Uno más en casa: El Alzheimer


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Cuando hace casi un año le preguntamos por el Alzheimer sus ojos se iluminaron. No restó ni un ápice de dureza al proceso que las personas con Alzheimer y sus familias tienen por delante cuando el diagnóstico de la enfermedad se cuela en casa. Sin embargo, hay algo en su voz serena y en su cálida mirada que te trasmite esperanza para afrontar este proceso e ilusión por vivirlo desde la ternura, el amor, la gratitud o, como ella dice, el orgullo.

Os estamos hablando de Josune Méndez de Cruz, una gran mujer que tiene muy clara su misión en la vida -“Ayudar a las familias de las personas con Alzheimer”-, y a la que hoy hemos pedido que escriba un post que pueda ayudar a todas esas mujeres y hombres que de la noche a la mañana os habéis tenido que hacer cargo de una nueva situación: uno de vuestros seres más queridos tiene la Enfermedad de Alzheimer.

Tras años prestando ayudas a las familias desde las principales asociaciones españolas de enfermedades neurodegenerativas la visión de Josune es un soplo de aire para quienes conviven con esta enfermedad. Esperamos de corazón que os ayude.

Si alguno deseáis contactar con ella lo podéis hacer dirigiéndole un correo a hola@josunemendez.com

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Cuando en nuestros hogares, después de muchos meses de incertidumbre, de no entender nada, de no reconocer a la persona que tenemos delante, de visitar médicos y más médicos, irrumpe el diagnostico de Enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencia, todo se tambalea y empezamos a hacernos muchísimas preguntas a las que poco a poco tendremos que ir poniendo respuesta: “¿le puedo dejar solo?”, “¿cómo se lo cuento a los niños?”, “¿podré contar con el apoyo de mis hermanos?”, “¿cómo será la evolución de la enfermedad?”, “¿dejará algún día de reconocerme?”, “¿cómo abordamos todos los síntomas?” … y un sinfín de preguntas más que nos atormentan y que en un primer momento resulta muy complicado dar respuesta. Algunas veces, ni siquiera nos planteamos estas cuestiones y optamos por “hacer como si no pasa nada” y dejarnos llevar por la situación “a ver qué pasa”.

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Una vez recibido el impacto que supone el diagnóstico, nos encontramos de pronto ante un proceso que puede durar muchos años y ante el que nunca estamos preparados, por lo que a la vez que nos estamos haciendo todas estas preguntas, se van generando en nosotros un torbellino de emociones que es normal que aparezcan pero que nos van a resultar a menudo muy complicado gestionar y que nos pueden condicionar nuestra labor de cuidadores. Así, es importante que seamos capaces de identificarlas y ponerles nombre.

Las personas que habéis pasado por esta situación seguro que reconocéis algunas de estas emociones:

  • Miedo: “no sé qué le pasará a mi padre con el tiempo”, “tengo miedo a no saber llevar esta situación”, tengo miedo a que esto tenga un impacto negativo en los niños”, “no quiero que por esto mi familia se desestabilice”
  • Inseguridad: “no sé si sabré hacerlo”, “¿cuándo es el momento de llevarle a un centro de día?”, “ya no me arreglo como antes y no me veo guapa”, “tal vez estoy cargando a los niños con demasiada responsabilidad” …
  • Culpa/remordimiento: “no le dedico todo el tiempo que debería”, “tengo mi casa abandonada”, “estoy tomando decisiones en contra de su voluntad” …
  • Tristeza: “no reconozco a mi padre”, “ya no es lo que era y no disfrutamos de las cosas juntos como antes”, …
  • Irritación: “me enfado cuando no hace las cosas bien”, “creo que no se esfuerza lo suficiente”, “por más que le repito las cosas no hay manera”, “tampoco me ha dejado pegar ojo esta noche” …
  • Soledad: “he tenido que dejar mis aficiones”, “ya nadie me llama”, “mis amigas se han cansado ya de escucharme” …
  • Nostalgia: “recuerdo cuando preparaba esa comida de navidad para 25 personas y cuando organizaba la fiesta de cumpleaños de los nietos en el pueblo” …
  • Frustración: “acude a un taller de memoria, pero no hace más que perder facultades”, “no hay nada que hacer, esto va de mal en peor” ….

