¿Vas a ser un padre NASA o un padre APPLE?


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20 de febrero de 1962, la primera misión orbital de la NASA. Todo iba según lo planeado pero, de pronto, una luz de alarma en el control de misiones indicaba que la nave tripulada por el americano John Glenn tenía un problema; el escudo de protección térmica parecía haberse soltado ligeramente y no había certeza de que lograse entrar a salvo en la atmósfera. Había surgido un incidente en una operación planificada desde muchos años antes y ensayada hasta la saciedad.

Planeamiento, planeamiento, planeamiento y más planeamiento hasta llegar al objetivo. Planes a muy largo plazo y planes de contención para caso de emergencia. Desde entonces hasta hoy muy poco ha cambiado la manera de definir la estrategia en la NASA:

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Es la estrategia como nuestros padres nos enseñaron: Pensar en un objetivo a largo plazo y trazar un plan, fase a fase, meta a meta, para llegar a ese objetivo.

Algunas décadas más tarde, en Silicon Valley, un grupo de ingenieros de Apple tiene como misión lanzar un nuevo móvil que revolucionará el mercado. Saben que el software que lleva ese móvil no es perfecto, no importa.  No hay que esperar a tener el producto perfecto, sino el mejor posible según las circunstancias, creer en el producto, salir al mercado y comérselo; después ya se irá perfeccionando.

Su forma de hacer estrategia es distinta. Tienen un objetivo en mente y van planeando y ejecutando, planeando y ejecutando, planeando y ejecutando. La estrategia se va redefiniendo constantemente con cada parche que lanzan al mercado y que hace que el producto sea mejor que el anterior.

Es una estrategia que podríamos resumir como “BETTER NOW THAN PERFECT”.

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Y ahora vosotros os preguntaréis ¿Qué tiene esto que ver conmigo?

Pensad un momento. ¿Acaso no hacemos todos estrategia cuando decidimos tener un hijo? Claro que sí. Y lo normal, además, es que lo hagamos como la NASA, porque esa es la forma tradicional, la que nos enseñaron nuestros padres y la que hemos aprendido en las escuelas de negocios hasta hace bastante poco.

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Imaginamos un modelo ideal de hijo a largo plazo y diseñamos cada fase de esos 20 años que tenemos en la mente para llegar al objetivo final. Antes de que nuestros hijos nazcan ya tenemos planificado que acabarán secundaria fácilmente, se graduarán en alguna universidad, tendrán una carrera profesional atractiva y una familia tradicional o semi tradicional como la nuestra.

Y, realmente, no hay nada malo si eso se cumple; es más, será maravilloso si con eso son felices en la vida.

La cuestión no es que un modelo de estrategia sea bueno y otro malo. La cuestión es qué modelo de estrategia puede ayudar más a mis hijos (y solo a los míos) a ser más felices, siendo realista con el mundo en el que vivo, con mi familia y mi propia realidad.

Si mi hijo es un genio de las letras y además ha descubierto que su verdadera pasión es ser escritor parece que merece la pena volcar todo el esfuerzo en ese talento y sentarnos a definir una estrategia a largo plazo de forma tradicional que le lleve a ganar el Pulitzer. Si en el camino surge un incidente lo solventaremos como la NASA, articulando el plan de emergencia.

Ahora bien, ¿me sirve ese mismo modelo de estrategia cuando mi hijo no tiene clara su vocación, cuando es probable que decida no ser titulado superior, irse a vivir a miles de kilómetros de distancia o crear una familia que yo no habría imaginado ni en sueños? ¿Me sirve cuando es posible que él entienda la felicidad en términos distintos a los que yo manejo?

En estos casos puede nos ayude más hacer las cosas como Apple. Olvidarnos de estrategias y objetivos a 20 años que solo nos crean frustraciones como padres y a nuestros hijos como hijos y enfocarnos en darles a nuestros hijos unos valores o guías de actuación sólidos y válidos para cualquiera que sea la vida que elijan. A partir de ahí,  trabajar planificando y ejecutando, planificando y ejecutando para ayudar a nuestros hijos a lanzar versiones mejores de si mismos cada día.

