Escuchar es un arte


Bee 1

Lo mejor de haber vivido esta crisis, de tener hipotecas a 40 años y amigos que han perdido trabajos y muchas ilusiones por el camino es haber podido darnos cuenta de que la mejor herencia que les podemos dejar a nuestros hijos son un conjunto de habilidades sociales y valores con los que ser más felices y aportar valor allá donde vayan. Invertir en inteligencia emocional y ayudarles a ser personitas generosas, innovadoras, con interés, empatía, que aporten valor y talento allá donde les toque vivir es una apuesta de futuro, nuestro legado.

Y en esa herencia, uno de los mayores valores que les podemos regalar es saber escuchar. Porque saber escuchar es la base para adquirir otras habilidades o valores. Si nuestros pequeños no saben escuchar, el mensaje que les queramos transmitir, cualquier que sea, se diluirá.

Bee 2

No nos referimos sólo a enseñarles a respetar turnos y a hablar bajito, que también. Escuchar es mucho más. Es entender, comprender al que habla, meterse en su pellejo.

Escuchar no es oir, es algo que requiere mucho más esfuerzo. Esfuerzo por no juzgar anticipadamente, por no hablar antes de tiempo, por integrar las emociones del que habla o dar sentido a lo que se oye.

La escucha activa es un regalo que podemos hacernos a nosotros mismos y a nuestros peques. Enseñarles a no distraerse cuando el otro habla, a no interrumpir, a mirarle a los ojos, a no dejarse llevar por los prejuicios, a intentar comprender al que habla, ser él por unos segundos. Eso, es un regalo para toda la vida.

olivia2

¿Difícil verdad? En la tribu al menos es algo que nos está costando bastante aprender. Y digo nos porque papá y mamá también necesitan aprender a escuchar. De pequeños nos enseñaron a escribir, a leer, a hablar en público, pero no nos enseñaron a escuchar.

Como todo en la vida, la escucha activa se aprende practicando, así que, lo primero, slogan en mano “¿Por qué será que tenemos dos orejas y sólo una boca?, y luego algunos juegos para que nuestras orejas se acostumbren a estar siempre abiertas:

  1. Nos quitamos la chaqueta de los prejuicios. Fuera eso de que el lobo es siempre el malo y los niños buenos llevan zapatitos ingleses. Si antes de escuchar ya tenemos una idea preconcebida de lo que vamos a oir perderemos, en el mejor de los casos, detalles de la conversación, sutilezas, sentimientos. En el peor, no le daremos la oportunidad de hablar a alguien de quien tal vez podríamos aprender mucho.
  2. Habla bajito y presta atención. O al revés, probad a poner la televisión y la radio a tope y hablad muy, pero que muy alto. ¿A qué es difícil entenderse?
  3. Ahora soy boca, ahora oídos. O lo que es lo mismo, el difícil respeto de los turnos y el más difícil ejercicio de dejar a quien nos habla que termine la frase.
  4. El mensaje escondido. Todo puede tener interés. Y si durante la pelea de la cena por ver quién habla más alto les decimos bajito que el sábado nos vamos a un concierto o que tienen de premio chocolate ¿nos escucharán?
  5. El teléfono no siempre tiene por qué estar escacharrado. ¿Te atreves a repetir un mensaje sin inventarte nada? En el caso de los más pequeños es muy divertido probar a buscar una misión en la que el éxito dependa de lo bien que hayamos escuchado y transmitido el mensaje. Prueba con la lista del súper, las indicaciones para llegar a una fiesta de cumpleaños, etc. A los adolescentes les encantan las películas y la música. ¿Por qué no intentar reproducir de memoria alguna escena de una película? ¿Y preguntarles qué quiere decir su autor favorito cuando escribió esa canción que se saben de memoria?
  6. ¿Te acuerdas de una conversación que has tenido? ¿Qué te ha dicho Fran cuando has llevado el dinosaurio a clase? ¿Qué dijo Guille cuando la profesora le preguntó?Pregúntales qué les han dicho a lo largo del día sus amigos. A medida que vean que te vas interesando por lo que les ocurre a sus amigos intentarán prestar más atención a lo que estos dicen en cada situación y a cómo viven el momento los demás.

“Hablar es una necesidad, escuchar es un arte” J.W.Goethe

bee 3

Todas las fotos son de Olivia Bee, una joven de 20 años que con su cámara parece escuchar al mundo.

Deja tu comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s