Cómo preparar a nuestros hijos para el vértigo digital


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En estos días en los que la tendencia de todas nuestras empresas es la transformación digital, en los que se habla de digital ninjas, de evangelización digital, del camino a la industria 4.0, de knowmads, y de una auténtica revolución en todos los ámbitos de la sociedad, merece la pena levantar la mirada y preguntarse ¿Dónde están quienes iniciaron esta revolución? ¿Qué sienten los que hoy llamamos líderes digitales? ¿Qué podemos aprender de su experiencia para transmitírselo a nuestros hijos?

Hace un par de semanas tuve la suerte de compartir una mañana muy interesante con profesionales de diversos ámbitos para reflexionar sobre el modelo de liderazgo digital al que nos dirigimos. Allí se habló de tecnología, de intraemprendimiento, de visión, de comunicación, de capacidad de aprender a aprender, de influencia……pero también se habló de vértigo.

En un punto del gran puente que supone la transformación digital los líderes sienten vértigo.

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 Saben que no hay vuelta a atrás, que no pueden darle la espalda a un mundo hiperconectado en el que hasta las citas del médico de cabecera hay que solicitarlas on-line. Pero sienten presión, miedos, inseguridades y vértigo. Presión por la inmediatez que el mundo digital exige, presión por ser malabaristas de los distintos stakeholders de sus compañías, presión por la fina línea que existe entre la vida privada y la pública, miedo a no poder seguir el ritmo, a no poder innovar más………y un profundo vértigo.

Los líderes digitales sienten vértigo. Y nuestros hijos, como líderes digitales que un día serán, también lo sentirán; y además lo harán mucho antes que nosotros, porque ellos, no nos olvidemos, llevan ya ADN digital, y a ellos todo les va a llegar antes.

Después de las miles de fotos colgadas en instragram, los millones de tweets que habrá suyos en la red, los cientos de veces que hayan sido etiquetados en Facebook,  las relaciones que hayan hecho virtualmente y también las que hayan deshecho, se encontrarán a mitad del puente y sentirán vértigo.

¿Qué es lo que hará que llegado el momento del vértigo digital nuestros hijos caminen hacia adelante con paso firme? Un profundo autoconocimiento, una sana autoestima y una mirada alta que les haga encontrar su para qué y ponerlo al servicio de la sociedad.

 ¿Podemos ayudarles nosotros, aquí y ahora, para afrontar ese momento? ¡Claro que sí!

Podemos ayudarles a conocer dónde radica la esencia de su talento. Llegado el vértigo, lo que les impulse será saber muy bien quiénes son y cuáles son sus fortalezas, aquello que ellos y sólo ellos son. Será fundamental que sean capaces de mirar adentro, se concentren en ser ellos mismos más que nunca, y que no intenten imitar el talento de los demás. En momentos de crisis el éxito siempre viene de dentro.

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Si nosotros, aquí y ahora, les ayudamos a conocer cuáles son esas fortalezas y a potenciarlas, les estaremos ayudando doblemente. Por una parte, les estaremos ahorrando tiempo de autoconocimiento para cuando, en mitad del puente digital, necesiten tomar decisiones muy rápidas. Y, sobretodo, les estaremos ayudando a construir una base de autoestima sana, que les haga mirar a los demás de frente, ni por encima ni por debajo, sino de frente.

La autoestima se construye en la niñez, con afecto y reconocimiento. Si nosotros, aquí y ahora, trabajamos para reconocerles y poner en valor sus fortalezas (y no les hacemos creer que son especiales por todo lo que hacen o que todo lo hacen bien) contribuiremos a que nuestros hijos dejen de ser la generación del “me, me, me” o del “selfie” para convertirse en personas que saben que no pueden ser todo lo que quieren en la vida (no son hipermegaguays), pero que tienen un conjunto de fortalezas únicas que, con trabajo y esfuerzo, les sacarán de los precipicios.

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Y si, además, les enseñamos a preguntarse el para qué de las cosas –¿Para qué voy a colgar esto en Linkedin o en FB? ¿Puedo ayudar a alguien?- les estaremos entrenando para que algún día encuentren su para qué en la vida. Cuando encuentren ese para qué y lo orienten al servicio de los demás habrán encontrado la clave no ya para no caerse del puente, sino para mirar y avanzar hacia adelante.