En el mundo Apple no hay que tener el producto perfecto hoy; ni siquiera tiene sentido imaginar el producto  perfecto porque el mercado avanza tan rápido que, probablemente, si esperamos a ser perfectos  para lanzarlo cuando lo hagamos la versión ya esté demodé. En un mundo así entendido hay que lanzar cada día la mejor versión que podamos y parchearla cuantas veces sea necesario.

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Ahora piensa ¿tu mundo y tus hijos son NASA o Apple? ¿y tu estrategia, es NASA o Apple? ¿os ayuda esa estrategia en casa?

Nos encantará que nos lo cuentes aquí, en el blog, o en las redes sociales, y podamos enriquecernos con tu punto de vista.

¡Sed felices!

 

Alzheimer y niños


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El otro día, en una reunión de inicio de curso en el colegio, nos trasladaron la importancia de dar a nuestros hijos responsabilidades, de asignarles tareas en casa acordes a su edad. La responsabilidad bien entendida,  sin premios ni castigos, les hace sentirse importantes y útiles en la familia y refuerza notablemente su autoestima.

En ese momento nos acordamos de algo que Josune Méndez de Cruz dice siempre a las personas que conviven con la Enfermedad de Alzheimer de cerca: que los niños pueden aportar mucho y recibir también mucho cuando les hacemos partícipes de esta realidad.

Hoy le hemos pedido que nos acompañe de nuevo y nos cuente un poquito más sobre lo enriquecedor que puede ser para los niños tener responsabilidades sobre un abuelo o abuela con Enfermedad de Alzheimer.

¡Mil gracias por compartir tanto con nosotros Josune!

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Existe hoy día la tendencia de apartar en la medida de lo posible a los niños y adolescentes de esta realidad que sucede en muchos hogares. Lo hacemos con la excusa de protegerles y evitarles el sufrimiento de que vean a su abuelito o abuelita en determinadas condiciones. Sin embargo, nos encontramos ante una maravillosa oportunidad de compartir con nuestros hijos experiencias, vivencias y conversaciones que sin duda les enriquecerán y harán de ellos personas con una sensibilidad especial. Desarrollarán empatía, amor y respeto por los mayores y habilidades de gestión y verbalización de las emociones. Por supuesto, será útil para el desarrollo de su autoestima ya que podrán comprobar cómo su ayuda puede ser muy importante en todo el proceso.

Por otra parte, para las personas con Enfermedad de Alzheimer es muy enriquecedor el contacto con los niños y niñas de la casa, ya que para las personas afectadas se trata de una relación más fácil y que se da entre iguales, al verse reducidas sus capacidades: vocabulario más básico, actividades más simples, …

Por lo tanto, fomentar este tipo de relación se convierte en una verdadera oportunidad para ambas partes.

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¿En qué pueden colaborar los más pequeños de la casa? Aquí algunos ejemplos:

  • Compartir momentos con su abuelito o abuelita viento fotos antiguas. Los niños se sorprenderán de lo bien que recuerda el abuelito todas las historias relacionadas con esas fotos.
  • La música es una forma de conexión impresionante con las personas con demencia. Recopilar música de su época y escucharla y cantar e incluso bailar con ellos puede ser una forma estupenda de pasar un rato divertido con los abuelos. Se sorprenderán de cómo recuerdan la letra y la melodía de las canciones.
  • Si hay una mascota en casa como por ejemplo un perro, siempre que la persona con demencia no le asuste, puede ser también muy enriquecedor que tenga la oportunidad de jugar con él, acariciarle, sacarle a pasear, etc… en compañía de sus nietos.
  • A muchas personas con demencia, sobre todo mujeres, les encantan las muñecas. A través de ellas, al igual que en el caso de los animales, consiguen transmitir muchas emociones que no son capaces de expresar verbalmente. Los pequeños de la casa pueden facilitar esta interacción con gran facilidad. Teniendo en cuenta por supuesto que la abuelita no es una niña y que el trato siempre debe de ser de respeto a un adulto.
  • Los niños pueden compartir con ellos momentos de juego. Una vez más teniendo en cuenta que estamos ante una persona adulta y no conviene ofrecerle juegos muy infantiles. Pero se puede jugar a las cartas, a colorear mandalas, a hacer sopas de letras, jugar al parchís, buscar diferencias, nombrar objetos de los distintos lugares de la casa, …

