Cómo potenciar la creatividad en los niños


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En cualquiera de sus versiones, estaréis de acuerdo conmigo en que la creatividad es uno de los mayores multiplicadores del talento. Y, en entornos tan volátiles, inciertos, complejos y ambiguos como los que nuestros hijos van a vivir (lo que se conoce como entornos VUCA) la creatividad será, además, lo que les ayude a reinventarse una y otra vez.

Ser creativo no significa tener una idea feliz, ni construir cosas imposibles o un mundo de fantasía al que evadirse. Ser creativo es innovar ideas, conceptos, productos o maneras de hacer las cosas en el mundo de aquí y en el ahora.

¿Cómo se llega a ser creativo? A veces, ser creativo es conectar cosas o ideas y sintetizarlas. Otras veces supone un planteamiento completamente disruptivo, rompedor y desafiante. Y otras, tan sólo significa presentar lo mismo pero de una manera diferente.

Al igual que otras capacidades del cerebro como la memoria, la creatividad puede entrenarse. Así que, ¿por qué no aprovechar la hora de la cena, la cola del médico o el trayecto en metro para potenciar el pensamiento más creativo de nuestros hijos?

A continuación te dejamos algunos ejercicios caseritos para trabajar lo que se conocen como las 3 clases de imaginación o creatividad: la imaginación descriptiva, la imaginación creativa y la imaginación desafiante.

Jugando a ser Steve Jobs, o cómo potenciar la imaginación creativa: ¿Cómo innovarías algo que este en casa? 

Steve Jobs decía que la creatividad simplemente consistía en conectar cosas. Conectar lo que has visto, tus experiencias, y sintetizarlo de forma nueva. Y de hecho, si pensáis qué llevabais a la playa hace 20 años os daréis cuenta de que no está muy lejos de lo que ahora tiene vuestro i-phone. ¿LLevábais un libro, una cámara, los walkman, alguna peli, un mapa y alguna libreta con las recomendaciones de restaurantes? ¿Y no es eso mismo lo que lleváis ahora en vuestro i-phone?

Con este ejercicio lo que pretendemos es que los niños se den cuenta de que ninguna idea es descabellada, sólo tienen que unir lo que saben, disparar una idea nueva y testearla hasta ver si puede convertirse en realidad o no.

Pídele a tu hijo que piense cómo podría mejorar  algo que tenga que usar todos los días en casa. Por ejemplo, el bote de cola cao.

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¿Qué podrías inventar para servirte más rápido el cola cao cada mañana sin derramarlo? Por aquí se les ha ocurrido utilizar un salero para dosificarlo, fabricar una cuchara que lleve el cacao incorporado, que el cola cao venga en pastillas efervescentes, que puedas llamar a los señores del cola cao para que fabriquen pastillitas a medida con la ración justa de cola cao que a ti te gusta, que venga un robot a servirte el cola cao  o que estos polvitos viajen por una especie de corriente de aire desde las armario hasta el vaso como si se tratase de la película de E.T. 

¿Y por qué no? ¿Por qué el cola-cao no puede venir en formato pastillas individuales?

Jugando a ser Ferrán Adriá o cómo potenciar la imaginación desafiante: Contar historias imposibles

Ferrán Adriá decía que la comida tenía que hacer pensar ¿pensar? ¿la comida? Nadie había dicho eso nunca jamás. De la misma manera que nadie se había obligado a cuestionarse todo lo que hace y a renacer cada año como él lo hacía publicando  en el Bulli cómo se hacían las recetas del año pasado. Esa es la imaginación desafiante, la que recurre a la deconstrucción, derriba todas las reglas y  comienza desde cero con una hoja en blanco.

Seguro que cuando cenáis vuestros hijos se mueren por contaros todo su día en el cole, sus aventuras de clase y sus desventuras de patio. Decidles que hoy tienen que prestar mucha atención a lo que cuenta el resto de la familia en la mesa, ya que habrá que seleccionar 4 ó 5 palabras clave del relato de cada uno. Después, al acabar todos, escribid en un post-it las palabras clave de todos que hayáis seleccionado y pedidles a vuestros hijos que construyan una historia en la que incluyan todas esas palabras. Este ejercicio reforzará su atención y les hará familiarizarse con las palabras.