La clave para sobrevivir y ser feliz en esta era digital es ser capaces de manejar tres focos: un foco interior, un foco hacia los demás y un foco hacia la sociedad. Y nosotros, aquí y ahora, les podemos ayudar a empezar a manejarlos.

Feliz día¡

 

Cómo potenciar la creatividad en los niños


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En cualquiera de sus versiones, estaréis de acuerdo conmigo en que la creatividad es uno de los mayores multiplicadores del talento. Y, en entornos tan volátiles, inciertos, complejos y ambiguos como los que nuestros hijos van a vivir (lo que se conoce como entornos VUCA) la creatividad será, además, lo que les ayude a reinventarse una y otra vez.

Ser creativo no significa tener una idea feliz, ni construir cosas imposibles o un mundo de fantasía al que evadirse. Ser creativo es innovar ideas, conceptos, productos o maneras de hacer las cosas en el mundo de aquí y en el ahora.

¿Cómo se llega a ser creativo? A veces, ser creativo es conectar cosas o ideas y sintetizarlas. Otras veces supone un planteamiento completamente disruptivo, rompedor y desafiante. Y otras, tan sólo significa presentar lo mismo pero de una manera diferente.

Al igual que otras capacidades del cerebro como la memoria, la creatividad puede entrenarse. Así que, ¿por qué no aprovechar la hora de la cena, la cola del médico o el trayecto en metro para potenciar el pensamiento más creativo de nuestros hijos?

A continuación te dejamos algunos ejercicios caseritos para trabajar lo que se conocen como las 3 clases de imaginación o creatividad: la imaginación descriptiva, la imaginación creativa y la imaginación desafiante.

Jugando a ser Steve Jobs, o cómo potenciar la imaginación creativa: ¿Cómo innovarías algo que este en casa? 

Steve Jobs decía que la creatividad simplemente consistía en conectar cosas. Conectar lo que has visto, tus experiencias, y sintetizarlo de forma nueva. Y de hecho, si pensáis qué llevabais a la playa hace 20 años os daréis cuenta de que no está muy lejos de lo que ahora tiene vuestro i-phone. ¿LLevábais un libro, una cámara, los walkman, alguna peli, un mapa y alguna libreta con las recomendaciones de restaurantes? ¿Y no es eso mismo lo que lleváis ahora en vuestro i-phone?

Con este ejercicio lo que pretendemos es que los niños se den cuenta de que ninguna idea es descabellada, sólo tienen que unir lo que saben, disparar una idea nueva y testearla hasta ver si puede convertirse en realidad o no.

Pídele a tu hijo que piense cómo podría mejorar  algo que tenga que usar todos los días en casa. Por ejemplo, el bote de cola cao.

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¿Qué podrías inventar para servirte más rápido el cola cao cada mañana sin derramarlo? Por aquí se les ha ocurrido utilizar un salero para dosificarlo, fabricar una cuchara que lleve el cacao incorporado, que el cola cao venga en pastillas efervescentes, que puedas llamar a los señores del cola cao para que fabriquen pastillitas a medida con la ración justa de cola cao que a ti te gusta, que venga un robot a servirte el cola cao  o que estos polvitos viajen por una especie de corriente de aire desde las armario hasta el vaso como si se tratase de la película de E.T. 

¿Y por qué no? ¿Por qué el cola-cao no puede venir en formato pastillas individuales?

Jugando a ser Ferrán Adriá o cómo potenciar la imaginación desafiante: Contar historias imposibles

Ferrán Adriá decía que la comida tenía que hacer pensar ¿pensar? ¿la comida? Nadie había dicho eso nunca jamás. De la misma manera que nadie se había obligado a cuestionarse todo lo que hace y a renacer cada año como él lo hacía publicando  en el Bulli cómo se hacían las recetas del año pasado. Esa es la imaginación desafiante, la que recurre a la deconstrucción, derriba todas las reglas y  comienza desde cero con una hoja en blanco.

Seguro que cuando cenáis vuestros hijos se mueren por contaros todo su día en el cole, sus aventuras de clase y sus desventuras de patio. Decidles que hoy tienen que prestar mucha atención a lo que cuenta el resto de la familia en la mesa, ya que habrá que seleccionar 4 ó 5 palabras clave del relato de cada uno. Después, al acabar todos, escribid en un post-it las palabras clave de todos que hayáis seleccionado y pedidles a vuestros hijos que construyan una historia en la que incluyan todas esas palabras. Este ejercicio reforzará su atención y les hará familiarizarse con las palabras.

