pueden convertirse en tu mayor aliado porque tienen la capacidad de resetear las wifis neuronales y fuerzan a que las neuronas espejo tengan otro estado de ánimo que imitar.

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 Prueba a cambiar el rumbo de la tarde cambiando su foco de atención con una simple guirnalda o un pompón colgado en el techo de una de las zonas de la casa más transitada. Anúnciales una única regla: hay que dar un abrazo fuerte a quien te cruces debajo del pompón o la guirnalda. Hazte la encontradiza con ellos debajo del pompón y repárteles un par de abrazos. Te sorprenderán las ganas con las que ellos entran al juego y lo rápido que se pueden resetear las wifis neuronales en la casa y dar un giro al estado de ánimo comunitario.

¿Y si ya es tarde y hemos perdido la paciencia?

Si el nivel de catecolaminas en la casa ya ha disparado el grito de alguien contra alguien el abrazo “estrujón” (nombre con el que mi hijo llama a este abrazo especial) os ayudará a relajaros profundamente y a liberar esas catecolaminas que han hecho que perdáis la paciencia.

El abrazo estrujón es un abrazo que descubrimos hace unos meses por casualidad. Un día en que el mediano de mis hijos estaba muy triste le dije qué por qué no nos dábamos un abrazo fuerte, muy fuerte y luego probábamos dejar nuestros brazos blanditos y a respirar profundo. La sensación al acabar fue tan relajante y placentera que los dos quisimos repetirlo y el abrazo estrujón se convirtió entonces en un must de las tardes complicadas. Poco después, al leer el libro Técnicas de relajación diaria , de Mac Kay, My Fanning, P, descubrimos que en realidad nuestro abrazo estaba aplicando la filosofía de “el método de relajación muscular progresiva” de Jacobson, que es el core en el que se basan casi todos los programas de relajación: Contraer y después relajar músculos de todo el cuerpo.

Después de leer más sobre este método hemos incorporado a nuestro abrazo estrujón algunos detalles más de esta técnica de relajación progresiva y la verdad es que ahora os podemos decir que se ha convertido en uno de los grandes descubrimientos del año; un método que te ayuda a contraer y relajar grandes músculos del cuerpo y te permite alcanzar una relajación profunda al tiempo que refuerza los lazos emocionales con tu hijo (con el que precisamente te habías enfadado unos segundos antes).

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¿Cómo se practica el abrazo estrujón?

Inhala profundamente y lleva aire al abdomen. Dile a tu hijo que respire lo más profundo que pueda y que lleve el airea su barriguita. Aguantad la respiración hasta contar siete. Soltad el aire dejando que suene al tiempo que sale por vuestra boca (para que el niño controle qué es la exhalación) y empezad a relajaros.

Repetid la respiración mientras os dais un abrazo lo más fuerte que podáis, fuerte, bien fuerte, mientras mantenéis vuestros puños, antebrazos, bíceps y músculos pectorales tensionados. Mantened el abrazo, así bien tensionados, durante siete segundos y después relajad vuestros puños, brazos, pectorales, etc mientras soltáis el aire ruidosamente. En este punto ya habréis notado como todo vuestro cuerpo se va relajando.

Ahora volved a abrazaros mientras tensionáis la frente y ponéis el ceño más arrugado de enfado que os imaginéis (la idea es tensionar los ojos, la frente, la boca, y arrugar la cara lo más que podáis). Aguantad hasta contar siete y volved a exhalar el aire sintiendo como sale ruidosamente de vuestra boca mientras todo vuestro cuerpo vuelve a relajarse.

Por último, repetid el abrazo bien fuerte mientras tensionáis las piernas, los dedos de los pies y apretáis bien fuerte las nalgas. Mantened la respiración y después aflojad mientras exhaláis  y sentís como vuestro enfado se ha disipado y vuestro cuerpo está relajado.

¡La sensación es única! Completamente liberadora y muy, muy agradable.