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Reconocer estas emociones nos ayudará a rodearnos de los apoyos necesarios, y a convertir estas emociones negativas en positivo para conseguir el objetivo de disfrutar de una experiencia positiva de cuidado. Sí, aunque nos parezca difícil, esto es posible. Las emociones como son la ternura, el amor, la satisfacción, el orgullo, la gratitud, el alivio, la serenidad pueden ser una realidad en este tipo de situaciones, si se toman las medidas necesarias. Aquí algunos ejemplos de lo que podemos hacer en este sentido:

  • Buscar ayuda: Sólo con ayuda es posible desarrollar una experiencia positiva de cuidado. Nadie es capaz de abordar una tarea así desde la soledad, y salir airoso. Reconocer que uno solo no puede no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad.
  • No abandonar las relaciones sociales y los pequeños momentos de ocio. Esto nos permite estar conectados a la realidad. Debemos tener en cuenta que algún día la persona que cuidamos fallecerá y que nosotros tendremos que seguir nuestra vida.
  • Buscar la información que va siendo necesaria durante todo el proceso de la enfermedad. Estar informados nos ayudará a entender los síntomas que van apareciendo y actuar de manera correcta.
  • Compartir la experiencia con otros cuidadores que están viviendo la misma experiencia: por ejemplo, participar en los grupos de autoayuda que ofrecen habitualmente las asociaciones de pacientes** puede resultar de gran ayuda.
  • No tomar decisiones importantes en caliente. Como dejar de trabajar, etc., …
  • Involucrar a tu pareja e hijos en el día a día de los cuidados.

Las personas con Enfermedad de Alzheimer nos necesitan. Pero no a cualquier precio. Necesitan sobre todo que les comprendamos, que les demos cariño, que pasemos tiempo con ellos, que sepamos entender sus, a veces, desproporcionadas reacciones, que tengamos paciencia, etc…Porque no debemos olvidar esto nunca: por mucho que vayan perdiendo capacidades, la capacidad de sentir, de percibir nuestra atención y nuestro amor la van a mantener intacta hasta el último día. Debemos, por tanto, concentrar todos los esfuerzos en mantenernos emocionalmente fuertes y cuidarnos, porque solo de esta manera podremos realmente ofrecerles lo que más necesitan de nosotros.

** En http://www.ceafa.es/es/asociaciones-alzheimer, portal de la Confederación Española de Asociaciones de familiares de personas con Alzheimer y otras demencias, podrás encontrar el listado de asociaciones que más cerca están de tu lugar de residencia.

Mañana habrá mil diferencias


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¡Somos más de 1.000! Ya sois más de 1.000 personas las que os habéis unido a nuestro proyecto a través de Facebook.

¿Sabéis que significa para nosotros esto? Significa que podemos cambiar el mundo; que si cada uno de nosotros hace algo hoy por marcar una pequeña diferencia mañana habrá 1.000 diferencias en el mundo.

Significa que si hoy cada uno de nosotros le regala una botella de leche a alguien que lo necesita al final del día habrá 1.000 botellas en el mundo saciando la sed de un pobre. Si mañana cada uno de nosotros abraza a quien lo está pasando mal habrá 1.000 personas recibiendo calor y afecto en el mundo. Si pasado mañana cada uno de nosotros se sienta con sus hijos a explicarles que el matrimonio forzoso de niñas menores de edad es una realidad en países de nuestro entorno habrá más de 1.000 niños conscientes de la vulneración de derechos de la infancia en el planeta.

¿No es grande lo que podemos llegar a construir?

Para nosotros ser más de 1.000 significa esto:

¿Qué cosas te mueven a ti? ¿Qué mueve tu corazón? ¿Qué te hace levantarte de la silla y empujar el árbol? ¿Cuánto tiempo hace que no lo empujas?

