Pon a punto la relación con tu hijo


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Ayer publicábamos en facebook e instagram el siguiente video bajo la pregunta ¿Qué ocurre cuando le faltas al respeto a tu hijo o él a ti?

El video pretende ser una invitación a que revisemos en qué punto está la relación con cada una de las personas que integran nuestro hogar y, en especial, con nuestros hijos.

¿Tenemos estos tres pilares bien anclados en la relación con nuestros hijos? ¿Y en la relación con nuestra pareja? ¿Y entre nuestros hijos? ¿Hay respeto y confianza entre ellos?

El primer paso para convertir nuestros hogares en gimnasios emocionales y cocinas de la felicidad duradera es poner a punto nuestras relaciones. Y poner a punto una relación supone nada más que revisar cuán sólidos tenemos los 3 pilares sobre los que se levantan todas las relaciones: Atención, Confianza y Respeto.

¿En qué punto de partida estamos?

Si tenéis niños pequeños probablemente estaréis pensando que el palito del respeto es el que más cuesta trabajar. Enseñarles a decir no con respeto, a no hablarnos con malos modales, a no chillar a sus hermanos o sus amigos no resulta una tarea fácil; probablemente porque los niños no son conscientes de qué eso debilita la relación que tenemos con ellos y debilitará las relaciones que en el futuro entablen con quienes se crucen en sus vidas.

Por eso es importante darles otra perspectiva distinta al respeto porque sí o sí, al hecho de que a los padres y no se les puede mentir y punto o a la creencia de que ellos merecen atención incondicional y no deben atender a nadie a cambio. Es importante que interioricen que una relación es estable y duradera cuando los tres palitos son sólidos y que esa solidez depende de dos.

Con el video de hoy también queríamos deciros que no hay padre que no haya perdido la paciencia con sus hijos o su pareja alguna vez y que pueda asegurar que jamás la volverá a perder.

 Cada día nos da una nueva oportunidad para levantar nuestro tipi más alto y fuerte. Para eso sólo hay que echarle ganas, crear un ambiente de equilibrio y armonía en el que trabajar a gusto y lanzarse a trabar codo con codo. Con los niños, además, es fácil: son los grandes expertos en darnos otra oportunidad con la mejor de sus sonrisas.

¿Hay alguien en tu vida con quien te falte uno de los palitos de la relación? ¿Qué pasaría si a esa relación le pusieras el palo que falta?

¡Sed muy felices

Ready to change?


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¿Te sientas 5 minutos y te tomas un buen café con nosotros? Tenemos muchas ganas de darte la bienvenida a una nueva temporada de Pepitaliving que hemos diseñado con infinita ilusión, mucho cariño y con un objetivo fundamental: Convertir nuestros hogares en gimnasios emocionales y cocinas de la felicidad duradera.

Queremos que tu casa y la mía se conviertan en espacios únicos para desarrollar nuestra inteligencia emocional y la de nuestras familias. Queremos que al final de este curso te conozcas mejor y conozcas mejor a tus hijos; que tengas más confianza en ti mism@ y ayudes a tus hijos a reforzar su autoestima; que te quieras más y les digas a ellos cuanto les quieres. Queremos que lideres un cambio en tu familia y les empujes cada día a ser un poquito más “emocionalmente inteligentes”. Nuestro objetivo final es que a final de curso te sientas muy orgullos@ de haber trabajado por tu felicidad y la de los demás.

Si estás ya saboreando esa taza de café que nos íbamos a tomar juntos te invitamos a que te relajes mientras ves el siguiente video:

Solo hay una frase que te pedimos que recuerdes durante este año:

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Cuando nos conocemos y nos queremos, cuando tenemos claro nuestro “para qué”, cuando trazamos un plan y trabajamos por él con compromiso y determinación las posibilidades son infinitas. Al igual que los escultores, simplemente tenemos que saber qué cosas hay que remover para poder sacar la obra de arte que todos tenemos dentro.

Podemos transformar nuestra mente en lo que queramos como si de plastilina se tratase.

Uno de los descubrimientos que más nos han motivado en los últimos tiempos es descubrir que no somos prisioneros de nuestra genética ni de la educación que nos dieron nuestros padres o las experiencias infantiles que vivimos. La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro hoy no es el mismo que ayer ni el mismo que será mañana; nuestra mente es tan moldeable como una barra de plastilina a la que podemos dar la forma que queramos con independencia de la edad que tengamos.