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Los más mayores de la casa, pueden colaborar de una manera mucho más directa en el cuidado. Y pueden convertirse en un apoyo fundamental para el cuidador principal: pueden sustituir a éste mientras va a su clase de yoga, a la peluquería, a tomar un café con sus amigas, a cenar con su marido, … También pueden acompañar al cuidador principal en el paseo diario con la abuela para que éste le resulte más ameno.

No tengamos miedo a que a partir de cierta edad asuman pequeñas responsabilidades respecto al cuidado de sus abuelos y en consecuencia respecto a la descarga de sus padres en la tarea de cuidadores.

Así, el objetivo de todos debe centrarse en, a pesar de lo duro de la situación, tratar de experimentar una vivencia positiva para toda la familia, incluyendo como vemos, a los más pequeños de la casa. Sin duda, es una experiencia muy dura pero compartida, siempre es mejor.

Josune Méndez de Cruz

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Si estáis interesados en este tema podéis ver también el post que publicamos aquí, sobre las posibilidades de conseguir una experiencia positiva cuando convivimos y nos ocupamos del cuidado de una persona con Enfermedad de Alzheimer.

Pon a punto la relación con tu hijo


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Ayer publicábamos en facebook e instagram el siguiente video bajo la pregunta ¿Qué ocurre cuando le faltas al respeto a tu hijo o él a ti?

El video pretende ser una invitación a que revisemos en qué punto está la relación con cada una de las personas que integran nuestro hogar y, en especial, con nuestros hijos.

¿Tenemos estos tres pilares bien anclados en la relación con nuestros hijos? ¿Y en la relación con nuestra pareja? ¿Y entre nuestros hijos? ¿Hay respeto y confianza entre ellos?

El primer paso para convertir nuestros hogares en gimnasios emocionales y cocinas de la felicidad duradera es poner a punto nuestras relaciones. Y poner a punto una relación supone nada más que revisar cuán sólidos tenemos los 3 pilares sobre los que se levantan todas las relaciones: Atención, Confianza y Respeto.

¿En qué punto de partida estamos?

Si tenéis niños pequeños probablemente estaréis pensando que el palito del respeto es el que más cuesta trabajar. Enseñarles a decir no con respeto, a no hablarnos con malos modales, a no chillar a sus hermanos o sus amigos no resulta una tarea fácil; probablemente porque los niños no son conscientes de qué eso debilita la relación que tenemos con ellos y debilitará las relaciones que en el futuro entablen con quienes se crucen en sus vidas.

Por eso es importante darles otra perspectiva distinta al respeto porque sí o sí, al hecho de que a los padres y no se les puede mentir y punto o a la creencia de que ellos merecen atención incondicional y no deben atender a nadie a cambio. Es importante que interioricen que una relación es estable y duradera cuando los tres palitos son sólidos y que esa solidez depende de dos.

Con el video de hoy también queríamos deciros que no hay padre que no haya perdido la paciencia con sus hijos o su pareja alguna vez y que pueda asegurar que jamás la volverá a perder.

 Cada día nos da una nueva oportunidad para levantar nuestro tipi más alto y fuerte. Para eso sólo hay que echarle ganas, crear un ambiente de equilibrio y armonía en el que trabajar a gusto y lanzarse a trabar codo con codo. Con los niños, además, es fácil: son los grandes expertos en darnos otra oportunidad con la mejor de sus sonrisas.

¿Hay alguien en tu vida con quien te falte uno de los palitos de la relación? ¿Qué pasaría si a esa relación le pusieras el palo que falta?

¡Sed muy felices

Ready to change?


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¿Te sientas 5 minutos y te tomas un buen café con nosotros? Tenemos muchas ganas de darte la bienvenida a una nueva temporada de Pepitaliving que hemos diseñado con infinita ilusión, mucho cariño y con un objetivo fundamental: Convertir nuestros hogares en gimnasios emocionales y cocinas de la felicidad duradera.