Cuando todos hayan acabado su historia dadle una vuelta de tuerca al juego y pedidles que se inventen una historia completamente descabellada, imposible o absurda en la que utilicen de nuevo todas las palabras de los post-it. Si tenéis algún niño que es muy de razonamiento lógico veréis como este juego le cuesta un poquito más. Y es que, aunque parece fácil, la creatividad disruptiva de Ferrán Adriá es muy complicada.

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Aunque a nosotros las aventuras del patio nos parecen geniales para guiar este juego también podéis utilizar los famosos story cubes que encontraréis en librerías y tiendas de juguetes educativos.

Jugando a ser Don Draper o cómo potenciar la imaginación descriptiva: Salir de la rutina

¿Quién no se ha dejado seducir por las campañas publicitarias de Mad Men? Y es que a veces presentar lo mismo de otra manera diferente cambia completamente la percepción de la realidad. Cuando nos esforzamos en presentarle las cosas a nuestro jefe o nuestro cliente de una manera distinta, cuando les vendemos la misma tortilla francesa de cena a los niños con un toque diferente o nos paramos a pensar qué otras posibles combinaciones tiene nuestro armario la cosa cambia completamente.

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Juega con tus hijos a ser un auténtico Don Draper pidiéndoles que inventen una campaña para un producto en un lugar en el que no tenga utilidad ¿Cómo venderías un trineo en el desierto del Sáhara? ¿Y la misma peli de antes en un pueblo perdido en el que no tengan televisión?

¡Desbloquea, piensa y testea!

Como dar un giro a una tarde horrorosa


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¿No hay tardes en las que parece que en vuestra casa se ha posado una nube de mal humor y todo el mundo acaba enfadado con todo el mundo?

Tal vez hayas sido tú la que has tenido un día durísimo y estás cansada; tal vez haya sido tu hijo mayor el que está enfadado por cómo le han salido las cosas en el cole; o el pequeño porque tiene hambre o sueño. Sea como fuere, hay tardes en las que alguien acaba dando un chillido monumental o soltando alguna frase de la que se arrepiente al segundo de acabar.

Cuando alguien entra en casa estresado, enfadado, frustrado, cansado o de mal humor es muy fácil que ese estado de ánimo se contagie a los demás; y lo es porque tenemos unas neuronas, llamadas neuronas espejo, que literalmente imitan lo que perciben generando sensaciones compartidas en un mismo espacio. Es como si estuviésemos conectados con los demás a través de una wifi neuronal y sus emociones fuesen calando en nuestro sistema cuando nuestros bluetooth están activados, de tal manera que un día complicado en el trabajo tiene todas las papeletas de convertirse en una tarde difícil en casa.

En estas tardes los abrazos pueden convertirse en tu mayor aliado porque tienen la capacidad de resetear las wifis neuronales y fuerzan a que las neuronas espejo tengan otro estado de ánimo que imitar.

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 Prueba a cambiar el rumbo de la tarde cambiando su foco de atención con una simple guirnalda o un pompón colgado en el techo de una de las zonas de la casa más transitada. Anúnciales una única regla: hay que dar un abrazo fuerte a quien te cruces debajo del pompón o la guirnalda. Hazte la encontradiza con ellos debajo del pompón y repárteles un par de abrazos. Te sorprenderán las ganas con las que ellos entran al juego y lo rápido que se pueden resetear las wifis neuronales en la casa y dar un giro al estado de ánimo comunitario.

¿Y si ya es tarde y hemos perdido la paciencia?

Si el nivel de catecolaminas en la casa ya ha disparado el grito de alguien contra alguien el abrazo “estrujón” (nombre con el que mi hijo llama a este abrazo especial) os ayudará a relajaros profundamente y a liberar esas catecolaminas que han hecho que perdáis la paciencia.

El abrazo estrujón es un abrazo que descubrimos hace unos meses por casualidad. Un día en que el mediano de mis hijos estaba muy triste le dije qué por qué no nos dábamos un abrazo fuerte, muy fuerte y luego probábamos dejar nuestros brazos blanditos y a respirar profundo. La sensación al acabar fue tan relajante y placentera que los dos quisimos repetirlo y el abrazo estrujón se convirtió entonces en un must de las tardes complicadas. Poco después, al leer el libro Técnicas de relajación diaria , de Mac Kay, My Fanning, P, descubrimos que en realidad nuestro abrazo estaba aplicando la filosofía de “el método de relajación muscular progresiva” de Jacobson, que es el core en el que se basan casi todos los programas de relajación: Contraer y después relajar músculos de todo el cuerpo.