Cuando todos hayan acabado su historia dadle una vuelta de tuerca al juego y pedidles que se inventen una historia completamente descabellada, imposible o absurda en la que utilicen de nuevo todas las palabras de los post-it. Si tenéis algún niño que es muy de razonamiento lógico veréis como este juego le cuesta un poquito más. Y es que, aunque parece fácil, la creatividad disruptiva de Ferrán Adriá es muy complicada.

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Aunque a nosotros las aventuras del patio nos parecen geniales para guiar este juego también podéis utilizar los famosos story cubes que encontraréis en librerías y tiendas de juguetes educativos.

Jugando a ser Don Draper o cómo potenciar la imaginación descriptiva: Salir de la rutina

¿Quién no se ha dejado seducir por las campañas publicitarias de Mad Men? Y es que a veces presentar lo mismo de otra manera diferente cambia completamente la percepción de la realidad. Cuando nos esforzamos en presentarle las cosas a nuestro jefe o nuestro cliente de una manera distinta, cuando les vendemos la misma tortilla francesa de cena a los niños con un toque diferente o nos paramos a pensar qué otras posibles combinaciones tiene nuestro armario la cosa cambia completamente.

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Juega con tus hijos a ser un auténtico Don Draper pidiéndoles que inventen una campaña para un producto en un lugar en el que no tenga utilidad ¿Cómo venderías un trineo en el desierto del Sáhara? ¿Y la misma peli de antes en un pueblo perdido en el que no tengan televisión?

¡Desbloquea, piensa y testea!

¿Vas a ser un padre NASA o un padre APPLE?


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20 de febrero de 1962, la primera misión orbital de la NASA. Todo iba según lo planeado pero, de pronto, una luz de alarma en el control de misiones indicaba que la nave tripulada por el americano John Glenn tenía un problema; el escudo de protección térmica parecía haberse soltado ligeramente y no había certeza de que lograse entrar a salvo en la atmósfera. Había surgido un incidente en una operación planificada desde muchos años antes y ensayada hasta la saciedad.

Planeamiento, planeamiento, planeamiento y más planeamiento hasta llegar al objetivo. Planes a muy largo plazo y planes de contención para caso de emergencia. Desde entonces hasta hoy muy poco ha cambiado la manera de definir la estrategia en la NASA:

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Es la estrategia como nuestros padres nos enseñaron: Pensar en un objetivo a largo plazo y trazar un plan, fase a fase, meta a meta, para llegar a ese objetivo.

Algunas décadas más tarde, en Silicon Valley, un grupo de ingenieros de Apple tiene como misión lanzar un nuevo móvil que revolucionará el mercado. Saben que el software que lleva ese móvil no es perfecto, no importa.  No hay que esperar a tener el producto perfecto, sino el mejor posible según las circunstancias, creer en el producto, salir al mercado y comérselo; después ya se irá perfeccionando.

Su forma de hacer estrategia es distinta. Tienen un objetivo en mente y van planeando y ejecutando, planeando y ejecutando, planeando y ejecutando. La estrategia se va redefiniendo constantemente con cada parche que lanzan al mercado y que hace que el producto sea mejor que el anterior.

Es una estrategia que podríamos resumir como “BETTER NOW THAN PERFECT”.

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Y ahora vosotros os preguntaréis ¿Qué tiene esto que ver conmigo?

Pensad un momento. ¿Acaso no hacemos todos estrategia cuando decidimos tener un hijo? Claro que sí. Y lo normal, además, es que lo hagamos como la NASA, porque esa es la forma tradicional, la que nos enseñaron nuestros padres y la que hemos aprendido en las escuelas de negocios hasta hace bastante poco.

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Imaginamos un modelo ideal de hijo a largo plazo y diseñamos cada fase de esos 20 años que tenemos en la mente para llegar al objetivo final. Antes de que nuestros hijos nazcan ya tenemos planificado que acabarán secundaria fácilmente, se graduarán en alguna universidad, tendrán una carrera profesional atractiva y una familia tradicional o semi tradicional como la nuestra.

Y, realmente, no hay nada malo si eso se cumple; es más, será maravilloso si con eso son felices en la vida.

La cuestión no es que un modelo de estrategia sea bueno y otro malo. La cuestión es qué modelo de estrategia puede ayudar más a mis hijos (y solo a los míos) a ser más felices, siendo realista con el mundo en el que vivo, con mi familia y mi propia realidad.