Si al final de la vida vamos a hacer algo que marque la diferencia ¿Por qué no empezar hoy? ¿Por qué no aprovechar los meses de verano para salir de nuestra zona de confort y marcar la diferencia? ¿Hay algo en tu casa que si arreglas, pintas o decoras con tus hijos podría llenar de ilusión a alguien que lo necesita más que tú? ¿Hay algún libro en tu estantería que crees que todos los niños tendrían derecho a leer? ¿Hay una receta nueva que quieras probar con tus peques y que podría ser la cena de otra familia?

Retémonos a vivir un verano de experiencias que nos permitan sentir que aportamos y que importamos, que podemos cambiar el mundo por pequeña que sea la diferencia. Al fin y al cabo, la felicidad, la nuestra y la de los demás, no es algo que se busque y se encuentre; la felicidad se construye.

Tu botella de leche, tu abrazo y tu protesta se unirán a mi botella de leche, mi abrazo y mi protesta. Y las botellas de tus hijos a las de los míos. Y entonces ya no seremos 1.000, sino 2.000, 3.000 o quién sabe.

¿Empujamos el árbol juntos?

gracias

 

Cómo arruinarse el verano


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Es el final de una agoradora jornada en Disneyland y los autobuses que regresan del parque van cagados de niños sobre estimulados y exhaustos, y de padres completamente agotados. La gente empieza a protestar por todo, por el calor, por la velocidad, por esperar a otros pasajeros….. Lo que ha sido un maravilloso día tiene el riesgo de acabar en llantos y malas contestaciones.

Algo parecido ocurre, al menos en nuestra casa, con algunas tardes de verano, en las que se prepara una suerte de tormenta perfecta con los niños con riesgo de acabar en un tornado. Si habéis sufrido alguna de estas tardes sabéis perfectamente a qué nos referimos. Si todavía no lo habéis experimentado y sois tan locos que queréis probar cómo generar la tormenta perfecta con vuestros hijos aquí van algunas recomendaciones que seguro que os ayudarán a arruinaros el mes de julio.

TiemposApura los tiempos. El verano es esa época del mamá, ¿podemos quedarnos cinco minutos más? Y si realmente fuesen cinco minutos la cosa quedaría ahí. Pero son cinco minutos más de piscina, cinco más de futbol, cinco más para despedirse de los amigos. Cinco minutos que acaban siendo quince por cada uno de los retoños que tenemos en casa. Y, al final, cuando entramos en casa cuarenta minutos más tarde de lo previsto, la ecuación [ducha + cena + dientes + cuento = a las 21.30 en la cama] no sale. Y para colmo los niños tienen el modo “verano –on” encendido. Resultado = en la cama no antes de las 22.30.

GritarLlama a tus hijos a gritos. Una vez dentro de casa lo mejor de todo para acabar en llanto es querer hacer todo el doble de rápido (para compensar los cuarenta minutos que llevamos de retraso) e ir dando órdenes a gritos a los niños. Poner rápido la lavadora de las toallas a la vez que gritamos ¡A la ducha!; Oír la ducha sin cesar durante más de cinco minutos mientras preparamos la cena y volver a gritar ¡Cierra ya el grifo, que se va a acabar el agua del mundo!; Poner la mesa y llamarles al grito de ¡A cenar! ; y a los tres minutos volver a gritar ¡bajad ya a cenar, que se va a quedar frio! ; y volver a gritar dos minutos más tarde, y al final, cuatro gritos después, plantarse en el resquicio de la puerta de la habituación y gritarles ¿pero es que no me oís que os estoy llamando para cenar?, y ver como ponen cara de haba y niegan con la cabeza.

MinutoNo te reserves ni un minuto para ti. Como resultado del cinco minutos más unido al modo “verano-on” de los niños, para cuando acabas de recoger la cocina, preparar las mochilas del día siguiente, tender la lavadora y conectarte al correo del trabajo ya es la hora de la cenicienta; y no te ha dado tiempo ni a abrir una hoja de aquel libro que te compraste, precisamente, para verano. Un par de noches seguidas siguiendo esta regla son suficientes para comenzar el día siguiente muy motivada para hacer frente a otra jornada piscinera con los niños.