Después de leer más sobre este método hemos incorporado a nuestro abrazo estrujón algunos detalles más de esta técnica de relajación progresiva y la verdad es que ahora os podemos decir que se ha convertido en uno de los grandes descubrimientos del año; un método que te ayuda a contraer y relajar grandes músculos del cuerpo y te permite alcanzar una relajación profunda al tiempo que refuerza los lazos emocionales con tu hijo (con el que precisamente te habías enfadado unos segundos antes).

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¿Cómo se practica el abrazo estrujón?

Inhala profundamente y lleva aire al abdomen. Dile a tu hijo que respire lo más profundo que pueda y que lleve el airea su barriguita. Aguantad la respiración hasta contar siete. Soltad el aire dejando que suene al tiempo que sale por vuestra boca (para que el niño controle qué es la exhalación) y empezad a relajaros.

Repetid la respiración mientras os dais un abrazo lo más fuerte que podáis, fuerte, bien fuerte, mientras mantenéis vuestros puños, antebrazos, bíceps y músculos pectorales tensionados. Mantened el abrazo, así bien tensionados, durante siete segundos y después relajad vuestros puños, brazos, pectorales, etc mientras soltáis el aire ruidosamente. En este punto ya habréis notado como todo vuestro cuerpo se va relajando.

Ahora volved a abrazaros mientras tensionáis la frente y ponéis el ceño más arrugado de enfado que os imaginéis (la idea es tensionar los ojos, la frente, la boca, y arrugar la cara lo más que podáis). Aguantad hasta contar siete y volved a exhalar el aire sintiendo como sale ruidosamente de vuestra boca mientras todo vuestro cuerpo vuelve a relajarse.

Por último, repetid el abrazo bien fuerte mientras tensionáis las piernas, los dedos de los pies y apretáis bien fuerte las nalgas. Mantened la respiración y después aflojad mientras exhaláis  y sentís como vuestro enfado se ha disipado y vuestro cuerpo está relajado.

¡La sensación es única! Completamente liberadora y muy, muy agradable.

El abrazo estrujón es un sencillo ejercicio que os permitirá relajaros junto con vuestros hijos en esos momentos en los que os gustaría desaparecer de casa para ir a una sesión de bikram yoga y en los que en casa lo más urgente bajar el nivel de catecolaminas, esas hormonas que flotaban contagiando el mal humor, y ver las cosas se ven desde otra perspectiva.

Esperamos que lo disfrutéis mucho.

Feliz día¡

Alzheimer y niños


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El otro día, en una reunión de inicio de curso en el colegio, nos trasladaron la importancia de dar a nuestros hijos responsabilidades, de asignarles tareas en casa acordes a su edad. La responsabilidad bien entendida,  sin premios ni castigos, les hace sentirse importantes y útiles en la familia y refuerza notablemente su autoestima.

En ese momento nos acordamos de algo que Josune Méndez de Cruz dice siempre a las personas que conviven con la Enfermedad de Alzheimer de cerca: que los niños pueden aportar mucho y recibir también mucho cuando les hacemos partícipes de esta realidad.

Hoy le hemos pedido que nos acompañe de nuevo y nos cuente un poquito más sobre lo enriquecedor que puede ser para los niños tener responsabilidades sobre un abuelo o abuela con Enfermedad de Alzheimer.

¡Mil gracias por compartir tanto con nosotros Josune!

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Existe hoy día la tendencia de apartar en la medida de lo posible a los niños y adolescentes de esta realidad que sucede en muchos hogares. Lo hacemos con la excusa de protegerles y evitarles el sufrimiento de que vean a su abuelito o abuelita en determinadas condiciones. Sin embargo, nos encontramos ante una maravillosa oportunidad de compartir con nuestros hijos experiencias, vivencias y conversaciones que sin duda les enriquecerán y harán de ellos personas con una sensibilidad especial. Desarrollarán empatía, amor y respeto por los mayores y habilidades de gestión y verbalización de las emociones. Por supuesto, será útil para el desarrollo de su autoestima ya que podrán comprobar cómo su ayuda puede ser muy importante en todo el proceso.