Si mi hijo es un genio de las letras y además ha descubierto que su verdadera pasión es ser escritor parece que merece la pena volcar todo el esfuerzo en ese talento y sentarnos a definir una estrategia a largo plazo de forma tradicional que le lleve a ganar el Pulitzer. Si en el camino surge un incidente lo solventaremos como la NASA, articulando el plan de emergencia.

Ahora bien, ¿me sirve ese mismo modelo de estrategia cuando mi hijo no tiene clara su vocación, cuando es probable que decida no ser titulado superior, irse a vivir a miles de kilómetros de distancia o crear una familia que yo no habría imaginado ni en sueños? ¿Me sirve cuando es posible que él entienda la felicidad en términos distintos a los que yo manejo?

En estos casos puede nos ayude más hacer las cosas como Apple. Olvidarnos de estrategias y objetivos a 20 años que solo nos crean frustraciones como padres y a nuestros hijos como hijos y enfocarnos en darles a nuestros hijos unos valores o guías de actuación sólidos y válidos para cualquiera que sea la vida que elijan. A partir de ahí,  trabajar planificando y ejecutando, planificando y ejecutando para ayudar a nuestros hijos a lanzar versiones mejores de si mismos cada día.

En el mundo Apple no hay que tener el producto perfecto hoy; ni siquiera tiene sentido imaginar el producto  perfecto porque el mercado avanza tan rápido que, probablemente, si esperamos a ser perfectos  para lanzarlo cuando lo hagamos la versión ya esté demodé. En un mundo así entendido hay que lanzar cada día la mejor versión que podamos y parchearla cuantas veces sea necesario.

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Ahora piensa ¿tu mundo y tus hijos son NASA o Apple? ¿y tu estrategia, es NASA o Apple? ¿os ayuda esa estrategia en casa?

Nos encantará que nos lo cuentes aquí, en el blog, o en las redes sociales, y podamos enriquecernos con tu punto de vista.

¡Sed felices!

 

Ready to change?


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¿Te sientas 5 minutos y te tomas un buen café con nosotros? Tenemos muchas ganas de darte la bienvenida a una nueva temporada de Pepitaliving que hemos diseñado con infinita ilusión, mucho cariño y con un objetivo fundamental: Convertir nuestros hogares en gimnasios emocionales y cocinas de la felicidad duradera.

Queremos que tu casa y la mía se conviertan en espacios únicos para desarrollar nuestra inteligencia emocional y la de nuestras familias. Queremos que al final de este curso te conozcas mejor y conozcas mejor a tus hijos; que tengas más confianza en ti mism@ y ayudes a tus hijos a reforzar su autoestima; que te quieras más y les digas a ellos cuanto les quieres. Queremos que lideres un cambio en tu familia y les empujes cada día a ser un poquito más “emocionalmente inteligentes”. Nuestro objetivo final es que a final de curso te sientas muy orgullos@ de haber trabajado por tu felicidad y la de los demás.

Si estás ya saboreando esa taza de café que nos íbamos a tomar juntos te invitamos a que te relajes mientras ves el siguiente video:

Solo hay una frase que te pedimos que recuerdes durante este año:

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Cuando nos conocemos y nos queremos, cuando tenemos claro nuestro “para qué”, cuando trazamos un plan y trabajamos por él con compromiso y determinación las posibilidades son infinitas. Al igual que los escultores, simplemente tenemos que saber qué cosas hay que remover para poder sacar la obra de arte que todos tenemos dentro.

Podemos transformar nuestra mente en lo que queramos como si de plastilina se tratase.

Uno de los descubrimientos que más nos han motivado en los últimos tiempos es descubrir que no somos prisioneros de nuestra genética ni de la educación que nos dieron nuestros padres o las experiencias infantiles que vivimos. La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro hoy no es el mismo que ayer ni el mismo que será mañana; nuestra mente es tan moldeable como una barra de plastilina a la que podemos dar la forma que queramos con independencia de la edad que tengamos.

Las neuronas se conectan cada segundo siguiendo una especie de rutas o carreteras predeterminadas genéticamente o marcadas a través del aprendizaje desde que somos niños. Vemos la realidad de manera distinta a nuestros amigos o nuestra pareja y reaccionamos como lo hacemos ante esa realidad dependiendo de las conexiones neuronales que se establecen en nuestro cerebro a lo largo y ancho de vías que hemos ido haciendo profundas a base de imitar y repetir el mismo comportamiento durante años.