DeberesSe muy estricto con los deberes. Mantente inflexible con los deberes de verano. Da igual que los niños lleguen hechos un trapo del campamento, que el calor sea insoportable, que los vecinitos vengan a buscarles para ir a la piscina. Si te habías marcado como objetivo una página del libro de vacaciones de verano cada día no se te ocurra dejarles ir a la piscina ni darles un bocata de chocolate hasta que la página no esté acabada.

SerperfectaIntenta ser perfecto. Este es sin duda nuestro consejo estrella para esos días de verano en los que en la oficina hay más trabajo que nunca, hace un calor insoportable, tienes que hacer ingeniería espacial para llegar a buscar a los niños a la salida del campamento urbano y luego sobrevivir a una tarde de piscina comunitaria. Ante todo, no te saltes las cinco raciones de frutas y verduras diarias y los demás affairs propios de la perfección.

Regalémonos cinco minutos para reflexionar. Lo que pensamos, hacemos y decimos este verano influirá en lo que piensen, hagan y digan en sus futuros veranos. Y no nos van a recordar precisamente por el número de raciones de frutas y verduras que tomaban al día. Y sí, cuando nos miran con cara de alelaos y nos dicen que no nos han oído gritarles diez veces A cenar es que, de verdad, estaban abducidos con el i-pad o el juego y no nos han oído. Y gritar solo servirá para hacernos la espera más desquiciante a nosotros mismos .Y sí, las mates y los dictados son muy importantes, pero si nuestros hijos no son de esos pocos afortunados que pueden hacer los deberes después de desayunar, cuando están despejados y fresquitos, tal vez tengamos que recurrir a la imaginación y la creatividad para que practiquen mates y lengua con algo que no sea el tradicional libro de vacaciones. Y, por supuesto que sí, que son unos pesados con eso de los cinco minutos más; pero lo preocupante sería que siendo niños no tuviesen ganas de exprimir cada minuto de su tarde  Y, por supuesto que también, que nosotros también nos merecemos “cinco minutos más” para ojear un libro antes de irnos a la cama; así que tendremos que recurrir a esa súper motivación que supone para ellos el verano y empezar a negociar colaboración en las tareas domésticas, para que así todos podamos disfrutar de esos cinco minutos más veraniegos.

Por cierto, ¿sabéis como lo hacen en Disneyland? Gestionando emociones. Conscientes de los estragos que puede hacer el cansancio sobre una intensa jornada llena de emociones y conscientes de que las emociones son tremendamente pegajosas, el conductor del autobús del que hablábamos arriba comienza a cantar “Bajo el mar” cuando los primeros pasajeros se muestran quejosos. Al momento, prácticamente todo el autobús se ha olvidado de sus motivos de queja y se ha unido a cantar cual cangrejo Sebastián. ¿Os imagináis que pasaría si el conductor se pusiera a dar órdenes a voces a los pasajeros?

¡Feliz día y a por una maravillosa tarde de verano!

Madres, 40, Sueños


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Queremos que el post de hoy sea nuestro regalo para todas aquellas madres que os pasáis por aquí. Una pequeña reflexión que os haga ser conscientes de todo lo que sois y os motive a perseguir vuestro sueño por muy larga que tenga que ser la fecha de caducidad.

Leíamos hace unos días en una web sobre parenting británica, Mumsnet, que la edad de los 40 es una edad complicada para una mujer. Es la edad a la que la mayoría de las mujeres con hijos o cargas familiares renuncian definitivamente a su sueño. Es lo que se llama el castigo de la maternidad: mujeres agotadas que se sienten culpables por no ser suficientemente buenas en su trabajo, que tienen que cuidar a sus hijos y vislumbran ya que pronto tendrán que comenzar a cuidar a sus padres. Mujeres que poco a poco, a base de renuncias, van limando su autoestima profesional hasta decir basta y renunciar definitivamente a sus sueños, con el temor constante a no hacer bien las cosas en ninguna faceta de sus vidas.