El abrazo estrujón es un sencillo ejercicio que os permitirá relajaros junto con vuestros hijos en esos momentos en los que os gustaría desaparecer de casa para ir a una sesión de bikram yoga y en los que en casa lo más urgente bajar el nivel de catecolaminas, esas hormonas que flotaban contagiando el mal humor, y ver las cosas se ven desde otra perspectiva.

Esperamos que lo disfrutéis mucho.

Feliz día¡

Ready to change?


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¿Te sientas 5 minutos y te tomas un buen café con nosotros? Tenemos muchas ganas de darte la bienvenida a una nueva temporada de Pepitaliving que hemos diseñado con infinita ilusión, mucho cariño y con un objetivo fundamental: Convertir nuestros hogares en gimnasios emocionales y cocinas de la felicidad duradera.

Queremos que tu casa y la mía se conviertan en espacios únicos para desarrollar nuestra inteligencia emocional y la de nuestras familias. Queremos que al final de este curso te conozcas mejor y conozcas mejor a tus hijos; que tengas más confianza en ti mism@ y ayudes a tus hijos a reforzar su autoestima; que te quieras más y les digas a ellos cuanto les quieres. Queremos que lideres un cambio en tu familia y les empujes cada día a ser un poquito más “emocionalmente inteligentes”. Nuestro objetivo final es que a final de curso te sientas muy orgullos@ de haber trabajado por tu felicidad y la de los demás.

Si estás ya saboreando esa taza de café que nos íbamos a tomar juntos te invitamos a que te relajes mientras ves el siguiente video:

Solo hay una frase que te pedimos que recuerdes durante este año:

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Cuando nos conocemos y nos queremos, cuando tenemos claro nuestro “para qué”, cuando trazamos un plan y trabajamos por él con compromiso y determinación las posibilidades son infinitas. Al igual que los escultores, simplemente tenemos que saber qué cosas hay que remover para poder sacar la obra de arte que todos tenemos dentro.

Podemos transformar nuestra mente en lo que queramos como si de plastilina se tratase.

Uno de los descubrimientos que más nos han motivado en los últimos tiempos es descubrir que no somos prisioneros de nuestra genética ni de la educación que nos dieron nuestros padres o las experiencias infantiles que vivimos. La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro hoy no es el mismo que ayer ni el mismo que será mañana; nuestra mente es tan moldeable como una barra de plastilina a la que podemos dar la forma que queramos con independencia de la edad que tengamos.

Las neuronas se conectan cada segundo siguiendo una especie de rutas o carreteras predeterminadas genéticamente o marcadas a través del aprendizaje desde que somos niños. Vemos la realidad de manera distinta a nuestros amigos o nuestra pareja y reaccionamos como lo hacemos ante esa realidad dependiendo de las conexiones neuronales que se establecen en nuestro cerebro a lo largo y ancho de vías que hemos ido haciendo profundas a base de imitar y repetir el mismo comportamiento durante años.

Hoy sabemos, sin embargo, que nuestro cerebro está capacitado para crear nuevas vías; que podemos marcar nuevas carreteras en el mapeado cerebral por las que las neuronas se conectarán la próxima vez que reciban un estímulo. Algo así como decir que ante un mismo estímulo nuestras neuronas cogerán la autopista A1 en lugar de la A2 y nuestra reacción acabará siendo diferente. Este fenómeno, llamado plasticidad neuronal, es algo absolutamente maravilloso, porque implica que podemos cambiar nuestro comportamiento ante determinados impulsos y que podemos, en definitiva, modelar nuestro temperamento.

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¿Cómo? ¿Cómo podemos escaparnos de la genética y de años y años de aprendizaje?

Consciencia, repetición y emoción son los nuevos ingredientes que os proponemos que nunca falten en vuestra cocina desde hoy.