Por otra parte, para las personas con Enfermedad de Alzheimer es muy enriquecedor el contacto con los niños y niñas de la casa, ya que para las personas afectadas se trata de una relación más fácil y que se da entre iguales, al verse reducidas sus capacidades: vocabulario más básico, actividades más simples, …

Por lo tanto, fomentar este tipo de relación se convierte en una verdadera oportunidad para ambas partes.

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¿En qué pueden colaborar los más pequeños de la casa? Aquí algunos ejemplos:

  • Compartir momentos con su abuelito o abuelita viento fotos antiguas. Los niños se sorprenderán de lo bien que recuerda el abuelito todas las historias relacionadas con esas fotos.
  • La música es una forma de conexión impresionante con las personas con demencia. Recopilar música de su época y escucharla y cantar e incluso bailar con ellos puede ser una forma estupenda de pasar un rato divertido con los abuelos. Se sorprenderán de cómo recuerdan la letra y la melodía de las canciones.
  • Si hay una mascota en casa como por ejemplo un perro, siempre que la persona con demencia no le asuste, puede ser también muy enriquecedor que tenga la oportunidad de jugar con él, acariciarle, sacarle a pasear, etc… en compañía de sus nietos.
  • A muchas personas con demencia, sobre todo mujeres, les encantan las muñecas. A través de ellas, al igual que en el caso de los animales, consiguen transmitir muchas emociones que no son capaces de expresar verbalmente. Los pequeños de la casa pueden facilitar esta interacción con gran facilidad. Teniendo en cuenta por supuesto que la abuelita no es una niña y que el trato siempre debe de ser de respeto a un adulto.
  • Los niños pueden compartir con ellos momentos de juego. Una vez más teniendo en cuenta que estamos ante una persona adulta y no conviene ofrecerle juegos muy infantiles. Pero se puede jugar a las cartas, a colorear mandalas, a hacer sopas de letras, jugar al parchís, buscar diferencias, nombrar objetos de los distintos lugares de la casa, …

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Los más mayores de la casa, pueden colaborar de una manera mucho más directa en el cuidado. Y pueden convertirse en un apoyo fundamental para el cuidador principal: pueden sustituir a éste mientras va a su clase de yoga, a la peluquería, a tomar un café con sus amigas, a cenar con su marido, … También pueden acompañar al cuidador principal en el paseo diario con la abuela para que éste le resulte más ameno.

No tengamos miedo a que a partir de cierta edad asuman pequeñas responsabilidades respecto al cuidado de sus abuelos y en consecuencia respecto a la descarga de sus padres en la tarea de cuidadores.

Así, el objetivo de todos debe centrarse en, a pesar de lo duro de la situación, tratar de experimentar una vivencia positiva para toda la familia, incluyendo como vemos, a los más pequeños de la casa. Sin duda, es una experiencia muy dura pero compartida, siempre es mejor.

Josune Méndez de Cruz

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Si estáis interesados en este tema podéis ver también el post que publicamos aquí, sobre las posibilidades de conseguir una experiencia positiva cuando convivimos y nos ocupamos del cuidado de una persona con Enfermedad de Alzheimer.

La empatía se aprende


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Si tuvieras que elegir para tus hijos entre un prestigioso máster en una de las escuelas de negocios más exitosas y la capacidad para empatizar con los demás ¿Qué elegirías? ¿Eliges lo que parece ser la puerta a un prometedor futuro profesional o la capacidad para sintonizar con los sentimientos de los demás, para detectar y comprender lo que se cuece en su interior aun sin estar de acuerdo con ellos?

Sabes que el máster probablemente les abrirá las puertas a un atractivo empleo, pero también sabes que sin la capacidad para sintonizar con las emociones de los demás difícilmente mantendrán ese exitoso empleo o, en el mejor de los casos, su trayectoria profesional será corta, muy corta.

La gran noticia es que no hay que elegir. Los expertos han demostrado algo que en nuestros trabajos y en nuestra vida personal ya intuíamos: que no existe relación entre la empatía y el coeficiente intelectual. Que la empatía se aprende.

¿No os parece eso fantástico? Podemos aprender a ponernos en la piel de los demás como aprendemos a jugar al basket o entrenamos cualquier otra cosa en la vida: practicando, ensayando, equivocándonos y aprendiendo de los errores.

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¿Qué es lo que tenemos que entrenar para desarrollar nuestro músculo de la empatía?