A todas esas mujeres les queremos decir hoy que echen la vista atrás y hagan un ejercicio de reflexión. ¿Acaso la maternidad no les ha convertido en mejores profesionales? Sí, somos mejores profesionales desde que somos madres, aunque muchas de nosotras no seamos conscientes de ello. Y lo somos porque a la formación que hizo que nos contrataran y a la experiencia que hemos ido acumulando con los años le añadimos la inteligencia emocional que cada día vamos ganando gracias a nuestros hijos.

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Desde que soy madre salgo pitando de las reuniones del trabajo, eso que llaman networking ha desaparecido de mi vocabulario, tengo la sensación de que dejo las cosas a medias, que estoy constantemente haciendo malabarismos y que no doy suficiente en ningún sitio. Sin embargo, si lo pienso bien, sé que desde que soy madre me he convertido en una persona mucho más compasiva, menos autoritaria y más flexible; me preocupo cada día por tener más empatía, por ser más generosa, por hablar mejor, por saber enfadarme mejor, por escuchar mejor; por no buscar la excelencia con exigencia sino con motivación, por celebrar cada éxito y transmitir ilusión. Y lo hago mejor cada día, porque mi motivación es más fuerte que ninguna: mi motivación son mis hijos, y el ejemplo que sé que soy para ellos. Cada tarde intento enseñar a mis hijos a que expresen con asertividad aquello que no les guste, a que le hagan frente al miedo con recursos, a que antepongan siempre la generosidad a cualquier valor, a que sean perseverantes, busquen  su excelencia personal y la de su equipo en la motivación y a que sean optimistas y compasivos.

¿Y no es justo esto lo que se le pide a un líder? ¿Acaso no nos estamos convirtiendo estos años en grandes líderes? Las empresas destinan cada día más recursos a fomentar la inteligencia emocional de sus empleados y nosotras no nos damos cuenta de que aquí llevamos mucho trabajo hecho. Porque cada día desde que nacieron nuestros hijos practicamos habilidades emocionales y lo hacemos con una motivación mucho mayor que cualquier curso o workshop en nuestra empresa. Nuestra motivación por el cambio es la mayor que puede existir, es el querer ser ejemplo para nuestros hijos.

Desde aquí les queremos decir a todas esas madres que ven cada día como su autoestima profesional se va haciendo chiquitita que no renuncien a sus sueños sólo porque ahora mismo no los puedan realizar. ¿Quién dijo que nuestros sueños tienen que tener la misma caducidad que una bolsa de guisantes congelados?

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Seamos valientes para soñar con lo que de verdad queremos y aprovechemos esta etapa de la vida para trabajar poco a poco en nuestro sueño. No renunciemos a saltar por el trampolín solo porque ahora no podemos y aprovechemos estos años para prepararnos y entrenar.  Si no perdemos un ápice de confianza en nosotras mismas, el día de mañana, cuando decidamos saltar, lo haremos perfectamente preparadas y con una inteligencia emocional a nuestras espaldas que hará que los demás se alegren del salto.

¿Planes a 3, 5 ó 10 años vista? ¿Y por qué no? Sólo nosotras sabemos que eso no importa ¿Verdad?, porque cada día ejercitamos un músculo que se llama paciencia. Esa misma paciencia que todas las tardes ponemos en práctica con nuestros hijos será la que nos ayude a alcanzar nuestros sueños, aunque tengamos que esperar.

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Hoy nos gustaría deciros no renunciéis a saltar por el trampolín que os guste, porque aunque no lo sepáis cada día estáis más preparadas para ello. Soñad con lo que queréis, creed en vosotras mismas y trazad vuestra ruta de vuelo hacia ello, despacio, con paciencia y confianza, como solo las madres sabemos. Y si en algo creéis que debéis mejorar aprovechad ese tiempo para buscar los recursos necesarios que os hagan perder el miedo el día de mañana a tiraros por ese trampolín. Cuando dudéis u os hagan sentir que sois peores profesionales acordaros del cambio que seguro habéis experimentado desde que empezasteis a trabajar hasta ahora, y lo grandes que os estáis convirtiendo gracias a la inteligencia emocional que cada día intentáis practicar. Porque eso, vale mucho.

Esperamos que hoy os miréis al espejo, os dediquéis un momento a vosotras mismas y os deis cuenta de que cada día sois más y mejor. Sois mujeres, madres y tenéis sueños.