Hoy sabemos, sin embargo, que nuestro cerebro está capacitado para crear nuevas vías; que podemos marcar nuevas carreteras en el mapeado cerebral por las que las neuronas se conectarán la próxima vez que reciban un estímulo. Algo así como decir que ante un mismo estímulo nuestras neuronas cogerán la autopista A1 en lugar de la A2 y nuestra reacción acabará siendo diferente. Este fenómeno, llamado plasticidad neuronal, es algo absolutamente maravilloso, porque implica que podemos cambiar nuestro comportamiento ante determinados impulsos y que podemos, en definitiva, modelar nuestro temperamento.

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¿Cómo? ¿Cómo podemos escaparnos de la genética y de años y años de aprendizaje?

Consciencia, repetición y emoción son los nuevos ingredientes que os proponemos que nunca falten en vuestra cocina desde hoy.

Para moldear nuestra barra de jabón tenemos que tomar conciencia de quienes somos, tener claro en quien queremos convertirnos y trabajar día a día como artesanos con un cincel. Como en cualquier otro aprendizaje, para que el nuevo surco emocional sea profundo y las nuevas conexiones neuronales sean duraderas necesitamos repetir y repetir el nuevo comportamiento.

Y si además de repetición le añadimos una pizca de emoción la nueva huella emocional será mucho más profunda y duradera. Los aprendizajes con mayor carga emocional general conexiones neuronales más duraderas y nuevos surcos más profundos. Por eso te acuerdas perfectamente de este anuncio de cuando eras niño que empezaba diciendo “al mundo entero quiero dar un mensaje de paz…”, del día que tus hijos aprendieron a montar en bicicleta o del ambiente que rodeaba tu primera ruptura sentimental; porque aquello que aprendemos con el chip emocional activado genera conexiones neuronales más duraderas.

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¿Por qué hemos elegido este mensaje para inaugurar una nueva temporada? ¿Qué queremos trasladarte hoy con todo esto?

  1. Que puedes cambiar. Que nuestra mente está preparada para cambiar y que los ingredientes ya se han descubierto: repetición y emoción. Y que para lanzarse a cocinar con ellos solo es necesario desconectar el botón “automático on”, tomar conciencia de lo que hacemos y querer cambiar.
  2. Que puedes ayudar a tus hijos a cambiar. Que, siendo cierto que la genética influye muchísimo, también lo es que eso sólo significa que hará falta más trabajo y más motivación para llegar a donde quieran. Su mente les acompañará
  3. Que no pasa nada si nos equivocamos como madres o padres, nuestros hijos tienen toda una vida para solucionarlo. Es verdad que hay periodos críticos de aprendizaje como la infancia, en los que nuestra conducta como padres impactará directamente en su autoestima o sus paradigmas mentales o gafas de ver el mundo. Pero lo más maravilloso es que si hoy nos equivocamos ellos tendrán toda una vida para solucionarlo. Su cabeza será tan plástica cuando sean mayores como lo es ahora la nuestra.

Si te has terminado ahora esa buena taza de café que nos estábamos tomando juntos coge un papel y escribe qué quieres conseguir este año. ¿En qué quieres convertirte? Guarda el papel en un sitio que sólo tú conozcas, despréndete de todo lo que no te deja avanzar y lánzate a trabajar por lo que quieres.

En tus manos y en las mías hay posibilidades infinitas.

 ¡Feliz día!

 

Un recurso para crear huella emocional


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Hoy os traemos un recurso muy sencillo pero enormemente potente para crear momentos emocionalmente intensos con nuestros hijos que además de ayudarnos a fortalecer los vínculos afectivos con ellos nos ayudará a crear lo que se llama huella emocional. Se trata de un talonario de VALES, talones con un VALE POR……. en los que sólo tenéis que rellenar aquel momento especial que queréis compartir con vuestros hijos, aquella experiencia de la que queráis hacerles partícipes o aquella cosa simple de la vida de la que queráis disfrutar con ellos.

VALE POR….un amanecer en la playa. VALE POR…..un saco de cosquillas. VALE POR……bailar nuestra canción favorita en un parque a solas. VALE POR…..desayunar helado. VALE POR…….jugar a la zapatilla por detrás en la arena. VALE POR……..