Queremos que tu casa y la mía se conviertan en espacios únicos para desarrollar nuestra inteligencia emocional y la de nuestras familias. Queremos que al final de este curso te conozcas mejor y conozcas mejor a tus hijos; que tengas más confianza en ti mism@ y ayudes a tus hijos a reforzar su autoestima; que te quieras más y les digas a ellos cuanto les quieres. Queremos que lideres un cambio en tu familia y les empujes cada día a ser un poquito más “emocionalmente inteligentes”. Nuestro objetivo final es que a final de curso te sientas muy orgullos@ de haber trabajado por tu felicidad y la de los demás.

Si estás ya saboreando esa taza de café que nos íbamos a tomar juntos te invitamos a que te relajes mientras ves el siguiente video:

Solo hay una frase que te pedimos que recuerdes durante este año:

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Cuando nos conocemos y nos queremos, cuando tenemos claro nuestro “para qué”, cuando trazamos un plan y trabajamos por él con compromiso y determinación las posibilidades son infinitas. Al igual que los escultores, simplemente tenemos que saber qué cosas hay que remover para poder sacar la obra de arte que todos tenemos dentro.

Podemos transformar nuestra mente en lo que queramos como si de plastilina se tratase.

Uno de los descubrimientos que más nos han motivado en los últimos tiempos es descubrir que no somos prisioneros de nuestra genética ni de la educación que nos dieron nuestros padres o las experiencias infantiles que vivimos. La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro hoy no es el mismo que ayer ni el mismo que será mañana; nuestra mente es tan moldeable como una barra de plastilina a la que podemos dar la forma que queramos con independencia de la edad que tengamos.

Las neuronas se conectan cada segundo siguiendo una especie de rutas o carreteras predeterminadas genéticamente o marcadas a través del aprendizaje desde que somos niños. Vemos la realidad de manera distinta a nuestros amigos o nuestra pareja y reaccionamos como lo hacemos ante esa realidad dependiendo de las conexiones neuronales que se establecen en nuestro cerebro a lo largo y ancho de vías que hemos ido haciendo profundas a base de imitar y repetir el mismo comportamiento durante años.

Hoy sabemos, sin embargo, que nuestro cerebro está capacitado para crear nuevas vías; que podemos marcar nuevas carreteras en el mapeado cerebral por las que las neuronas se conectarán la próxima vez que reciban un estímulo. Algo así como decir que ante un mismo estímulo nuestras neuronas cogerán la autopista A1 en lugar de la A2 y nuestra reacción acabará siendo diferente. Este fenómeno, llamado plasticidad neuronal, es algo absolutamente maravilloso, porque implica que podemos cambiar nuestro comportamiento ante determinados impulsos y que podemos, en definitiva, modelar nuestro temperamento.

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¿Cómo? ¿Cómo podemos escaparnos de la genética y de años y años de aprendizaje?

Consciencia, repetición y emoción son los nuevos ingredientes que os proponemos que nunca falten en vuestra cocina desde hoy.

Para moldear nuestra barra de jabón tenemos que tomar conciencia de quienes somos, tener claro en quien queremos convertirnos y trabajar día a día como artesanos con un cincel. Como en cualquier otro aprendizaje, para que el nuevo surco emocional sea profundo y las nuevas conexiones neuronales sean duraderas necesitamos repetir y repetir el nuevo comportamiento.

Y si además de repetición le añadimos una pizca de emoción la nueva huella emocional será mucho más profunda y duradera. Los aprendizajes con mayor carga emocional general conexiones neuronales más duraderas y nuevos surcos más profundos. Por eso te acuerdas perfectamente de este anuncio de cuando eras niño que empezaba diciendo “al mundo entero quiero dar un mensaje de paz…”, del día que tus hijos aprendieron a montar en bicicleta o del ambiente que rodeaba tu primera ruptura sentimental; porque aquello que aprendemos con el chip emocional activado genera conexiones neuronales más duraderas.