Las neuronas se conectan cada segundo siguiendo una especie de rutas o carreteras predeterminadas genéticamente o marcadas a través del aprendizaje desde que somos niños. Vemos la realidad de manera distinta a nuestros amigos o nuestra pareja y reaccionamos como lo hacemos ante esa realidad dependiendo de las conexiones neuronales que se establecen en nuestro cerebro a lo largo y ancho de vías que hemos ido haciendo profundas a base de imitar y repetir el mismo comportamiento durante años.

Hoy sabemos, sin embargo, que nuestro cerebro está capacitado para crear nuevas vías; que podemos marcar nuevas carreteras en el mapeado cerebral por las que las neuronas se conectarán la próxima vez que reciban un estímulo. Algo así como decir que ante un mismo estímulo nuestras neuronas cogerán la autopista A1 en lugar de la A2 y nuestra reacción acabará siendo diferente. Este fenómeno, llamado plasticidad neuronal, es algo absolutamente maravilloso, porque implica que podemos cambiar nuestro comportamiento ante determinados impulsos y que podemos, en definitiva, modelar nuestro temperamento.

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¿Cómo? ¿Cómo podemos escaparnos de la genética y de años y años de aprendizaje?

Consciencia, repetición y emoción son los nuevos ingredientes que os proponemos que nunca falten en vuestra cocina desde hoy.

Para moldear nuestra barra de jabón tenemos que tomar conciencia de quienes somos, tener claro en quien queremos convertirnos y trabajar día a día como artesanos con un cincel. Como en cualquier otro aprendizaje, para que el nuevo surco emocional sea profundo y las nuevas conexiones neuronales sean duraderas necesitamos repetir y repetir el nuevo comportamiento.

Y si además de repetición le añadimos una pizca de emoción la nueva huella emocional será mucho más profunda y duradera. Los aprendizajes con mayor carga emocional general conexiones neuronales más duraderas y nuevos surcos más profundos. Por eso te acuerdas perfectamente de este anuncio de cuando eras niño que empezaba diciendo “al mundo entero quiero dar un mensaje de paz…”, del día que tus hijos aprendieron a montar en bicicleta o del ambiente que rodeaba tu primera ruptura sentimental; porque aquello que aprendemos con el chip emocional activado genera conexiones neuronales más duraderas.

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¿Por qué hemos elegido este mensaje para inaugurar una nueva temporada? ¿Qué queremos trasladarte hoy con todo esto?

  1. Que puedes cambiar. Que nuestra mente está preparada para cambiar y que los ingredientes ya se han descubierto: repetición y emoción. Y que para lanzarse a cocinar con ellos solo es necesario desconectar el botón “automático on”, tomar conciencia de lo que hacemos y querer cambiar.
  2. Que puedes ayudar a tus hijos a cambiar. Que, siendo cierto que la genética influye muchísimo, también lo es que eso sólo significa que hará falta más trabajo y más motivación para llegar a donde quieran. Su mente les acompañará
  3. Que no pasa nada si nos equivocamos como madres o padres, nuestros hijos tienen toda una vida para solucionarlo. Es verdad que hay periodos críticos de aprendizaje como la infancia, en los que nuestra conducta como padres impactará directamente en su autoestima o sus paradigmas mentales o gafas de ver el mundo. Pero lo más maravilloso es que si hoy nos equivocamos ellos tendrán toda una vida para solucionarlo. Su cabeza será tan plástica cuando sean mayores como lo es ahora la nuestra.

Si te has terminado ahora esa buena taza de café que nos estábamos tomando juntos coge un papel y escribe qué quieres conseguir este año. ¿En qué quieres convertirte? Guarda el papel en un sitio que sólo tú conozcas, despréndete de todo lo que no te deja avanzar y lánzate a trabajar por lo que quieres.

En tus manos y en las mías hay posibilidades infinitas.

 ¡Feliz día!

 

Uno más en casa: El Alzheimer


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Cuando hace casi un año le preguntamos por el Alzheimer sus ojos se iluminaron. No restó ni un ápice de dureza al proceso que las personas con Alzheimer y sus familias tienen por delante cuando el diagnóstico de la enfermedad se cuela en casa. Sin embargo, hay algo en su voz serena y en su cálida mirada que te trasmite esperanza para afrontar este proceso e ilusión por vivirlo desde la ternura, el amor, la gratitud o, como ella dice, el orgullo.