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Cuando un gran amigo (que algún día os traeremos por aquí porque sus panes también generan emociones positivas) nos descubrió este recurso nos pareció mágico para generar lo que en neurociencia se llama huella emocional. Veréis, la ciencia nos dice ya que las neuronas son como pandillas de amigas que cuando reciben un estímulo se conectan según si son amigas o no. Cuantas más veces se conecten a lo largo del día más duradera es su relación, más huella o surco irá dejando esa conexión y con más facilidad se encontrarán y se conectarán en el futuro. Es decir, que si las neuronas “del enfado” se conectan muchas veces al día acabarán estableciendo entre ellas una relación duradera, una cadena o surco que hará que en el futuro tiendan a volver a conectar. Por el contrario, si una neurona conexiona con otra pero poco a poco se desacostumbran a conexionar se desligarán cada vez más y el camino se irá borrando. Es algo muy parecido a lo que pasa con la amistad: cuanta más relación tienes con una persona más amistad acabas trabando con ella hasta que llega un día que pasa a ocupar parte de tu cadena de amigos. El día que tengas un problema, que estés triste o necesites ayuda ¿a quién llamarás? ¿Qué amigo te vendrá la memoria en primer lugar para contarle tu problema, el primer amigo de la cadena o tu amigo del cole que hace 20 años que no ves?

¿Significa esto que dependiendo de las emociones que generemos ahora nuestras emociones en el futuro serán unas u otras? Sí, dicho de manera muy simplista, eso es justo lo que quiere decir: que cuando nuestras neuronas tienen que elegir qué camino seguir prefieren decidirse por el sendero que ya está hecho, por el camino que está marcado. Cuanto más fuerte sea el impacto emocional generado y más se repita más surco tendrá el camino y más fácil será que las neuronas lo sigan en el futuro.

Así, si marcamos bien fuerte el camino de la alegría y del optimismo es más probable que el día de mañana ante una situación que nos moleste, nos cause ansiedad o nos disguste nuestras neuronas decidan tirar por ese camino en lugar de por el del enfado, la frustración o la depresión.

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Comprenderéis ahora por qué un papelito con un VALE POR se convierte en un preciado regalo para el futuro. Con cada emoción positiva en la niñez no sólo reforzamos la autoestima de nuestros hijos sino que creamos un caminito que tal vez el día de mañana se convierta en un gran surco que les ayude a ser más felices y a hacer más felices a los demás. El talonario de cheques funciona de la siguiente manera: les preparáis el talonario con aquellos VALE POR que creáis que les van a hacer más ilusión y se lo regaláis con un mensaje. Pueden utilizar el vale cuando quieran. Es importante que escribáis actividades o experiencias que estén fácilmente a vuestro alcance y que se lo deis en un momento en que tengáis tiempo suficiente para dedicarles. De lo contrario, si cuando quieren hacer valer su vale les decimos constantemente “ahora no”, “espera que ahora no puedo”, “luego”, “no es buen momento”, el talonario perderá su magia y se producirá en los niños el efecto justo contrario al que queremos. Si no tenéis tiempo suficiente siempre podéis incluirles una notita que diga “Actividad reservada para el capitán de la casa que se activará a partir de las 20.00 hrs”.

No es nada importante el formato del VALE,  ya sabéis que a los niños les haría la misma ilusión un vale con el formato de nuestras fotos, que si queréis podéis descargar e imprimir, que en una servilleta de bar.

Nosotros nos llevamos nuestro talonario este puente (hecho en papelillos caseros de colores porque la impresora no funciona), y esperamos disfrutarlo y crear una huella muy profunda. Esperamos que vosotros también lo disfrutéis con los vuestros. Y, si tenéis por ahí algún otro recurso para generar huella emocional estaremos muy agradecidos de que lo compartáis con nosotros.

¡Feliz fin de semana!

 

FamiliaS AuténticaS


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¿Te has cruzado alguna vez con una persona con la que te sientes tan a gusto que te resulta fácil ser TÚ? Una persona con la que te sientes cómodo hablando tal y como hablas tú, pensando como piensas tú, comportándote y sintiendo como te comportas y sientes tú. Ese tipo de personas que nos hacen tan fácil ser como verdaderamente somos son personas auténticas; personas que se conocen, se quieren tal como son, se esfuerzan por ser mejores y tienen claro su para qué en la vida.

¿Y familias? ¿Te has encontrado alguna vez con una familia auténtica, una familia que ha encontrado su lugar en el mundo? No es tan fácil, ¿verdad? Y no lo es porque para encontrar nuestro lugar en el mundo tenemos que ser los protagonistas de la película de nuestra vida, y eso exige conocerse muy bien, quererse mucho y, lo que es más importante, ajustar nuestras expectativas a lo que sabemos que somos, a lo que nuestra familia, y solo la nuestra, es.