Para moldear nuestra barra de jabón tenemos que tomar conciencia de quienes somos, tener claro en quien queremos convertirnos y trabajar día a día como artesanos con un cincel. Como en cualquier otro aprendizaje, para que el nuevo surco emocional sea profundo y las nuevas conexiones neuronales sean duraderas necesitamos repetir y repetir el nuevo comportamiento.

Y si además de repetición le añadimos una pizca de emoción la nueva huella emocional será mucho más profunda y duradera. Los aprendizajes con mayor carga emocional general conexiones neuronales más duraderas y nuevos surcos más profundos. Por eso te acuerdas perfectamente de este anuncio de cuando eras niño que empezaba diciendo “al mundo entero quiero dar un mensaje de paz…”, del día que tus hijos aprendieron a montar en bicicleta o del ambiente que rodeaba tu primera ruptura sentimental; porque aquello que aprendemos con el chip emocional activado genera conexiones neuronales más duraderas.

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¿Por qué hemos elegido este mensaje para inaugurar una nueva temporada? ¿Qué queremos trasladarte hoy con todo esto?

  1. Que puedes cambiar. Que nuestra mente está preparada para cambiar y que los ingredientes ya se han descubierto: repetición y emoción. Y que para lanzarse a cocinar con ellos solo es necesario desconectar el botón “automático on”, tomar conciencia de lo que hacemos y querer cambiar.
  2. Que puedes ayudar a tus hijos a cambiar. Que, siendo cierto que la genética influye muchísimo, también lo es que eso sólo significa que hará falta más trabajo y más motivación para llegar a donde quieran. Su mente les acompañará
  3. Que no pasa nada si nos equivocamos como madres o padres, nuestros hijos tienen toda una vida para solucionarlo. Es verdad que hay periodos críticos de aprendizaje como la infancia, en los que nuestra conducta como padres impactará directamente en su autoestima o sus paradigmas mentales o gafas de ver el mundo. Pero lo más maravilloso es que si hoy nos equivocamos ellos tendrán toda una vida para solucionarlo. Su cabeza será tan plástica cuando sean mayores como lo es ahora la nuestra.

Si te has terminado ahora esa buena taza de café que nos estábamos tomando juntos coge un papel y escribe qué quieres conseguir este año. ¿En qué quieres convertirte? Guarda el papel en un sitio que sólo tú conozcas, despréndete de todo lo que no te deja avanzar y lánzate a trabajar por lo que quieres.

En tus manos y en las mías hay posibilidades infinitas.

 ¡Feliz día!

 

Mañana habrá mil diferencias


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¡Somos más de 1.000! Ya sois más de 1.000 personas las que os habéis unido a nuestro proyecto a través de Facebook.

¿Sabéis que significa para nosotros esto? Significa que podemos cambiar el mundo; que si cada uno de nosotros hace algo hoy por marcar una pequeña diferencia mañana habrá 1.000 diferencias en el mundo.

Significa que si hoy cada uno de nosotros le regala una botella de leche a alguien que lo necesita al final del día habrá 1.000 botellas en el mundo saciando la sed de un pobre. Si mañana cada uno de nosotros abraza a quien lo está pasando mal habrá 1.000 personas recibiendo calor y afecto en el mundo. Si pasado mañana cada uno de nosotros se sienta con sus hijos a explicarles que el matrimonio forzoso de niñas menores de edad es una realidad en países de nuestro entorno habrá más de 1.000 niños conscientes de la vulneración de derechos de la infancia en el planeta.

¿No es grande lo que podemos llegar a construir?

Para nosotros ser más de 1.000 significa esto:

¿Qué cosas te mueven a ti? ¿Qué mueve tu corazón? ¿Qué te hace levantarte de la silla y empujar el árbol? ¿Cuánto tiempo hace que no lo empujas?

