Una carta de solidaridad


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Detrás de cualquier conflicto, de cualquier desastre natural o catástrofe, de las hambrunas, de las epidemias, de la pobreza, detrás de todo eso están los niños. Los niños porque son siempre la parte más débil, la que más apoyo inmediato necesita. Y los niños porque son la esperanza de ese país que ahora está en conflicto, del que sufre el ébola o del que reconocemos en el mapa por encabezar siempre la lista del hambre. Ellos son la siguiente generación, la que tendrá en sus manos la opción de reilusionarse, aprender de los errores pasados y sacar a su país adelante.

Como a cualquier madre me gustaría que mis hijos comprendiesen lo importante que ellos son para ayudar a otros niños a cambiar el mundo. Pero en este caso tenía dudas, miles de dudas, no sobre la importancia de educarles en solidaridad sino sobre los medios que como madre podía utilizar para ello.

2 niño

Veréis……todo empezó hace un tiempo, cuando la mayor de la tribu se interesó por la guerra en Ucrania. El conflicto estaba empezando y Hanna, que nos ayuda en casa, llevaba unos días muy triste y preocupada. Los niños lo notaron y preguntaron qué pasaba, así que les explicamos un poquito sobre el conflicto. ¿Y ahí también hay niños? Si hija, también hay niños. ¿Y van a tirar bombas en las escuelas? Seguro que la profe les salva.

La cosa quedó ahí hasta que un día la bisabuela les dio la paga. Entonces, la pequeña cogió el billete, me lo dio y dijo: Mama, dáselo a Hanna, para los niños de Ucrania.

Mi hija no es ninguna heroína, ni tiene el corazón más o menos grande que ningún otro niño. Simplemente le había llegado el mensaje y, a diferencia de El Chad, Siria o el Líbano, le parecía que los niños de Ucrania estaban más cerca.

Eso nos hizo reflexionar sobre si sería lícito, ético o llámese como quiera, hacerle llegar a mi hija una carta de una niña imaginaria en Ucrania contándole que gracias a su aportación habían comprado pinturas para el cole con las que hacer dibujos bonitos y ser más felices.

Sé que la solidaridad no es en modo alguno limitarse a dar un poquito de lo que uno tiene y esperar gratitud a cambio. Pero, ¿cómo desaprovechar el ejemplo para sus hermanos? ¿Cómo correr el riesgo de que ese acto infantil pudiese quedar aislado en una sociedad que les lleva al consumismo? ¿Y si el próximo conflicto no le parecía tan cercano?

3 Refugios antiaereos

No podíamos desaprovechar la oportunidad de abrir una pequeña brecha en el corazón de nuestros hijos que les recordase que hay más realidades que las que ellos viven en su día a día, y que sus gestos, aunque pequeños, podían ayudar a otros niños.

Acudimos a Lara. Ella trabaja día a día por un mundo mejor desde su puesto de trabajo en Intermon Oxfam, ha vivido en Israel, se desplaza frecuentemente a las zonas en conflicto y, como cualquiera de nosotros, intenta que sus dos hijos de 7 y 5 años vean un poquito más allá de su realidad.

Ella nos abrió los ojos. Sí, sí claro, una carta sí. Una carta en la que su nuevo amigo imaginario le cuente las cosas que se han hecho con esa aportación, que le hable un poco de la realidad al otro lado del mundo y que le haga ver que esos niños y niñas tienen los mismos derechos que ella, pero no puede hacer lo mismo porque la realidad de su país no se lo permite.

Y así fue como le pedimos que nos ayudase a escribir una carta y que nos dejase compartirla con todos vosotros.

La carta llegó a nuestra casa. No venía de Ucrania, sino de un campo de refugiados sirios en Jordania. Gracias a Fátima, la pequeña que nos escribió, nuestros hijos vivieron por un momento la realidad de los miles de niños y niñas que están viviendo en estos campos. Las palabras de Fátima nos ayudaron a construir los primeros cimientos de lo que creemos que sí es la solidaridad, creer que otro mundo es posible y actuar.

Por si a alguno de vosotros también os ayuda a construir estos cimientos con vuestros hijos, el viernes os la traeremos (*)

Gracias Lara, por tu dedicación para construir un mundo mejor.

Fotos: 12 y 3

(*) Después de escribir este post publicamos otro llamado Gracias por encender una vela por mí (que puedes encontrar aquí) en el que compartimos una carta que Lara nos escribió como si fuese Fátima, una pequeña niña siria en un campo de refugiados. La carta está pensada para hacerles partícipes a los niños del conflicto sirio. Si os puede ayudar con vuestros hijos no dudéis en tomarla prestada.

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