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Me explico. ¿Qué veis en las fotos de hoy? ¿Veis una cocina llenita de moscas, un niño que se equivoca y escoge un huevo podrido del corral que accidentalmente cae a la moqueta del salón y lo impregna de un horroroso olor durante 3 días? ¿Veis una niña que se niega rotundamente a hacer turismo en no sé qué pueblo porque los conejos y los perros son su vida? Pues eso también está en las fotos. Esas bucólicas fotografías de una familia en una granja de Dinamarca del siglo XVIII también tienen moscas, olores y pataletas, como cualquier fotografía de un día de vacaciones de una familia con niños pequeños. Si no lo tuvieran sería irreal, pura publicidad.

El problema es que con las redes sociales estamos acostumbrando a nuestra retina a ver momentos muy puntuales de distintas familias que en momentos especiales quieren decirle al mundo que han sido felices, que han disfrutado de un plan divertidísimo, que están muy orgullosos de la manualidad que han hecho o de lo guapos que están los niños ese día. Y nuestra retina recibe tantas fotos de niños peinadísimos, guapísimos, de manualidades súper creativas y de planes mega guay que no distingue que eso no es una familia sino la suma de fotos de muchas familias en momentos muy puntuales de su vida familiar.

¿Qué estamos consiguiendo con eso? Volver loco a nuestro sistema de expectativas familiares, que tenía claro que no podía tener lo que aparece en los anuncios o en las fotos de los famosos pero que ahora ya no tiene tan claro que no haya que tener lo que otras familias tan normales como la nuestra tienen. Cada vez estamos alejando más nuestras expectativas familiares de lo que es asumible en nuestra familia y, así, nos estamos alejando cada vez más de nuestro para qué.

Si queremos ser auténticos tenemos que ser los protagonistas de nuestras propias vidas, escribir el guión de la película que queremos para nuestra familia e interpretarlo.

¿Tú también te has liado al escribir el guión de tu próximo capítulo? No pasa nada, sólo nosotros podemos escribir el siguiente capítulo, y el siguiente, y el siguiente del siguiente. Parece algo obvio pero, sin embargo, es algo de lo que muchas veces nos olvidamos. Te propongo un ejercicio muy fácil. Siéntate solo en el sofá de tu casa, con el mando de la televisión al lado. Ahora imagina que se proyecta delante de ti la historia de TÚ familia. Los protagonistas sois tu, tus hijos y tu pareja. ¿Qué ves? ¿Qué están haciendo tus hijos? ¿Y tu marido, mujer o pareja? ¿Y tú? ¿Cómo es cada uno de los miembros de tu familia? ¿En qué son especiales? ¿Qué ves que quieras cambiar?

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Apostemos por conocer a nuestra familia: ¿Cómo son nuestros hijos? ¿En qué son especiales? ¿Qué queremos cambiar? ¿Y nosotros? ¿Cómo somos? ¿Cuáles son nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora? Para escribir un guión en el que los protagonistas brillen tenemos que conocer cuáles son sus fortalezas y si queremos que cada vez brillen más tenemos que ser valientes, reconocer los defectillos de cada personaje y prepararnos para el cambio.

Apostemos por querernos. ¿Borrarías de la película unas vacaciones familiares sólo porque hay moscas en la cocina? ¿Y entonces por qué vamos a renunciar a disfrutar de nuestra película sólo porque haya cosas en la trama o en los personajes que no nos gusten? Queramos a nuestra familia tal y como es, y enseñemos a los más pequeñines a quererse mucho tal y como son y a no tener miedo a cambiar aquello que no les gusta.

Apostemos por expectativas realistas. Ajustemos las expectativas de nuestra familia a eso, a nuestra familia, a lo que hemos descubierto que somos. Pongámonos expectativas coherentes con nuestro estilo de vida, nuestros horarios, nuestras fortalezas, nuestras áreas de mejora, nuestros gustos y preguntémonos siempre PARA QUÉ.

Para ser una familia auténtica, para estar a gusto al 100% con nosotros, tenemos que ser los directores y protagonistas de nuestra propia película. Conocernos, amar lo que conocemos, tener valentía para mejorar y apostar por aquello que nos ayude a conseguir nuestro para qué.

