¿Vas a ser un padre NASA o un padre APPLE?


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20 de febrero de 1962, la primera misión orbital de la NASA. Todo iba según lo planeado pero, de pronto, una luz de alarma en el control de misiones indicaba que la nave tripulada por el americano John Glenn tenía un problema; el escudo de protección térmica parecía haberse soltado ligeramente y no había certeza de que lograse entrar a salvo en la atmósfera. Había surgido un incidente en una operación planificada desde muchos años antes y ensayada hasta la saciedad.

Planeamiento, planeamiento, planeamiento y más planeamiento hasta llegar al objetivo. Planes a muy largo plazo y planes de contención para caso de emergencia. Desde entonces hasta hoy muy poco ha cambiado la manera de definir la estrategia en la NASA:

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Es la estrategia como nuestros padres nos enseñaron: Pensar en un objetivo a largo plazo y trazar un plan, fase a fase, meta a meta, para llegar a ese objetivo.

Algunas décadas más tarde, en Silicon Valley, un grupo de ingenieros de Apple tiene como misión lanzar un nuevo móvil que revolucionará el mercado. Saben que el software que lleva ese móvil no es perfecto, no importa.  No hay que esperar a tener el producto perfecto, sino el mejor posible según las circunstancias, creer en el producto, salir al mercado y comérselo; después ya se irá perfeccionando.

Su forma de hacer estrategia es distinta. Tienen un objetivo en mente y van planeando y ejecutando, planeando y ejecutando, planeando y ejecutando. La estrategia se va redefiniendo constantemente con cada parche que lanzan al mercado y que hace que el producto sea mejor que el anterior.

Es una estrategia que podríamos resumir como “BETTER NOW THAN PERFECT”.

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Y ahora vosotros os preguntaréis ¿Qué tiene esto que ver conmigo?

Pensad un momento. ¿Acaso no hacemos todos estrategia cuando decidimos tener un hijo? Claro que sí. Y lo normal, además, es que lo hagamos como la NASA, porque esa es la forma tradicional, la que nos enseñaron nuestros padres y la que hemos aprendido en las escuelas de negocios hasta hace bastante poco.

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Imaginamos un modelo ideal de hijo a largo plazo y diseñamos cada fase de esos 20 años que tenemos en la mente para llegar al objetivo final. Antes de que nuestros hijos nazcan ya tenemos planificado que acabarán secundaria fácilmente, se graduarán en alguna universidad, tendrán una carrera profesional atractiva y una familia tradicional o semi tradicional como la nuestra.

Y, realmente, no hay nada malo si eso se cumple; es más, será maravilloso si con eso son felices en la vida.

La cuestión no es que un modelo de estrategia sea bueno y otro malo. La cuestión es qué modelo de estrategia puede ayudar más a mis hijos (y solo a los míos) a ser más felices, siendo realista con el mundo en el que vivo, con mi familia y mi propia realidad.

Si mi hijo es un genio de las letras y además ha descubierto que su verdadera pasión es ser escritor parece que merece la pena volcar todo el esfuerzo en ese talento y sentarnos a definir una estrategia a largo plazo de forma tradicional que le lleve a ganar el Pulitzer. Si en el camino surge un incidente lo solventaremos como la NASA, articulando el plan de emergencia.

Ahora bien, ¿me sirve ese mismo modelo de estrategia cuando mi hijo no tiene clara su vocación, cuando es probable que decida no ser titulado superior, irse a vivir a miles de kilómetros de distancia o crear una familia que yo no habría imaginado ni en sueños? ¿Me sirve cuando es posible que él entienda la felicidad en términos distintos a los que yo manejo?

En estos casos puede nos ayude más hacer las cosas como Apple. Olvidarnos de estrategias y objetivos a 20 años que solo nos crean frustraciones como padres y a nuestros hijos como hijos y enfocarnos en darles a nuestros hijos unos valores o guías de actuación sólidos y válidos para cualquiera que sea la vida que elijan. A partir de ahí,  trabajar planificando y ejecutando, planificando y ejecutando para ayudar a nuestros hijos a lanzar versiones mejores de si mismos cada día.

En el mundo Apple no hay que tener el producto perfecto hoy; ni siquiera tiene sentido imaginar el producto  perfecto porque el mercado avanza tan rápido que, probablemente, si esperamos a ser perfectos  para lanzarlo cuando lo hagamos la versión ya esté demodé. En un mundo así entendido hay que lanzar cada día la mejor versión que podamos y parchearla cuantas veces sea necesario.

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Ahora piensa ¿tu mundo y tus hijos son NASA o Apple? ¿y tu estrategia, es NASA o Apple? ¿os ayuda esa estrategia en casa?

Nos encantará que nos lo cuentes aquí, en el blog, o en las redes sociales, y podamos enriquecernos con tu punto de vista.

¡Sed felices!

 

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