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¿Por qué hemos elegido este mensaje para inaugurar una nueva temporada? ¿Qué queremos trasladarte hoy con todo esto?

  1. Que puedes cambiar. Que nuestra mente está preparada para cambiar y que los ingredientes ya se han descubierto: repetición y emoción. Y que para lanzarse a cocinar con ellos solo es necesario desconectar el botón “automático on”, tomar conciencia de lo que hacemos y querer cambiar.
  2. Que puedes ayudar a tus hijos a cambiar. Que, siendo cierto que la genética influye muchísimo, también lo es que eso sólo significa que hará falta más trabajo y más motivación para llegar a donde quieran. Su mente les acompañará
  3. Que no pasa nada si nos equivocamos como madres o padres, nuestros hijos tienen toda una vida para solucionarlo. Es verdad que hay periodos críticos de aprendizaje como la infancia, en los que nuestra conducta como padres impactará directamente en su autoestima o sus paradigmas mentales o gafas de ver el mundo. Pero lo más maravilloso es que si hoy nos equivocamos ellos tendrán toda una vida para solucionarlo. Su cabeza será tan plástica cuando sean mayores como lo es ahora la nuestra.

Si te has terminado ahora esa buena taza de café que nos estábamos tomando juntos coge un papel y escribe qué quieres conseguir este año. ¿En qué quieres convertirte? Guarda el papel en un sitio que sólo tú conozcas, despréndete de todo lo que no te deja avanzar y lánzate a trabajar por lo que quieres.

En tus manos y en las mías hay posibilidades infinitas.

 ¡Feliz día!

 

Uno más en casa: El Alzheimer


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Cuando hace casi un año le preguntamos por el Alzheimer sus ojos se iluminaron. No restó ni un ápice de dureza al proceso que las personas con Alzheimer y sus familias tienen por delante cuando el diagnóstico de la enfermedad se cuela en casa. Sin embargo, hay algo en su voz serena y en su cálida mirada que te trasmite esperanza para afrontar este proceso e ilusión por vivirlo desde la ternura, el amor, la gratitud o, como ella dice, el orgullo.

Os estamos hablando de Josune Méndez de Cruz, una gran mujer que tiene muy clara su misión en la vida -“Ayudar a las familias de las personas con Alzheimer”-, y a la que hoy hemos pedido que escriba un post que pueda ayudar a todas esas mujeres y hombres que de la noche a la mañana os habéis tenido que hacer cargo de una nueva situación: uno de vuestros seres más queridos tiene la Enfermedad de Alzheimer.

Tras años prestando ayudas a las familias desde las principales asociaciones españolas de enfermedades neurodegenerativas la visión de Josune es un soplo de aire para quienes conviven con esta enfermedad. Esperamos de corazón que os ayude.

Si alguno deseáis contactar con ella lo podéis hacer dirigiéndole un correo a hola@josunemendez.com

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Cuando en nuestros hogares, después de muchos meses de incertidumbre, de no entender nada, de no reconocer a la persona que tenemos delante, de visitar médicos y más médicos, irrumpe el diagnostico de Enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencia, todo se tambalea y empezamos a hacernos muchísimas preguntas a las que poco a poco tendremos que ir poniendo respuesta: “¿le puedo dejar solo?”, “¿cómo se lo cuento a los niños?”, “¿podré contar con el apoyo de mis hermanos?”, “¿cómo será la evolución de la enfermedad?”, “¿dejará algún día de reconocerme?”, “¿cómo abordamos todos los síntomas?” … y un sinfín de preguntas más que nos atormentan y que en un primer momento resulta muy complicado dar respuesta. Algunas veces, ni siquiera nos planteamos estas cuestiones y optamos por “hacer como si no pasa nada” y dejarnos llevar por la situación “a ver qué pasa”.

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Una vez recibido el impacto que supone el diagnóstico, nos encontramos de pronto ante un proceso que puede durar muchos años y ante el que nunca estamos preparados, por lo que a la vez que nos estamos haciendo todas estas preguntas, se van generando en nosotros un torbellino de emociones que es normal que aparezcan pero que nos van a resultar a menudo muy complicado gestionar y que nos pueden condicionar nuestra labor de cuidadores. Así, es importante que seamos capaces de identificarlas y ponerles nombre.