¡Feliz ý auténtico fin de semana a todos!

Y tú, ¿que vas a hacer?


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Este post es una continuación de la reflexión que la semana pasada compartíamos sobre el talento de nuestros hijos (que puedes encontrar aquí). Hoy os queremos contar que no todo fue fácil para ese hombre que decidió invertir su única moneda en alimentar el talento de su hijo.

El padre de esa historia tuvo que superar momentos de escepticismo, de negación, de necesidad de reafirmación y de miedo antes de decidir confiar en su intuición y, lo que es más importante, en las cualidades de su hijo.

Apostar por aquello que hace felices a nuestros hijos cuando se trata de una faceta no convencional para la sociedad o distinta a nuestras expectativas o tradiciones familiares no es fácil.

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¿La escritura? Se dijo el hombre, ¿Apostar por la escritura? ¿Cuántos escritores llegan a ser famosos? ¿Cuántos hacen siquiera de la escritura un medio de vida? Vemos la vida a través de una finísima tela que se va tejiendo poco a poco y que a veces nos impide ver la realidad. Esa tela no es sino nuestra propia experiencia, nuestras vivencias pasadas. Tanto es así que cuando nuestro cerebro no tiene datos suficientes para sacar sus propias conclusiones acude por inercia mental a las vivencias pasadas que tiene almacenadas. Y así, muchas veces, nos proyectamos en nuestros hijos y creemos ver en ellos situaciones o experiencias que ya hemos vivido.

La experiencia es un activo fundamental en nuestras vidas, pero no puede ser el único”, se dijo el hombre, temeroso de que esa tela a través de la cual veía la vida se hubiese tupido tanto que le impidiese observar la realidad. Fue entonces cuando decidió reflexionar acerca de la formación y la capacidades que él creía que iba a necesitar su hijo para tener un futuro en la sociedad del mañana.

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El padre era consciente de que las cosas estaban cambiando, de que las titulaciones estaban perdiendo peso en los currículums a favor de las experiencias vitales y las capacidades personales. Sabía que muchas de las universidades más prestigiosas o las grandes empresas ya no seleccionaban a sus candidatos por las notas o por su formación, sino por algo mucho más global, por sus competencias y sus experiencias vitales. Sabía que probablemente su hijo no tendría siquiera un único oficio, sino que cambiaria de empresa y tal vez de ámbito de actividad en su trayectoria profesional. Era consciente de la importancia que tenía para su hijo, en una sociedad en la que jubilarse a los 65 parece algo insostenible, el trabajar en algo que de verdad le gustase, que le apasionase cada día.

Y, sin embargo, sus creencias, su experiencia pasada, la cultura heredada y los dictados de la sociedad continuaban obligándole a negar esa nueva realidad.

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Necesitaba buscar información que confirmase que la escritura podía ser un medio de vida, uno bueno. Tecleó en google “Cómo ganarse la vida escribiendo”; y un mundo nuevo se abrió en su pantalla. Desde redactores, a guionistas, editores, directores de gabinetes de prensa, medios de comunicación, etc eran profesiones en las que poder poner todo el talento como escritor. Algo más tranquilo se dijo a si mismo que tal vez la apuesta por la escritura no era tan descabellada.

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Y entonces llegó: El miedo. ¿No sería más fácil invertir la moneda en clases extras de matemáticas o de inglés dos días en semana? El miedo a que su hijo no triunfase, a que lo de la escritura fuese algo pasajero, a que tal vez ni siquiera fuese un verdadero talento, el miedo a perder el maravilloso tiempo de aprendizaje que para todo niño supone la infancia, el miedo a tantas cosas.

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Algo le hizo dejar de pensar en el futuro y concentrarse en el presente. Dejar todas las dudas a un lado y plantearse una única cuestión. “Creo que mi hijo tiene talento” se dijo ¿Y yo qué voy a hacer”. Se acordó de que el talento siempre lleva pasión. ¿Con qué era feliz su hijo”. Se acordó también que no hay talento sin humildad ¿Qué era aquello que a su hijo le gustaba compartir con los demás? De nuevo, todo le llevaba a ese cuaderno y ese lápiz con el que su hijo podía pasarse las horas muertas.

“Tal vez invierta mal mi moneda –se dijo entonces- pero la equivocación será aún mayor si habiendo descubierto el talento de mi hijo no apuesto por él”.