Si al final de la vida vamos a hacer algo que marque la diferencia ¿Por qué no empezar hoy? ¿Por qué no aprovechar los meses de verano para salir de nuestra zona de confort y marcar la diferencia? ¿Hay algo en tu casa que si arreglas, pintas o decoras con tus hijos podría llenar de ilusión a alguien que lo necesita más que tú? ¿Hay algún libro en tu estantería que crees que todos los niños tendrían derecho a leer? ¿Hay una receta nueva que quieras probar con tus peques y que podría ser la cena de otra familia?

Retémonos a vivir un verano de experiencias que nos permitan sentir que aportamos y que importamos, que podemos cambiar el mundo por pequeña que sea la diferencia. Al fin y al cabo, la felicidad, la nuestra y la de los demás, no es algo que se busque y se encuentre; la felicidad se construye.

Tu botella de leche, tu abrazo y tu protesta se unirán a mi botella de leche, mi abrazo y mi protesta. Y las botellas de tus hijos a las de los míos. Y entonces ya no seremos 1.000, sino 2.000, 3.000 o quién sabe.

¿Empujamos el árbol juntos?

gracias

 

Cómo arruinarse el verano


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Es el final de una agoradora jornada en Disneyland y los autobuses que regresan del parque van cagados de niños sobre estimulados y exhaustos, y de padres completamente agotados. La gente empieza a protestar por todo, por el calor, por la velocidad, por esperar a otros pasajeros….. Lo que ha sido un maravilloso día tiene el riesgo de acabar en llantos y malas contestaciones.

Algo parecido ocurre, al menos en nuestra casa, con algunas tardes de verano, en las que se prepara una suerte de tormenta perfecta con los niños con riesgo de acabar en un tornado. Si habéis sufrido alguna de estas tardes sabéis perfectamente a qué nos referimos. Si todavía no lo habéis experimentado y sois tan locos que queréis probar cómo generar la tormenta perfecta con vuestros hijos aquí van algunas recomendaciones que seguro que os ayudarán a arruinaros el mes de julio.

TiemposApura los tiempos. El verano es esa época del mamá, ¿podemos quedarnos cinco minutos más? Y si realmente fuesen cinco minutos la cosa quedaría ahí. Pero son cinco minutos más de piscina, cinco más de futbol, cinco más para despedirse de los amigos. Cinco minutos que acaban siendo quince por cada uno de los retoños que tenemos en casa. Y, al final, cuando entramos en casa cuarenta minutos más tarde de lo previsto, la ecuación [ducha + cena + dientes + cuento = a las 21.30 en la cama] no sale. Y para colmo los niños tienen el modo “verano –on” encendido. Resultado = en la cama no antes de las 22.30.

GritarLlama a tus hijos a gritos. Una vez dentro de casa lo mejor de todo para acabar en llanto es querer hacer todo el doble de rápido (para compensar los cuarenta minutos que llevamos de retraso) e ir dando órdenes a gritos a los niños. Poner rápido la lavadora de las toallas a la vez que gritamos ¡A la ducha!; Oír la ducha sin cesar durante más de cinco minutos mientras preparamos la cena y volver a gritar ¡Cierra ya el grifo, que se va a acabar el agua del mundo!; Poner la mesa y llamarles al grito de ¡A cenar! ; y a los tres minutos volver a gritar ¡bajad ya a cenar, que se va a quedar frio! ; y volver a gritar dos minutos más tarde, y al final, cuatro gritos después, plantarse en el resquicio de la puerta de la habituación y gritarles ¿pero es que no me oís que os estoy llamando para cenar?, y ver como ponen cara de haba y niegan con la cabeza.

MinutoNo te reserves ni un minuto para ti. Como resultado del cinco minutos más unido al modo “verano-on” de los niños, para cuando acabas de recoger la cocina, preparar las mochilas del día siguiente, tender la lavadora y conectarte al correo del trabajo ya es la hora de la cenicienta; y no te ha dado tiempo ni a abrir una hoja de aquel libro que te compraste, precisamente, para verano. Un par de noches seguidas siguiendo esta regla son suficientes para comenzar el día siguiente muy motivada para hacer frente a otra jornada piscinera con los niños.