La base de la empatía es el autoconocimiento. Conocer nuestras emociones y tener un registro emocional fluido es la base para captar las emociones de otros. Esto, que parece muy fácil, es bastante complicado si tenemos en cuenta que nuestro vocabulario en cocina es bastante más amplio que nuestro vocabulario emocional. ¿No os ha dicho alguna vez vuestra pareja “¿qué te pasa?” y le habéis respondido un “estoy triste” cuando en realidad dudáis si realmente estáis tristes o más bien enfadados, estresados, cansados o yo que sé qué? De pequeños nos enseñaron cuáles eran los colores primarios y qué pasaba si los mezclabas, pero nadie nos contó cuáles eran las emociones básicas o qué pasaba cuando las mezclabas y a veces no sabemos ni de qué color estamos.

La otra pata el entrenamiento está en la capacidad para captar los mensajes no verbales de los demás, que es el segundo pilar sobre el que se apoya la empatía.

El 90% de los mensajes que emitimos son no verbales. Nuestros gestos, nuestro tono de voz, el movimiento de nuestras manos, nuestra respiración, dicen de lo que pensamos que el mensaje que realmente estamos transmitiendo. ¿Os imagináis qué regalo para la vida supone ser capaz de prestar atención e interpretar esos mensajes no verbales de los demás? Darse cuenta de las emociones que ese día trae el profesor a clase, de las que rodean a ese cliente con el que estamos intentando cerrar un trato, de las que esconde ese quinceañero que nos espera tirado de mala gana en el sofá de casa, etc.

Este verano estamos decididos a entrenar en familia nuestro músculo de la empatía con juegos sencillos que nos ayuden a reconocer nuestras emociones, a ganar en repertorio emocional y a poner poco a poco el foco en los demás. Hoy os dejamos dos ejercicios muy caseritos y simples con los que trabajar esta capacidad con vuestros hijos. Como siempre, ya sabéis que lo mejor es que los aderecéis o los “tuneeis” como mejor se adapten a vuestra familia.

Empatia3aEmpatia5ADADO EMOCIONAL: Con este ejercicio podréis trabajar las dos caras de la empatía, identificar vuestros sentimientos y los de los demás.

En un dado (el nuestro es un dado muy chulo de progapanda pero podéis utilizar cualquier cubilete tipo “rubick”) hemos dibujado la representación de las 5 emociones básicas: ALEGRIA, TRISTEZA, MIEDO, ENFADO y ASCO (Os acordaréis porque son las emociones protagonistas de la peli de Disney DEL REVÉS). En el último lado del dado hemos escrito “Elige otra”.

Cuando nos toca el turno tenemos que acordarnos de una situación en la que hemos sentido la emoción que nos ha salido en el dado. Si nos sale la cara “Elige otra” elegimos otra de las emociones que nos sepamos (Decepción, vergüenza, nerviosismo, esperanza, sorpresa, etc) y recordaremos el momento en el que la sentimos (aquí es donde poco a poco iremos ganando riqueza en el vocabulario).

Para que poco a poco se vayan fijando en el “otro” a veces versionamos un poco el ejercicio y cuando nos toca el turno de dado jugamos a adivinar en qué situación creemos que ha sentido otra persona esa emoción. ¿Te acuerdas de algún momento en que M. pareciese tener miedo? ¿Algún momento en que tu profesora estuviese enfadada? ¿Alguna situación en la que tu amigo F. estuviese alegre?.

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SIN HABLARNOS. Nuestro segundo ejercicio es tan fácil como realizar cualquier trabajo de equipo que se os ocurra en absoluto silencio. ¡Veréis como los resultados os sorprenden incluso a los mayores!

Probad con tareas que los niños tengan dominadas, para no generar ansiedad sobre la tarea. A nosotros nos gusta practicarlo poniendo la mesa o recogiendo su cuarto. Al probarlo percibiréis de inmediato cómo aumenta el contacto visual con vuestros hijos y como sus gestos dicen mucho más de lo que generalmente escuchamos. Un ejercicio potentísimo, de verdad.

Esperamos que disfrutéis mucho de estos dos ejercicios y, ya sabéis, si vosotros tenéis algún otro ejercicio para desarrollar la empatía en los niños, nos encantará conocerlo.

¡Feliz fin de semana!

Lo que aprendimos en LEGOLAND


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LEGOLAND Billund es el primer parque que la marca LEGO abrió en el mundo. Está Dinamarca, en la ciudad donde nació su fundador y en la que está la sede de esta maravillosa casa de ladrillos de colores.

