El mejor regalo que te puedes hacer


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Pepitaliving nos ha enseñando a lo largo de estos años que una de las mayores fuentes de motivación para el cambio es la maternidad. Sois, somos, muchísimas las que cada día buscamos aprender algo nuevo para poder compartirlo con nuestros hijos: cómo fomentar su talento, cómo desarrollar la empatía, cómo mejorar la escucha activa, incrementar la resiliencia, …..y lo cierto es que cada vez nos vamos transformando en más y mejor gracias a ellos.

Sin embargo, hay veces que enfocamos tanto hacia nuestros hijos que nos olvidamos de enfocar hacia nosotras mismas. Por eso hoy os proponemos que cambiéis de orientación el foco y os hagáis un regalo a vosotras mismas con un ejercicio que os va a resultar tremendamente liberador: conoceros a vosotras mismas.

Conocer nuestro interior, lo que cada día guía nuestros pasos y determina nuestros actos, es la llave que abre la puerta a cualquier cambio; y lo es porque para nos da una perspectiva mucho más amplia de las posibilidades de transformación que tenemos y del equipaje que necesitamos para ese viaje.

Auto-conocerse es algo mucho menos místico y más fácil de lo que imaginas. Realmente sólo necesitas plantearte 4 preguntas y ser sincera contigo misma. El resultado será seguro el mejor regalo que puedas hacerte en la vida.

Las 4 preguntas son:

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Piensa en un día normal como hoy, ¿Qué has hecho al levantarte? ¿Qué les has dicho a tus hijos y a tu marido por la mañana? ¿Qué has hecho al llegar a la oficina? ¿Te has reunido con algún cliente? ¿Qué le has dicho? ¿Qué harás si tus hijos vierten esta noche un vaso de agua en la mesa o te cuentan que han suspendido el examen de mates?

¿Cómo ves la vida? ¿Qué te hace hacer lo que haces?

Una de las cosas que yo solía hacer cuando veía a mis hijos tumbados en el sofá y sabía que tenían cosas pendientes por hacer, como recoger las mochilas o preparar algo para el día siguiente, era enfadarme y generar enfado a mi alrededor. Era como si al ver las cosas tiradas en el suelo y a ellos tumbados una chispa saltase dentro de mí y activase de un soplo mi enfado. El día que comprendí que detrás de esa chispa estaba una de mis mayores virtudes o aptitudes, la proactividad, lo entendí todo. 

A lo largo del día haces y haces cosas. Son tus comportamientos, tu cara más visible que hace que los demás, tu pareja, tus hijos, tus compañeros, clientes, jefes y amigos, se forjen una idea de ti. Es como si cada día escribieses un capítulo nuevo de esa gran película que es tu vida.

Pero esos comportamientos son sólo la punta de tu iceberg personal. La más visible, sí, pero sólo una pequeña parte de ti misma.  ¿Qué hay debajo de esa punta del iceberg? ¿Qué hace que escribas ese guión de la peli y no otro?¿Qué es lo que soporta tus conductas?

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Todo lo que hacemos en el día se apoya en la idea que tenemos sobre nuestras capacidades y habilidades. Somos lo que creemos que somos y escribimos el guión de cada mini serie del día según las capacidades y habilidades que creemos que el protagonista de la peli, o sea nosotros, tiene.

Si nos creemos inteligentes tendremos una actitud distinta ante la vida que si nos creemos torpes. Si pensamos que somos tenaces y valientes actuaremos de un modo distinto a si creemos que no lo somos. Si estamos convencidos de que somos tímidos nuestra intervención en una reunión de trabajo o en una charla de amigos será distinta a la que tendríamos si creemos que no lo somos.

La vida de nuestros hijos también será diferente según lo que crean que son. Sus actos en el patio del colegio, y en el futuro, serán distintos según crean que son inteligentes, valientes, tímidos, divertidos o aburridos.

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¿Y sobre qué se apoyan esas capacidades y habilidades?

Sobre opiniones tan arraigadas en nosotros desde niños que se han convertido en creencias. Las opiniones que escuchaste repetir una y otra vez desde pequeña sobre ti o sobre las cosas que te rodeaban fueron conformando las creencias de lo que eras, y con ello tus propias capacidades. Puede que fueses avanzada en el aprendizaje, pero solo creerás que eres inteligente si te lo dijeron más de una vez; puede que te costara relacionarte con los demás en párvulos, pero solo creerás que eres tímida si te lo dijeron más de una vez; puede que algún día fueses generosa pero sólo creerás que es una de tus mayores virtudes si te lo dijeron una y otra vez; y puede también que actuases así o asá en el cole, pero sólo serás eso ahora si lo oíste tanto que en su día te lo creíste.

Aquí es donde puede que empieces a ver ya el maravilloso regalo que es conocerte. Ser consciente de las creencias que rigen tu vida es tan mágico como darse cuenta de que tus gafas llevan unos cristales puestos que te hacen ver la realidad de una manera distinta a la de los demás. Y darse cuenta de eso te da un poder enorme para cambiar el rumbo hacia donde tú quieras ir.

Una de mis mayores virtudes, como os decía, es la proactividad. Desde pequeña he oído decir a la gente de mi entorno con entusiasmo que era una persona muy activa. Y eso ha conformado una creencia en mí que puede ser algo así como “la proactividad es la clave para el éxito/ la gente vaga no prospera en la vida”. Por eso cuando veo a mis hijos descansar en el sofá cuando hay datos objetivos a mi alrededor que me dicen que hay cosas pendientes de hacer una luz se enciende en mi interior y activa mi enfado. Otra persona probablemente, sin esa creencia, se acercaría a sus hijos y les diría ¿Todo bien? ¿Habéis venido cansados del cole? ¿Os encontráis bien? Porque, dicho sea de paso, puede que alguno de ellos esté malito, ¿no?

La cuestión no es que la proactividad sea buena o mala. La cuestión es que esa aptitud que me impulsa cada día también puede convertirse en mi peor enemiga cuando actúa como pantalla en mis gafas y me impide darme cuenta de que los demás necesitan o quieren descansar o que yo misma incluso necesito descansar aunque haya cosas pendientes de hacer. Y esa es la clave de mi cambio, conocerme para saber cuál es la creencia base que en ese momento está guiando mi comportamiento.

¿Y la tuya? ¿Alguno de tus mayores impulsores como el perfeccionismo, la tenacidad, la generosidad o el esfuerzo se convierte a veces en tu peor enemigo y no te deja hacer las cosas menos perfectas, relajarte y no tirar siempre del carro, ser algo más egoista y preocuparte de ti misma o dejarte ayudar? ¿Cuáles son tus creencias?

Cuando hayas descubierto las creencias que soportan tu vida escríbelas, léelas de nuevo y hazte una última pregunta como regalo para ser feliz

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Cuando  encuentres tu para qué en la vida descubrirás un ancla que te sujeta firmemente cada vez que hay tormentas a tu alrededor, que te permitirá cambiar hacia donde tú quieras mientras continuas bien sujeta a lo que para ti es tu guía de vida.

PD: En nuestras fotografías de hoy nuestra excursión por el glaciar Nigardsbreen (Noruega), un lugar espectacular para darse cuenta de que el azul más intenso siempre está en el interior. Si alguno queréis información para ir con niños pequeños no dudéis en mandarnos un correo 🙂

 

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