¡Sed felices!

 


FamiliaS AuténticaS


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¿Te has cruzado alguna vez con una persona con la que te sientes tan a gusto que te resulta fácil ser TÚ? Una persona con la que te sientes cómodo hablando tal y como hablas tú, pensando como piensas tú, comportándote y sintiendo como te comportas y sientes tú. Ese tipo de personas que nos hacen tan fácil ser como verdaderamente somos son personas auténticas; personas que se conocen, se quieren tal como son, se esfuerzan por ser mejores y tienen claro su para qué en la vida.

¿Y familias? ¿Te has encontrado alguna vez con una familia auténtica, una familia que ha encontrado su lugar en el mundo? No es tan fácil, ¿verdad? Y no lo es porque para encontrar nuestro lugar en el mundo tenemos que ser los protagonistas de la película de nuestra vida, y eso exige conocerse muy bien, quererse mucho y, lo que es más importante, ajustar nuestras expectativas a lo que sabemos que somos, a lo que nuestra familia, y solo la nuestra, es.

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Me explico. ¿Qué veis en las fotos de hoy? ¿Veis una cocina llenita de moscas, un niño que se equivoca y escoge un huevo podrido del corral que accidentalmente cae a la moqueta del salón y lo impregna de un horroroso olor durante 3 días? ¿Veis una niña que se niega rotundamente a hacer turismo en no sé qué pueblo porque los conejos y los perros son su vida? Pues eso también está en las fotos. Esas bucólicas fotografías de una familia en una granja de Dinamarca del siglo XVIII también tienen moscas, olores y pataletas, como cualquier fotografía de un día de vacaciones de una familia con niños pequeños. Si no lo tuvieran sería irreal, pura publicidad.

El problema es que con las redes sociales estamos acostumbrando a nuestra retina a ver momentos muy puntuales de distintas familias que en momentos especiales quieren decirle al mundo que han sido felices, que han disfrutado de un plan divertidísimo, que están muy orgullosos de la manualidad que han hecho o de lo guapos que están los niños ese día. Y nuestra retina recibe tantas fotos de niños peinadísimos, guapísimos, de manualidades súper creativas y de planes mega guay que no distingue que eso no es una familia sino la suma de fotos de muchas familias en momentos muy puntuales de su vida familiar.

¿Qué estamos consiguiendo con eso? Volver loco a nuestro sistema de expectativas familiares, que tenía claro que no podía tener lo que aparece en los anuncios o en las fotos de los famosos pero que ahora ya no tiene tan claro que no haya que tener lo que otras familias tan normales como la nuestra tienen. Cada vez estamos alejando más nuestras expectativas familiares de lo que es asumible en nuestra familia y, así, nos estamos alejando cada vez más de nuestro para qué.

Si queremos ser auténticos tenemos que ser los protagonistas de nuestras propias vidas, escribir el guión de la película que queremos para nuestra familia e interpretarlo.

¿Tú también te has liado al escribir el guión de tu próximo capítulo? No pasa nada, sólo nosotros podemos escribir el siguiente capítulo, y el siguiente, y el siguiente del siguiente. Parece algo obvio pero, sin embargo, es algo de lo que muchas veces nos olvidamos. Te propongo un ejercicio muy fácil. Siéntate solo en el sofá de tu casa, con el mando de la televisión al lado. Ahora imagina que se proyecta delante de ti la historia de TÚ familia. Los protagonistas sois tu, tus hijos y tu pareja. ¿Qué ves? ¿Qué están haciendo tus hijos? ¿Y tu marido, mujer o pareja? ¿Y tú? ¿Cómo es cada uno de los miembros de tu familia? ¿En qué son especiales? ¿Qué ves que quieras cambiar?

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Apostemos por conocer a nuestra familia: ¿Cómo son nuestros hijos? ¿En qué son especiales? ¿Qué queremos cambiar? ¿Y nosotros? ¿Cómo somos? ¿Cuáles son nuestras fortalezas y nuestras áreas de mejora? Para escribir un guión en el que los protagonistas brillen tenemos que conocer cuáles son sus fortalezas y si queremos que cada vez brillen más tenemos que ser valientes, reconocer los defectillos de cada personaje y prepararnos para el cambio.