Os estamos hablando de Josune Méndez de Cruz, una gran mujer que tiene muy clara su misión en la vida -“Ayudar a las familias de las personas con Alzheimer”-, y a la que hoy hemos pedido que escriba un post que pueda ayudar a todas esas mujeres y hombres que de la noche a la mañana os habéis tenido que hacer cargo de una nueva situación: uno de vuestros seres más queridos tiene la Enfermedad de Alzheimer.

Tras años prestando ayudas a las familias desde las principales asociaciones españolas de enfermedades neurodegenerativas la visión de Josune es un soplo de aire para quienes conviven con esta enfermedad. Esperamos de corazón que os ayude.

Si alguno deseáis contactar con ella lo podéis hacer dirigiéndole un correo a hola@josunemendez.com

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Cuando en nuestros hogares, después de muchos meses de incertidumbre, de no entender nada, de no reconocer a la persona que tenemos delante, de visitar médicos y más médicos, irrumpe el diagnostico de Enfermedad de Alzheimer u otro tipo de demencia, todo se tambalea y empezamos a hacernos muchísimas preguntas a las que poco a poco tendremos que ir poniendo respuesta: “¿le puedo dejar solo?”, “¿cómo se lo cuento a los niños?”, “¿podré contar con el apoyo de mis hermanos?”, “¿cómo será la evolución de la enfermedad?”, “¿dejará algún día de reconocerme?”, “¿cómo abordamos todos los síntomas?” … y un sinfín de preguntas más que nos atormentan y que en un primer momento resulta muy complicado dar respuesta. Algunas veces, ni siquiera nos planteamos estas cuestiones y optamos por “hacer como si no pasa nada” y dejarnos llevar por la situación “a ver qué pasa”.

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Una vez recibido el impacto que supone el diagnóstico, nos encontramos de pronto ante un proceso que puede durar muchos años y ante el que nunca estamos preparados, por lo que a la vez que nos estamos haciendo todas estas preguntas, se van generando en nosotros un torbellino de emociones que es normal que aparezcan pero que nos van a resultar a menudo muy complicado gestionar y que nos pueden condicionar nuestra labor de cuidadores. Así, es importante que seamos capaces de identificarlas y ponerles nombre.

Las personas que habéis pasado por esta situación seguro que reconocéis algunas de estas emociones:

  • Miedo: “no sé qué le pasará a mi padre con el tiempo”, “tengo miedo a no saber llevar esta situación”, tengo miedo a que esto tenga un impacto negativo en los niños”, “no quiero que por esto mi familia se desestabilice”
  • Inseguridad: “no sé si sabré hacerlo”, “¿cuándo es el momento de llevarle a un centro de día?”, “ya no me arreglo como antes y no me veo guapa”, “tal vez estoy cargando a los niños con demasiada responsabilidad” …
  • Culpa/remordimiento: “no le dedico todo el tiempo que debería”, “tengo mi casa abandonada”, “estoy tomando decisiones en contra de su voluntad” …
  • Tristeza: “no reconozco a mi padre”, “ya no es lo que era y no disfrutamos de las cosas juntos como antes”, …
  • Irritación: “me enfado cuando no hace las cosas bien”, “creo que no se esfuerza lo suficiente”, “por más que le repito las cosas no hay manera”, “tampoco me ha dejado pegar ojo esta noche” …
  • Soledad: “he tenido que dejar mis aficiones”, “ya nadie me llama”, “mis amigas se han cansado ya de escucharme” …
  • Nostalgia: “recuerdo cuando preparaba esa comida de navidad para 25 personas y cuando organizaba la fiesta de cumpleaños de los nietos en el pueblo” …
  • Frustración: “acude a un taller de memoria, pero no hace más que perder facultades”, “no hay nada que hacer, esto va de mal en peor” ….