DeberesSe muy estricto con los deberes. Mantente inflexible con los deberes de verano. Da igual que los niños lleguen hechos un trapo del campamento, que el calor sea insoportable, que los vecinitos vengan a buscarles para ir a la piscina. Si te habías marcado como objetivo una página del libro de vacaciones de verano cada día no se te ocurra dejarles ir a la piscina ni darles un bocata de chocolate hasta que la página no esté acabada.

SerperfectaIntenta ser perfecto. Este es sin duda nuestro consejo estrella para esos días de verano en los que en la oficina hay más trabajo que nunca, hace un calor insoportable, tienes que hacer ingeniería espacial para llegar a buscar a los niños a la salida del campamento urbano y luego sobrevivir a una tarde de piscina comunitaria. Ante todo, no te saltes las cinco raciones de frutas y verduras diarias y los demás affairs propios de la perfección.

Regalémonos cinco minutos para reflexionar. Lo que pensamos, hacemos y decimos este verano influirá en lo que piensen, hagan y digan en sus futuros veranos. Y no nos van a recordar precisamente por el número de raciones de frutas y verduras que tomaban al día. Y sí, cuando nos miran con cara de alelaos y nos dicen que no nos han oído gritarles diez veces A cenar es que, de verdad, estaban abducidos con el i-pad o el juego y no nos han oído. Y gritar solo servirá para hacernos la espera más desquiciante a nosotros mismos .Y sí, las mates y los dictados son muy importantes, pero si nuestros hijos no son de esos pocos afortunados que pueden hacer los deberes después de desayunar, cuando están despejados y fresquitos, tal vez tengamos que recurrir a la imaginación y la creatividad para que practiquen mates y lengua con algo que no sea el tradicional libro de vacaciones. Y, por supuesto que sí, que son unos pesados con eso de los cinco minutos más; pero lo preocupante sería que siendo niños no tuviesen ganas de exprimir cada minuto de su tarde  Y, por supuesto que también, que nosotros también nos merecemos “cinco minutos más” para ojear un libro antes de irnos a la cama; así que tendremos que recurrir a esa súper motivación que supone para ellos el verano y empezar a negociar colaboración en las tareas domésticas, para que así todos podamos disfrutar de esos cinco minutos más veraniegos.

Por cierto, ¿sabéis como lo hacen en Disneyland? Gestionando emociones. Conscientes de los estragos que puede hacer el cansancio sobre una intensa jornada llena de emociones y conscientes de que las emociones son tremendamente pegajosas, el conductor del autobús del que hablábamos arriba comienza a cantar “Bajo el mar” cuando los primeros pasajeros se muestran quejosos. Al momento, prácticamente todo el autobús se ha olvidado de sus motivos de queja y se ha unido a cantar cual cangrejo Sebastián. ¿Os imagináis que pasaría si el conductor se pusiera a dar órdenes a voces a los pasajeros?

¡Feliz día y a por una maravillosa tarde de verano!

Enseñar a los niños a ser su mejor yo


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“Se lo mejor de ti mismo en cada momento”. Si tuviéramos que escoger una única etiqueta que colgar de la maleta de nuestros hijos seguro que sería esta.

Les subrayaríamos bien fuerte aquello de “tú mismo”, para que recuerden siempre ser su mejor yo, y no el mejor yo de su amigo, su hermano, su compañero o su vecino. Con sus fortalezas y sus limitaciones, pero siempre dirigiendo su mirada hacia ellos mismos.