Apostemos por querernos. ¿Borrarías de la película unas vacaciones familiares sólo porque hay moscas en la cocina? ¿Y entonces por qué vamos a renunciar a disfrutar de nuestra película sólo porque haya cosas en la trama o en los personajes que no nos gusten? Queramos a nuestra familia tal y como es, y enseñemos a los más pequeñines a quererse mucho tal y como son y a no tener miedo a cambiar aquello que no les gusta.

Apostemos por expectativas realistas. Ajustemos las expectativas de nuestra familia a eso, a nuestra familia, a lo que hemos descubierto que somos. Pongámonos expectativas coherentes con nuestro estilo de vida, nuestros horarios, nuestras fortalezas, nuestras áreas de mejora, nuestros gustos y preguntémonos siempre PARA QUÉ.

Para ser una familia auténtica, para estar a gusto al 100% con nosotros, tenemos que ser los directores y protagonistas de nuestra propia película. Conocernos, amar lo que conocemos, tener valentía para mejorar y apostar por aquello que nos ayude a conseguir nuestro para qué.

¡Feliz ý auténtico fin de semana a todos!

Y tú, ¿que vas a hacer?


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Este post es una continuación de la reflexión que la semana pasada compartíamos sobre el talento de nuestros hijos (que puedes encontrar aquí). Hoy os queremos contar que no todo fue fácil para ese hombre que decidió invertir su única moneda en alimentar el talento de su hijo.

El padre de esa historia tuvo que superar momentos de escepticismo, de negación, de necesidad de reafirmación y de miedo antes de decidir confiar en su intuición y, lo que es más importante, en las cualidades de su hijo.

Apostar por aquello que hace felices a nuestros hijos cuando se trata de una faceta no convencional para la sociedad o distinta a nuestras expectativas o tradiciones familiares no es fácil.

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¿La escritura? Se dijo el hombre, ¿Apostar por la escritura? ¿Cuántos escritores llegan a ser famosos? ¿Cuántos hacen siquiera de la escritura un medio de vida? Vemos la vida a través de una finísima tela que se va tejiendo poco a poco y que a veces nos impide ver la realidad. Esa tela no es sino nuestra propia experiencia, nuestras vivencias pasadas. Tanto es así que cuando nuestro cerebro no tiene datos suficientes para sacar sus propias conclusiones acude por inercia mental a las vivencias pasadas que tiene almacenadas. Y así, muchas veces, nos proyectamos en nuestros hijos y creemos ver en ellos situaciones o experiencias que ya hemos vivido.

La experiencia es un activo fundamental en nuestras vidas, pero no puede ser el único”, se dijo el hombre, temeroso de que esa tela a través de la cual veía la vida se hubiese tupido tanto que le impidiese observar la realidad. Fue entonces cuando decidió reflexionar acerca de la formación y la capacidades que él creía que iba a necesitar su hijo para tener un futuro en la sociedad del mañana.

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El padre era consciente de que las cosas estaban cambiando, de que las titulaciones estaban perdiendo peso en los currículums a favor de las experiencias vitales y las capacidades personales. Sabía que muchas de las universidades más prestigiosas o las grandes empresas ya no seleccionaban a sus candidatos por las notas o por su formación, sino por algo mucho más global, por sus competencias y sus experiencias vitales. Sabía que probablemente su hijo no tendría siquiera un único oficio, sino que cambiaria de empresa y tal vez de ámbito de actividad en su trayectoria profesional. Era consciente de la importancia que tenía para su hijo, en una sociedad en la que jubilarse a los 65 parece algo insostenible, el trabajar en algo que de verdad le gustase, que le apasionase cada día.

Y, sin embargo, sus creencias, su experiencia pasada, la cultura heredada y los dictados de la sociedad continuaban obligándole a negar esa nueva realidad.