El 60% de nuestros hijos desarrollarán profesiones que ahora nos resultan desconocidas. Empresas como Google han declarado que el expediente académico no sirve como criterio para seleccionar a los candidatos (entrevista en el New York times al Vice President of People Operations at Google) . Se habla ya de la Industria 4.0, la fábrica inteligente y las nuevas necesidades profesionales que ello conlleva.

Y nosotros, ¿Seremos capaces de ver esa nueva realidad, de no aferrarnos a experiencias pasadas, de superar el escepticismo y el miedo para confiar en aquello que distingue a nuestros hijos?  Vale la pena intentarlo, ¿no?

Feliz fin de semana¡

Tu hijo tiene talento


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Erase una vez un padre pobre, muy pobre, que tan sólo tenía una moneda ahorrada. Tenía claro en lo que la quería gastar, en la educación de su hijo. Pensó en aquello con lo que su hijo pudiese ganarse bien la vida, aquello en lo que su hijo destacaba, aquello que se le daba bien;  y no encontró nada especial. Entonces pensó en aquello con lo que su hijo disfrutaba, aquello con lo que se podía entretener horas y horas,  y la imagen de su hijo con un folio y un lápiz en la mano inventando historias le vino a la mente. Esperó a que viniesen las notas del colegio. Lengua era la mejor nota. Entonces le preguntó a su hijo “¿Por qué crees que sacas mejores notas en lengua que en matemáticas?” . Su hijo no lo dudó “Porque me gusta más, papá”. El padre decidió entonces invertir su única moneda en clases de escritura para su hijo que, a partir de ese momento, se sumergía cada sábado en un mundo de fantasía e ilusión.

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Erase una vez otro padre, también pobre, muy pobre, que también decidió gastar su única moneda ahorrada en la educación de su hijo. No dudó ni un instante en que las matemáticas eran aquello que más le ayudaría en el futuro a ganarse la vida, lo que le garantizaría un buen puesto de trabajo. Las notas del segundo cuatrimestre se lo confirmaron, su hijo estaba muy lejos de traer el ansiado sobresaliente en matemáticas. Así que decidió invertir su única moneda en clases extraescolares de matemáticas dos días en semana que, evidentemente, dieron su fruto. El niño paso de ser regular a ser bueno en matemáticas. Si después consiguió o no un buen trabajo o si le gusta o no lo que hace es algo que os dejamos imaginar a vosotros.

¿Y el niño de la primera historia? ¿Qué pasó con él? Pues nunca obtuvo sobresaliente en matemáticas. Las fue aprobando con mucho esfuerzo y constancia, como hay que superar todas las obligaciones de esta vida. Sin embargo, desarrolló su talento para la escritura, lo que le llevó a trabajar en aquello que más le gustaba y a ser extraordinario en su ámbito profesional.

Talento 6Como padres, llevamos tiempo dándole vueltas a esta historia. Nuestros niños crecen y las notas escolares van cobrando cada vez más importancia en casa; y si bien somos tan afortunados que disponemos de más de una moneda que emplear en su educación lo cierto es que nuestro tiempo y el de ellos es un recurso limitado. ¿Dónde invertimos entonces la moneda?.

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Y si al final decidimos apostar por aquello que les diferencia del resto ¿cómo saber identificar eso que les hace únicos?,  ¿tienen nuestros hijos talento?

Las pasadas navidades decidimos resistir el impulso inicial de empezar a leer las notas escolares por las más bajas (son muchos años de cultura heredada en búsqueda del fallo en lugar del logro) y nos paramos a pensar si en esas notas podíamos detectar ya algún talento. Le preguntamos a la mayor de nuestros hijos por qué creía que había sacado mejores notas en esto que en aquello y rápidamente nos contesto “Porque me gusta más” . ¡Ahí estaba! De hecho había estado siempre ahí, delante de nuestras narices: El talento.

Detrás de cualquier niño normal que hace cosas normales y aparentemente no destaca por nada siempre hay algo que le gusta hacer en sus ratos libres, algo que le distingue claramente de sus hermanos y le hace feliz. ¡Eso es el talento!

Puede que dentro de unos años se apasione por otras cosas o que la vida le lleve por otro camino pero, de momento, en nuestra hija, como en todos los niños, hay algo que le hace saltar la chispa, que le apasiona y que le gusta compartir con los demás.

Y entonces, como padres, ¿Dónde invertimos la moneda?