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Reconocer estas emociones nos ayudará a rodearnos de los apoyos necesarios, y a convertir estas emociones negativas en positivo para conseguir el objetivo de disfrutar de una experiencia positiva de cuidado. Sí, aunque nos parezca difícil, esto es posible. Las emociones como son la ternura, el amor, la satisfacción, el orgullo, la gratitud, el alivio, la serenidad pueden ser una realidad en este tipo de situaciones, si se toman las medidas necesarias. Aquí algunos ejemplos de lo que podemos hacer en este sentido:

  • Buscar ayuda: Sólo con ayuda es posible desarrollar una experiencia positiva de cuidado. Nadie es capaz de abordar una tarea así desde la soledad, y salir airoso. Reconocer que uno solo no puede no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad.
  • No abandonar las relaciones sociales y los pequeños momentos de ocio. Esto nos permite estar conectados a la realidad. Debemos tener en cuenta que algún día la persona que cuidamos fallecerá y que nosotros tendremos que seguir nuestra vida.
  • Buscar la información que va siendo necesaria durante todo el proceso de la enfermedad. Estar informados nos ayudará a entender los síntomas que van apareciendo y actuar de manera correcta.
  • Compartir la experiencia con otros cuidadores que están viviendo la misma experiencia: por ejemplo, participar en los grupos de autoayuda que ofrecen habitualmente las asociaciones de pacientes** puede resultar de gran ayuda.
  • No tomar decisiones importantes en caliente. Como dejar de trabajar, etc., …
  • Involucrar a tu pareja e hijos en el día a día de los cuidados.

Las personas con Enfermedad de Alzheimer nos necesitan. Pero no a cualquier precio. Necesitan sobre todo que les comprendamos, que les demos cariño, que pasemos tiempo con ellos, que sepamos entender sus, a veces, desproporcionadas reacciones, que tengamos paciencia, etc…Porque no debemos olvidar esto nunca: por mucho que vayan perdiendo capacidades, la capacidad de sentir, de percibir nuestra atención y nuestro amor la van a mantener intacta hasta el último día. Debemos, por tanto, concentrar todos los esfuerzos en mantenernos emocionalmente fuertes y cuidarnos, porque solo de esta manera podremos realmente ofrecerles lo que más necesitan de nosotros.

** En http://www.ceafa.es/es/asociaciones-alzheimer, portal de la Confederación Española de Asociaciones de familiares de personas con Alzheimer y otras demencias, podrás encontrar el listado de asociaciones que más cerca están de tu lugar de residencia.

Mañana habrá mil diferencias


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¡Somos más de 1.000! Ya sois más de 1.000 personas las que os habéis unido a nuestro proyecto a través de Facebook.

¿Sabéis que significa para nosotros esto? Significa que podemos cambiar el mundo; que si cada uno de nosotros hace algo hoy por marcar una pequeña diferencia mañana habrá 1.000 diferencias en el mundo.

Significa que si hoy cada uno de nosotros le regala una botella de leche a alguien que lo necesita al final del día habrá 1.000 botellas en el mundo saciando la sed de un pobre. Si mañana cada uno de nosotros abraza a quien lo está pasando mal habrá 1.000 personas recibiendo calor y afecto en el mundo. Si pasado mañana cada uno de nosotros se sienta con sus hijos a explicarles que el matrimonio forzoso de niñas menores de edad es una realidad en países de nuestro entorno habrá más de 1.000 niños conscientes de la vulneración de derechos de la infancia en el planeta.

¿No es grande lo que podemos llegar a construir?

Para nosotros ser más de 1.000 significa esto:

¿Qué cosas te mueven a ti? ¿Qué mueve tu corazón? ¿Qué te hace levantarte de la silla y empujar el árbol? ¿Cuánto tiempo hace que no lo empujas?

Si al final de la vida vamos a hacer algo que marque la diferencia ¿Por qué no empezar hoy? ¿Por qué no aprovechar los meses de verano para salir de nuestra zona de confort y marcar la diferencia? ¿Hay algo en tu casa que si arreglas, pintas o decoras con tus hijos podría llenar de ilusión a alguien que lo necesita más que tú? ¿Hay algún libro en tu estantería que crees que todos los niños tendrían derecho a leer? ¿Hay una receta nueva que quieras probar con tus peques y que podría ser la cena de otra familia?

Retémonos a vivir un verano de experiencias que nos permitan sentir que aportamos y que importamos, que podemos cambiar el mundo por pequeña que sea la diferencia. Al fin y al cabo, la felicidad, la nuestra y la de los demás, no es algo que se busque y se encuentre; la felicidad se construye.

Tu botella de leche, tu abrazo y tu protesta se unirán a mi botella de leche, mi abrazo y mi protesta. Y las botellas de tus hijos a las de los míos. Y entonces ya no seremos 1.000, sino 2.000, 3.000 o quién sabe.