El parque es sencillamente impresionante. Construido con más de 50 millones de piezas lego, es un espacio único de creatividad e imaginación en el que los niños son los auténticos reyes.

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Lego9En LEGOLAND aprendimos que LEGO significa “jugar bien”, que el único límite para crear lo ponemos nosotros mismos y que con los niños menos siempre es más. La razón por la que estos ladrillitos de colores llevan desde 1932 convirtiéndose en el juego favorito de miles de niños estriba en su sencillez. Con lo más sencillo y su imaginación pueden construir lo más grande.

Al entrar en el parque les dimos a los niños un mapa y les dijimos que el día era por y para ellos. Ellos serían los capitanes y decidirían en qué atracciones se montarían y a nosotros nos parecería bien siempre que fuesen atracciones de su edad y los tres pudiesen disfrutar. Así, sin prisas, sin grandes expectativas, sin mega metas o planes perfectos fue como la jornada, además de un maravilloso recuerdo familiar, se convirtió en un gran aprendizaje emocional:

Aprendimos de nuestros hijos que:

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El miedo se vence con ilusión. ¿Qué es lo que hace que niños que nunca han montado en una atracción en la que la altura desde la que se van a descolgar es más de diez veces superior a la suya venzan la sensación de vértigo y quieran subir? ¿Qué les hace vencer el miedo que naturalmente se esperaría al tener que enfrentarse a ese riesgo por primera vez? La pasión, la ilusión por disfrutar de la atracción es lo que hace que la balanza entre lo desconocido y esa nueva experiencia que promete ser divertida se incline hacia este último lado.

A diferencia de lo que hacemos los adultos cuando tenemos que enfrentarnos a un reto nuevo, a algo que nos asusta o nos da miedo -que le pedimos a nuestro cerebro que nos muestre todas las razones lógicas para dar el salto-, ninguno de los niños que allí había se preocupó de preguntar cómo funcionaba el sistema de elevación de la atracción, los resultados del último control de seguridad, el porcentaje de niños que se habían mareado en el último año, etc. Lo que allí sobraba por todas partes era ilusión. Tanta que daban ganas de recogerla en botes y utilizarla para cuando tuviésemos que emprender un nuevo proyecto o dar un nuevo salto en nuestra vida. Y es que, el mayor enemigo para avanzar es el miedo y este sólo no se vence con la razón, como siempre nos han enseñado, sino con ilusión, con verdadera pasión.

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¿Llegar el primero o demostrarte que puedes llegar sólo? Una de las atracciones familiares más populares de LEGOLAND es el parque de bomberos. La atracción es un role play en el que cada familia simula ser una brigada de bomberos que tiene, primero que llegar al foco del incendio y, después, sofocar el fuego. Tanto el coche de bomberos como la bomba de agua se accionan manualmente, como las antiguas bombas. Os podéis imaginar que el objetivo de casi todas las familias es “ganar”. Tantas son las ganas de llegar los primeros que, visto desde fuera, el juego parece más un concurso de padres que un juego de equipo.

¿Qué ocurre en este juego si les damos a los niños un papel activo, si dejamos que el resultado final dependa de su esfuerzo? Pues que perdemos. Llegamos los últimos porque el resto de los padres habrán apartado (literalmente) a sus hijos a un extremo del coche, habrán sudado la gota gorda accionando bombas lo más rápido posible y les habrán hecho creer a los niños que la familia ha ganado gracias a su brillante aportación como animadores.

Perdimos, nuestro coche llegó el último. Y, sin embargo, los niños se sintieron tan orgullosos de su esfuerzo que pidieron volver a montar otra vez para mejorar su posición. Pidieron superarse a sí mismos. ¿No es eso muchísimo mejor que ganar?

En LEGOLAND aprendimos que cuando les hacemos los trabajitos del cole, cuando serramos por ellos la maqueta, pintamos el sistema solar o nos volvemos locos preguntando al resto de las madres por los grupos de wassap nuestros hijos llegan los primeros y ganan, pero probablemente no pidan repetirlo de nuevo para superarse a si mismos.

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¿Llegar a todo o disfrutar por el camino? Como os decíamos antes la ruta la marcaron ellos. Dimos vueltas, giramos sobre nuestros pasos y, a ojos de un adulto, perdimos tiempo. Pero ellos no recuerdan LEGOLAND por no haber visto Imagination Land ni Polar Ice. Ellos recuerdan la experiencia como una de las mejores de su vida.