Las personas que habéis pasado por esta situación seguro que reconocéis algunas de estas emociones:

  • Miedo: “no sé qué le pasará a mi padre con el tiempo”, “tengo miedo a no saber llevar esta situación”, tengo miedo a que esto tenga un impacto negativo en los niños”, “no quiero que por esto mi familia se desestabilice”
  • Inseguridad: “no sé si sabré hacerlo”, “¿cuándo es el momento de llevarle a un centro de día?”, “ya no me arreglo como antes y no me veo guapa”, “tal vez estoy cargando a los niños con demasiada responsabilidad” …
  • Culpa/remordimiento: “no le dedico todo el tiempo que debería”, “tengo mi casa abandonada”, “estoy tomando decisiones en contra de su voluntad” …
  • Tristeza: “no reconozco a mi padre”, “ya no es lo que era y no disfrutamos de las cosas juntos como antes”, …
  • Irritación: “me enfado cuando no hace las cosas bien”, “creo que no se esfuerza lo suficiente”, “por más que le repito las cosas no hay manera”, “tampoco me ha dejado pegar ojo esta noche” …
  • Soledad: “he tenido que dejar mis aficiones”, “ya nadie me llama”, “mis amigas se han cansado ya de escucharme” …
  • Nostalgia: “recuerdo cuando preparaba esa comida de navidad para 25 personas y cuando organizaba la fiesta de cumpleaños de los nietos en el pueblo” …
  • Frustración: “acude a un taller de memoria, pero no hace más que perder facultades”, “no hay nada que hacer, esto va de mal en peor” ….

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Reconocer estas emociones nos ayudará a rodearnos de los apoyos necesarios, y a convertir estas emociones negativas en positivo para conseguir el objetivo de disfrutar de una experiencia positiva de cuidado. Sí, aunque nos parezca difícil, esto es posible. Las emociones como son la ternura, el amor, la satisfacción, el orgullo, la gratitud, el alivio, la serenidad pueden ser una realidad en este tipo de situaciones, si se toman las medidas necesarias. Aquí algunos ejemplos de lo que podemos hacer en este sentido:

  • Buscar ayuda: Sólo con ayuda es posible desarrollar una experiencia positiva de cuidado. Nadie es capaz de abordar una tarea así desde la soledad, y salir airoso. Reconocer que uno solo no puede no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad.
  • No abandonar las relaciones sociales y los pequeños momentos de ocio. Esto nos permite estar conectados a la realidad. Debemos tener en cuenta que algún día la persona que cuidamos fallecerá y que nosotros tendremos que seguir nuestra vida.
  • Buscar la información que va siendo necesaria durante todo el proceso de la enfermedad. Estar informados nos ayudará a entender los síntomas que van apareciendo y actuar de manera correcta.
  • Compartir la experiencia con otros cuidadores que están viviendo la misma experiencia: por ejemplo, participar en los grupos de autoayuda que ofrecen habitualmente las asociaciones de pacientes** puede resultar de gran ayuda.
  • No tomar decisiones importantes en caliente. Como dejar de trabajar, etc., …
  • Involucrar a tu pareja e hijos en el día a día de los cuidados.

Las personas con Enfermedad de Alzheimer nos necesitan. Pero no a cualquier precio. Necesitan sobre todo que les comprendamos, que les demos cariño, que pasemos tiempo con ellos, que sepamos entender sus, a veces, desproporcionadas reacciones, que tengamos paciencia, etc…Porque no debemos olvidar esto nunca: por mucho que vayan perdiendo capacidades, la capacidad de sentir, de percibir nuestra atención y nuestro amor la van a mantener intacta hasta el último día. Debemos, por tanto, concentrar todos los esfuerzos en mantenernos emocionalmente fuertes y cuidarnos, porque solo de esta manera podremos realmente ofrecerles lo que más necesitan de nosotros.

