Make great together


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Queremos iniciar el día con un gran propósito: valorar la singularidad de las mujeres que se crucen en nuestro camino, aprender de ellas y agradecerles aquello en lo que hayan contribuido a hacer nuestra vida un poquito más fácil o más feliz.

Todo empezó con una revista, una revista dirigida a mujeres. En ella se preguntaba Y tú, ¿qué tipo de madre eres? ¿Reglamentista? ¿Roussoniana? ¿Terapeuta? ¿Sin castigos? ¿Culpable? Al leer el título te dan ganas de contestar, pues mire usted, después de trabajar 8 horas diarias, disculparme por salir antes de una reunión para ir a buscar a los niños, intentar que dos de ellos hagan los deberes, que la pequeña no se mate con los tacones por casa, sacar una lavadora, poner otra, superar una pataleta y preparar la cena, diría que soy más bien madre superviviente. Entre lavadora y lavadora intento educar a mis hijos lo mejor que sé, poniendo en práctica lo mejor que aprendí de mis padres y formándome para educarles de otra manera en aquellas cosas que creo que puedo mejorar. Y lo intento hacer con ilusión, con mucho cariño y disfrutando de cada momento del día, aunque esto último dependa del nivel de cansancio y las pataletas que hayamos superado en cada tarde.

Sin embargo, aunque te dan ganas de contestarle así al papel que tienes delante lo que haces es leerlo. Y, sin querer, haces un ejercicio mental tratando de identificarte con uno de los estereotipos de madre sugeridos para luego mortificarte por ser una madre helicóptero, roussoniana, culpable o algún que otro tipo que suena fatal.

A los pocos días vas y lees con tristeza en un blog que hay una corriente de mujeres que critica duramente el modelo de mujer que parece revivir los fifties americanos, cosiendo a mano los disfraces de sus hijos y preparándoles cup-cakes caseritos para los cumpleaños. Hay que liberarse de esos modelos, dicen.

Y entonces dedicas un par de días a ojear revistas de hombres, a ver si ellos tienen también algún artículo que les pregunte qué tipo de padres son. Y no lo hay. Ellos no se preguntan en sus revistas de ocio qué tipo de padres son ni dedican una editorial a criticar a aquellos que disfrutan montando una maqueta para sus hijos o construyéndoles una portería de futbol.

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Por eso nos hemos propuesto con todas nuestras fuerzas estar muy pendientes de cada mujer que se cruce en nuestro camino que con pequeños gestos nos haga la vida más fácil o más feliz. Da igual cómo piense, cómo vista, o cómo se exprese. Vamos a intentar valorar su singularidad, aprender de aquello que pueda aportarnos y a agradecerle que ese día nos haya aligerado el camino.

Dice un proverbio masai que se necesita a toda una tribu para educar a un niño. Si eso es así en África no me quiero imaginar cuantas tribus hacen falta para educar a un niño en nuestra sociedad. Toda la unión entre madres parece poca para afrontar los deberes que conlleva la maternidad en un país en el que la conciliación es un privilegio del que no todo el mundo puede disfrutar.

Esto no va de igualdad. De hecho, os pedimos a los hombres que nos leéis (que nos hace mucha ilusión saber que cada día sois más) que dediquéis unas palabras de admiración o un gracias a aquellas mujeres que hagan más fácil o más corto vuestro camino.

Esto va de unión. ¿No serán las cosas más fáciles si no nos ponemos trabas?

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Respetemos la singularidad de cada una de nosotras y valorémonos, tal cual somos. Y si después de una jornada maratoniana a una mujer le ilusiona preparar un pastel sorpresa para el cumpleaños de su hija, aunque se acueste agotada a las dos de la madrugada, pues estupendo. ¡Qué bonito esa capacidad de reilusionarse cada día con las pequeñas cosas! Ojalá comparta con nosotros la receta por si algún día nos decidimos a probarla.

Y si otra prefiere comprar el pastel por internet mientras está cómodamente tirada en el sofá de su casa, pues también fenomenal. Seguro que es el tipo de amiga que se encarga de recordarte cuando lo necesitas que en la vida no se puede ni se debe llegar a todo.

Sea cual sea la opción de vida que cada una de nosotras hayamos elegido o que en esta etapa de nuestras vidas nos toque asumir, hagámonos un favor y aprovechemos lo mejor que hay en cada una de nosotras, nuestra propia diversidad, para crecer.

Make great together

 

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