¿Hubiera sido lo mismo si los mayores lo hubiésemos planificado todo tan al milímetro como siempre, si les hubiésemos marcado el orden exacto de las atracciones? Sinceramente, en un día con las emociones tan a flor de piel dudo que tanta planificación no se hubiese convertido en frustración, enfado y pataleta. ¿Qué sentido tiene a veces llegar a todo desgastándonos con nuestros hijos por el camino?

¡Feliz fin de semana a todos!

Enseñar a los niños a ser su mejor yo


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“Se lo mejor de ti mismo en cada momento”. Si tuviéramos que escoger una única etiqueta que colgar de la maleta de nuestros hijos seguro que sería esta.

Les subrayaríamos bien fuerte aquello de “tú mismo”, para que recuerden siempre ser su mejor yo, y no el mejor yo de su amigo, su hermano, su compañero o su vecino. Con sus fortalezas y sus limitaciones, pero siempre dirigiendo su mirada hacia ellos mismos.

Y les pintaríamos de un color llamativo lo de “en cada momento”, porque los años nos enseñan que en cada momento de la vida podemos dar más o menos según las circunstancias, y que preocuparse por aquello que está fuera de nuestro ámbito de control solo resta energías y crea frustraciones.

etiquetas7Sin embargo, muchas veces tenemos las expectativas sobre nuestros hijos tan altas que les colgamos cientos de etiquetas en su maleta: “eres desordenado”, “eres listo”, “eres estudioso”, “eres tímido”, “eres contestón”, “eres serio”, “eres responsable”, “eres fuerte”, “eres trabajador….”.

Algunas de esas etiquetas les acabarán limitando en su vida, les impedirán comportarse de otra manera distinta a la que la etiqueta les dice que son simplemente porque de llevar la pegatina tanto tiempo puesta se lo han acabado creyendo. ¿No os colgaron a vosotros de pequeños una de estas etiquetas que os recuerdan hoy todavía que sois vaguillos, mandones, desordenados, cabezotas o egoístas? ¿No os resulta dificilísimo comportaros de manera diferente a lo que la etiqueta dice cuando estáis en el ámbito en el que os colocaron la etiqueta?

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Otras de esas etiquetas, las positivas, les potenciarán y les harán confiar en sí mismos para embarcarse en nuevas aventuras. Pero con el tiempo, si tienen la sensación de que sólo les valoramos cuando utilizan esa etiqueta, correrán el peligro de convertirse en una pesada cadena que les impida dejar de ser tan “estudiosos”, “perfeccionistas”, “responsables”, “fuertes” o “trabajadores” sin sentirse realmente mal por ello.

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Si queremos que nuestros hijos lleven una única etiqueta en la maleta que diga “se tu mejor yo en cada momento” tenemos que enseñarles a quitarse de encima todas aquellas pegatinas que la gente les coloque y que les hagan pensar que no pueden alcanzar sus sueños. Porque lo cierto es que si creen que pueden alcanzar un sueño lo alcanzarán y si creen que no pueden alcanzarlo no lo alcanzarán.

Y también tenemos que enseñarles que las etiquetas potenciadoras, las que resaltan sus virtudes, tienen que ser como una chaqueta que decides cuando ponerte o quitarte; en el momento en el que sientan que están asfixiados y que esas etiquetas se han convertido en una pesada cadena tienen que saber sentirse libres para quitarse la chaqueta o cambiar a otra más ligera. Contarán con nuestro amor incondicional cuando decidan hacerlo.

Nos encanta cómo Benjamin Zander, director de la Filarmónica de Boston y un auténtico maestro de la motivación traslada este mensaje a todos sus alumnos el primer día de clase. En ese primer día les pone a todos un sobresaliente y les anima a que escriban una redacción en la que cuenten en qué tienen que trabajar para convertirse en esa versión sobresaliente de si mismos. Luego les pide a todos que visionen ese YO sobresaliente, que se enamoren de él, que lo sientan y que se lancen a conseguirlo. Be your best yourself es la primera lección de sus clases de música y probablemente la más importante de toda la carrera de quienes tienen la suerte de tener a Zander como maestro.

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¿Qué nos va a impedir a partir de ahora poner un sobresaliente a cada uno de nuestros hijos y trabajar con ellos para que consigan esa versión sobresaliente de ellos mismos?

¡Feliz fin de semana a todos!