Y les pintaríamos de un color llamativo lo de “en cada momento”, porque los años nos enseñan que en cada momento de la vida podemos dar más o menos según las circunstancias, y que preocuparse por aquello que está fuera de nuestro ámbito de control solo resta energías y crea frustraciones.

etiquetas7Sin embargo, muchas veces tenemos las expectativas sobre nuestros hijos tan altas que les colgamos cientos de etiquetas en su maleta: “eres desordenado”, “eres listo”, “eres estudioso”, “eres tímido”, “eres contestón”, “eres serio”, “eres responsable”, “eres fuerte”, “eres trabajador….”.

Algunas de esas etiquetas les acabarán limitando en su vida, les impedirán comportarse de otra manera distinta a la que la etiqueta les dice que son simplemente porque de llevar la pegatina tanto tiempo puesta se lo han acabado creyendo. ¿No os colgaron a vosotros de pequeños una de estas etiquetas que os recuerdan hoy todavía que sois vaguillos, mandones, desordenados, cabezotas o egoístas? ¿No os resulta dificilísimo comportaros de manera diferente a lo que la etiqueta dice cuando estáis en el ámbito en el que os colocaron la etiqueta?

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Otras de esas etiquetas, las positivas, les potenciarán y les harán confiar en sí mismos para embarcarse en nuevas aventuras. Pero con el tiempo, si tienen la sensación de que sólo les valoramos cuando utilizan esa etiqueta, correrán el peligro de convertirse en una pesada cadena que les impida dejar de ser tan “estudiosos”, “perfeccionistas”, “responsables”, “fuertes” o “trabajadores” sin sentirse realmente mal por ello.

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Si queremos que nuestros hijos lleven una única etiqueta en la maleta que diga “se tu mejor yo en cada momento” tenemos que enseñarles a quitarse de encima todas aquellas pegatinas que la gente les coloque y que les hagan pensar que no pueden alcanzar sus sueños. Porque lo cierto es que si creen que pueden alcanzar un sueño lo alcanzarán y si creen que no pueden alcanzarlo no lo alcanzarán.

Y también tenemos que enseñarles que las etiquetas potenciadoras, las que resaltan sus virtudes, tienen que ser como una chaqueta que decides cuando ponerte o quitarte; en el momento en el que sientan que están asfixiados y que esas etiquetas se han convertido en una pesada cadena tienen que saber sentirse libres para quitarse la chaqueta o cambiar a otra más ligera. Contarán con nuestro amor incondicional cuando decidan hacerlo.

Nos encanta cómo Benjamin Zander, director de la Filarmónica de Boston y un auténtico maestro de la motivación traslada este mensaje a todos sus alumnos el primer día de clase. En ese primer día les pone a todos un sobresaliente y les anima a que escriban una redacción en la que cuenten en qué tienen que trabajar para convertirse en esa versión sobresaliente de si mismos. Luego les pide a todos que visionen ese YO sobresaliente, que se enamoren de él, que lo sientan y que se lancen a conseguirlo. Be your best yourself es la primera lección de sus clases de música y probablemente la más importante de toda la carrera de quienes tienen la suerte de tener a Zander como maestro.

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¿Qué nos va a impedir a partir de ahora poner un sobresaliente a cada uno de nuestros hijos y trabajar con ellos para que consigan esa versión sobresaliente de ellos mismos?

¡Feliz fin de semana a todos!

Un recurso para crear huella emocional


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Hoy os traemos un recurso muy sencillo pero enormemente potente para crear momentos emocionalmente intensos con nuestros hijos que además de ayudarnos a fortalecer los vínculos afectivos con ellos nos ayudará a crear lo que se llama huella emocional. Se trata de un talonario de VALES, talones con un VALE POR……. en los que sólo tenéis que rellenar aquel momento especial que queréis compartir con vuestros hijos, aquella experiencia de la que queráis hacerles partícipes o aquella cosa simple de la vida de la que queráis disfrutar con ellos.

VALE POR….un amanecer en la playa. VALE POR…..un saco de cosquillas. VALE POR……bailar nuestra canción favorita en un parque a solas. VALE POR…..desayunar helado. VALE POR…….jugar a la zapatilla por detrás en la arena. VALE POR……..