** En http://www.ceafa.es/es/asociaciones-alzheimer, portal de la Confederación Española de Asociaciones de familiares de personas con Alzheimer y otras demencias, podrás encontrar el listado de asociaciones que más cerca están de tu lugar de residencia.

Mañana habrá mil diferencias


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¡Somos más de 1.000! Ya sois más de 1.000 personas las que os habéis unido a nuestro proyecto a través de Facebook.

¿Sabéis que significa para nosotros esto? Significa que podemos cambiar el mundo; que si cada uno de nosotros hace algo hoy por marcar una pequeña diferencia mañana habrá 1.000 diferencias en el mundo.

Significa que si hoy cada uno de nosotros le regala una botella de leche a alguien que lo necesita al final del día habrá 1.000 botellas en el mundo saciando la sed de un pobre. Si mañana cada uno de nosotros abraza a quien lo está pasando mal habrá 1.000 personas recibiendo calor y afecto en el mundo. Si pasado mañana cada uno de nosotros se sienta con sus hijos a explicarles que el matrimonio forzoso de niñas menores de edad es una realidad en países de nuestro entorno habrá más de 1.000 niños conscientes de la vulneración de derechos de la infancia en el planeta.

¿No es grande lo que podemos llegar a construir?

Para nosotros ser más de 1.000 significa esto:

¿Qué cosas te mueven a ti? ¿Qué mueve tu corazón? ¿Qué te hace levantarte de la silla y empujar el árbol? ¿Cuánto tiempo hace que no lo empujas?

Si al final de la vida vamos a hacer algo que marque la diferencia ¿Por qué no empezar hoy? ¿Por qué no aprovechar los meses de verano para salir de nuestra zona de confort y marcar la diferencia? ¿Hay algo en tu casa que si arreglas, pintas o decoras con tus hijos podría llenar de ilusión a alguien que lo necesita más que tú? ¿Hay algún libro en tu estantería que crees que todos los niños tendrían derecho a leer? ¿Hay una receta nueva que quieras probar con tus peques y que podría ser la cena de otra familia?

Retémonos a vivir un verano de experiencias que nos permitan sentir que aportamos y que importamos, que podemos cambiar el mundo por pequeña que sea la diferencia. Al fin y al cabo, la felicidad, la nuestra y la de los demás, no es algo que se busque y se encuentre; la felicidad se construye.

Tu botella de leche, tu abrazo y tu protesta se unirán a mi botella de leche, mi abrazo y mi protesta. Y las botellas de tus hijos a las de los míos. Y entonces ya no seremos 1.000, sino 2.000, 3.000 o quién sabe.

¿Empujamos el árbol juntos?

gracias

 

La empatía se aprende


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Si tuvieras que elegir para tus hijos entre un prestigioso máster en una de las escuelas de negocios más exitosas y la capacidad para empatizar con los demás ¿Qué elegirías? ¿Eliges lo que parece ser la puerta a un prometedor futuro profesional o la capacidad para sintonizar con los sentimientos de los demás, para detectar y comprender lo que se cuece en su interior aun sin estar de acuerdo con ellos?

Sabes que el máster probablemente les abrirá las puertas a un atractivo empleo, pero también sabes que sin la capacidad para sintonizar con las emociones de los demás difícilmente mantendrán ese exitoso empleo o, en el mejor de los casos, su trayectoria profesional será corta, muy corta.

La gran noticia es que no hay que elegir. Los expertos han demostrado algo que en nuestros trabajos y en nuestra vida personal ya intuíamos: que no existe relación entre la empatía y el coeficiente intelectual. Que la empatía se aprende.

¿No os parece eso fantástico? Podemos aprender a ponernos en la piel de los demás como aprendemos a jugar al basket o entrenamos cualquier otra cosa en la vida: practicando, ensayando, equivocándonos y aprendiendo de los errores.

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¿Qué es lo que tenemos que entrenar para desarrollar nuestro músculo de la empatía?