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Necesitaba buscar información que confirmase que la escritura podía ser un medio de vida, uno bueno. Tecleó en google “Cómo ganarse la vida escribiendo”; y un mundo nuevo se abrió en su pantalla. Desde redactores, a guionistas, editores, directores de gabinetes de prensa, medios de comunicación, etc eran profesiones en las que poder poner todo el talento como escritor. Algo más tranquilo se dijo a si mismo que tal vez la apuesta por la escritura no era tan descabellada.

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Y entonces llegó: El miedo. ¿No sería más fácil invertir la moneda en clases extras de matemáticas o de inglés dos días en semana? El miedo a que su hijo no triunfase, a que lo de la escritura fuese algo pasajero, a que tal vez ni siquiera fuese un verdadero talento, el miedo a perder el maravilloso tiempo de aprendizaje que para todo niño supone la infancia, el miedo a tantas cosas.

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Algo le hizo dejar de pensar en el futuro y concentrarse en el presente. Dejar todas las dudas a un lado y plantearse una única cuestión. “Creo que mi hijo tiene talento” se dijo ¿Y yo qué voy a hacer”. Se acordó de que el talento siempre lleva pasión. ¿Con qué era feliz su hijo”. Se acordó también que no hay talento sin humildad ¿Qué era aquello que a su hijo le gustaba compartir con los demás? De nuevo, todo le llevaba a ese cuaderno y ese lápiz con el que su hijo podía pasarse las horas muertas.

“Tal vez invierta mal mi moneda –se dijo entonces- pero la equivocación será aún mayor si habiendo descubierto el talento de mi hijo no apuesto por él”.

El 60% de nuestros hijos desarrollarán profesiones que ahora nos resultan desconocidas. Empresas como Google han declarado que el expediente académico no sirve como criterio para seleccionar a los candidatos (entrevista en el New York times al Vice President of People Operations at Google) . Se habla ya de la Industria 4.0, la fábrica inteligente y las nuevas necesidades profesionales que ello conlleva.

Y nosotros, ¿Seremos capaces de ver esa nueva realidad, de no aferrarnos a experiencias pasadas, de superar el escepticismo y el miedo para confiar en aquello que distingue a nuestros hijos?  Vale la pena intentarlo, ¿no?

Feliz fin de semana¡

Un otoño con huella


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¿A qué huele tu otoño? ¿Qué color tiene? ¿Cuál es la banda sonora de tu vida este mes? Y tus otoños cuando eras niño, ¿A qué olían? ¿Qué color tenían?

Generalmente guardamos más recuerdos emocionales de los veranos de nuestra infancia que de cualquier otra época del año. ¿Por qué? Puede ser porque en los veranos desplegamos todos nuestros sentidos. Los veranos están llenos de SENSACIONES, desde la textura de un helado hasta la sensación de la piel mojada o el olor del mar. De los veranos guardamos imágenes, sonidos, texturas, olores y sabores que se incorporaban año a año al álbum de sensaciones de la niñez.

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¿Por qué no esforzarnos en disfrutar también del otoño con todos nuestros sentidos? Este otoño nos está dejando unos días tan bonitos, con una luz tan especial y unos colores tan intensos que podría ser uno de estos otoños que dejan huella en el álbum familiar. Y al igual que la actividad que os mostramos en las fotos creemos que lo que de verdad deja huella en los niños son las cosas simples, sin acabar, las más básicas. Las actividades que les regalen SENSACIONES de otoño que nadie pueda borrar en el futuro de su álbum de la niñez, ni de nuestro álbum como padres. Colores, sabores, texturas, olores y sonidos que emerjan de su álbum de recuerdos cuando en el futuro les pregunten ¿A qué huelen tus otoños? ¿Qué color tenían?

Los dibujos que veis en las fotos son nuestra interpretación de las actividades propuestas en ARTE deja tus huellas, de Marion Deuchars, con el que podemos aprender a crear caras, flores, animales y hasta abecedarios utilizando nuestras huellas y las de los niños. Una actividad simple donde las haya que os recomendamos probar con vuestras tribus. De verdad que es la prueba de que a los niños les gustan las cosas muy sencillas.

¡Ojala disfrutéis de muchas sensaciones este fin de semana!