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Cuando un gran amigo (que algún día os traeremos por aquí porque sus panes también generan emociones positivas) nos descubrió este recurso nos pareció mágico para generar lo que en neurociencia se llama huella emocional. Veréis, la ciencia nos dice ya que las neuronas son como pandillas de amigas que cuando reciben un estímulo se conectan según si son amigas o no. Cuantas más veces se conecten a lo largo del día más duradera es su relación, más huella o surco irá dejando esa conexión y con más facilidad se encontrarán y se conectarán en el futuro. Es decir, que si las neuronas “del enfado” se conectan muchas veces al día acabarán estableciendo entre ellas una relación duradera, una cadena o surco que hará que en el futuro tiendan a volver a conectar. Por el contrario, si una neurona conexiona con otra pero poco a poco se desacostumbran a conexionar se desligarán cada vez más y el camino se irá borrando. Es algo muy parecido a lo que pasa con la amistad: cuanta más relación tienes con una persona más amistad acabas trabando con ella hasta que llega un día que pasa a ocupar parte de tu cadena de amigos. El día que tengas un problema, que estés triste o necesites ayuda ¿a quién llamarás? ¿Qué amigo te vendrá la memoria en primer lugar para contarle tu problema, el primer amigo de la cadena o tu amigo del cole que hace 20 años que no ves?

¿Significa esto que dependiendo de las emociones que generemos ahora nuestras emociones en el futuro serán unas u otras? Sí, dicho de manera muy simplista, eso es justo lo que quiere decir: que cuando nuestras neuronas tienen que elegir qué camino seguir prefieren decidirse por el sendero que ya está hecho, por el camino que está marcado. Cuanto más fuerte sea el impacto emocional generado y más se repita más surco tendrá el camino y más fácil será que las neuronas lo sigan en el futuro.

Así, si marcamos bien fuerte el camino de la alegría y del optimismo es más probable que el día de mañana ante una situación que nos moleste, nos cause ansiedad o nos disguste nuestras neuronas decidan tirar por ese camino en lugar de por el del enfado, la frustración o la depresión.

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Comprenderéis ahora por qué un papelito con un VALE POR se convierte en un preciado regalo para el futuro. Con cada emoción positiva en la niñez no sólo reforzamos la autoestima de nuestros hijos sino que creamos un caminito que tal vez el día de mañana se convierta en un gran surco que les ayude a ser más felices y a hacer más felices a los demás. El talonario de cheques funciona de la siguiente manera: les preparáis el talonario con aquellos VALE POR que creáis que les van a hacer más ilusión y se lo regaláis con un mensaje. Pueden utilizar el vale cuando quieran. Es importante que escribáis actividades o experiencias que estén fácilmente a vuestro alcance y que se lo deis en un momento en que tengáis tiempo suficiente para dedicarles. De lo contrario, si cuando quieren hacer valer su vale les decimos constantemente “ahora no”, “espera que ahora no puedo”, “luego”, “no es buen momento”, el talonario perderá su magia y se producirá en los niños el efecto justo contrario al que queremos. Si no tenéis tiempo suficiente siempre podéis incluirles una notita que diga “Actividad reservada para el capitán de la casa que se activará a partir de las 20.00 hrs”.

No es nada importante el formato del VALE,  ya sabéis que a los niños les haría la misma ilusión un vale con el formato de nuestras fotos, que si queréis podéis descargar e imprimir, que en una servilleta de bar.

Nosotros nos llevamos nuestro talonario este puente (hecho en papelillos caseros de colores porque la impresora no funciona), y esperamos disfrutarlo y crear una huella muy profunda. Esperamos que vosotros también lo disfrutéis con los vuestros. Y, si tenéis por ahí algún otro recurso para generar huella emocional estaremos muy agradecidos de que lo compartáis con nosotros.

¡Feliz fin de semana!