La base de la empatía es el autoconocimiento. Conocer nuestras emociones y tener un registro emocional fluido es la base para captar las emociones de otros. Esto, que parece muy fácil, es bastante complicado si tenemos en cuenta que nuestro vocabulario en cocina es bastante más amplio que nuestro vocabulario emocional. ¿No os ha dicho alguna vez vuestra pareja “¿qué te pasa?” y le habéis respondido un “estoy triste” cuando en realidad dudáis si realmente estáis tristes o más bien enfadados, estresados, cansados o yo que sé qué? De pequeños nos enseñaron cuáles eran los colores primarios y qué pasaba si los mezclabas, pero nadie nos contó cuáles eran las emociones básicas o qué pasaba cuando las mezclabas y a veces no sabemos ni de qué color estamos.

La otra pata el entrenamiento está en la capacidad para captar los mensajes no verbales de los demás, que es el segundo pilar sobre el que se apoya la empatía.

El 90% de los mensajes que emitimos son no verbales. Nuestros gestos, nuestro tono de voz, el movimiento de nuestras manos, nuestra respiración, dicen de lo que pensamos que el mensaje que realmente estamos transmitiendo. ¿Os imagináis qué regalo para la vida supone ser capaz de prestar atención e interpretar esos mensajes no verbales de los demás? Darse cuenta de las emociones que ese día trae el profesor a clase, de las que rodean a ese cliente con el que estamos intentando cerrar un trato, de las que esconde ese quinceañero que nos espera tirado de mala gana en el sofá de casa, etc.

Este verano estamos decididos a entrenar en familia nuestro músculo de la empatía con juegos sencillos que nos ayuden a reconocer nuestras emociones, a ganar en repertorio emocional y a poner poco a poco el foco en los demás. Hoy os dejamos dos ejercicios muy caseritos y simples con los que trabajar esta capacidad con vuestros hijos. Como siempre, ya sabéis que lo mejor es que los aderecéis o los “tuneeis” como mejor se adapten a vuestra familia.

Empatia3aEmpatia5ADADO EMOCIONAL: Con este ejercicio podréis trabajar las dos caras de la empatía, identificar vuestros sentimientos y los de los demás.

En un dado (el nuestro es un dado muy chulo de progapanda pero podéis utilizar cualquier cubilete tipo “rubick”) hemos dibujado la representación de las 5 emociones básicas: ALEGRIA, TRISTEZA, MIEDO, ENFADO y ASCO (Os acordaréis porque son las emociones protagonistas de la peli de Disney DEL REVÉS). En el último lado del dado hemos escrito “Elige otra”.

Cuando nos toca el turno tenemos que acordarnos de una situación en la que hemos sentido la emoción que nos ha salido en el dado. Si nos sale la cara “Elige otra” elegimos otra de las emociones que nos sepamos (Decepción, vergüenza, nerviosismo, esperanza, sorpresa, etc) y recordaremos el momento en el que la sentimos (aquí es donde poco a poco iremos ganando riqueza en el vocabulario).

Para que poco a poco se vayan fijando en el “otro” a veces versionamos un poco el ejercicio y cuando nos toca el turno de dado jugamos a adivinar en qué situación creemos que ha sentido otra persona esa emoción. ¿Te acuerdas de algún momento en que M. pareciese tener miedo? ¿Algún momento en que tu profesora estuviese enfadada? ¿Alguna situación en la que tu amigo F. estuviese alegre?.

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SIN HABLARNOS. Nuestro segundo ejercicio es tan fácil como realizar cualquier trabajo de equipo que se os ocurra en absoluto silencio. ¡Veréis como los resultados os sorprenden incluso a los mayores!

Probad con tareas que los niños tengan dominadas, para no generar ansiedad sobre la tarea. A nosotros nos gusta practicarlo poniendo la mesa o recogiendo su cuarto. Al probarlo percibiréis de inmediato cómo aumenta el contacto visual con vuestros hijos y como sus gestos dicen mucho más de lo que generalmente escuchamos. Un ejercicio potentísimo, de verdad.

Esperamos que disfrutéis mucho de estos dos ejercicios y, ya sabéis, si vosotros tenéis algún otro ejercicio para desarrollar la empatía en los niños, nos encantará conocerlo.

¡Feliz fin de semana!