¿Empujamos el árbol juntos?

gracias

 

La empatía se aprende


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Si tuvieras que elegir para tus hijos entre un prestigioso máster en una de las escuelas de negocios más exitosas y la capacidad para empatizar con los demás ¿Qué elegirías? ¿Eliges lo que parece ser la puerta a un prometedor futuro profesional o la capacidad para sintonizar con los sentimientos de los demás, para detectar y comprender lo que se cuece en su interior aun sin estar de acuerdo con ellos?

Sabes que el máster probablemente les abrirá las puertas a un atractivo empleo, pero también sabes que sin la capacidad para sintonizar con las emociones de los demás difícilmente mantendrán ese exitoso empleo o, en el mejor de los casos, su trayectoria profesional será corta, muy corta.

La gran noticia es que no hay que elegir. Los expertos han demostrado algo que en nuestros trabajos y en nuestra vida personal ya intuíamos: que no existe relación entre la empatía y el coeficiente intelectual. Que la empatía se aprende.

¿No os parece eso fantástico? Podemos aprender a ponernos en la piel de los demás como aprendemos a jugar al basket o entrenamos cualquier otra cosa en la vida: practicando, ensayando, equivocándonos y aprendiendo de los errores.

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¿Qué es lo que tenemos que entrenar para desarrollar nuestro músculo de la empatía?

La base de la empatía es el autoconocimiento. Conocer nuestras emociones y tener un registro emocional fluido es la base para captar las emociones de otros. Esto, que parece muy fácil, es bastante complicado si tenemos en cuenta que nuestro vocabulario en cocina es bastante más amplio que nuestro vocabulario emocional. ¿No os ha dicho alguna vez vuestra pareja “¿qué te pasa?” y le habéis respondido un “estoy triste” cuando en realidad dudáis si realmente estáis tristes o más bien enfadados, estresados, cansados o yo que sé qué? De pequeños nos enseñaron cuáles eran los colores primarios y qué pasaba si los mezclabas, pero nadie nos contó cuáles eran las emociones básicas o qué pasaba cuando las mezclabas y a veces no sabemos ni de qué color estamos.

La otra pata el entrenamiento está en la capacidad para captar los mensajes no verbales de los demás, que es el segundo pilar sobre el que se apoya la empatía.

El 90% de los mensajes que emitimos son no verbales. Nuestros gestos, nuestro tono de voz, el movimiento de nuestras manos, nuestra respiración, dicen de lo que pensamos que el mensaje que realmente estamos transmitiendo. ¿Os imagináis qué regalo para la vida supone ser capaz de prestar atención e interpretar esos mensajes no verbales de los demás? Darse cuenta de las emociones que ese día trae el profesor a clase, de las que rodean a ese cliente con el que estamos intentando cerrar un trato, de las que esconde ese quinceañero que nos espera tirado de mala gana en el sofá de casa, etc.

Este verano estamos decididos a entrenar en familia nuestro músculo de la empatía con juegos sencillos que nos ayuden a reconocer nuestras emociones, a ganar en repertorio emocional y a poner poco a poco el foco en los demás. Hoy os dejamos dos ejercicios muy caseritos y simples con los que trabajar esta capacidad con vuestros hijos. Como siempre, ya sabéis que lo mejor es que los aderecéis o los “tuneeis” como mejor se adapten a vuestra familia.

Empatia3aEmpatia5ADADO EMOCIONAL: Con este ejercicio podréis trabajar las dos caras de la empatía, identificar vuestros sentimientos y los de los demás.

En un dado (el nuestro es un dado muy chulo de progapanda pero podéis utilizar cualquier cubilete tipo “rubick”) hemos dibujado la representación de las 5 emociones básicas: ALEGRIA, TRISTEZA, MIEDO, ENFADO y ASCO (Os acordaréis porque son las emociones protagonistas de la peli de Disney DEL REVÉS). En el último lado del dado hemos escrito “Elige otra”.

Cuando nos toca el turno tenemos que acordarnos de una situación en la que hemos sentido la emoción que nos ha salido en el dado. Si nos sale la cara “Elige otra” elegimos otra de las emociones que nos sepamos (Decepción, vergüenza, nerviosismo, esperanza, sorpresa, etc) y recordaremos el momento en el que la sentimos (aquí es donde poco a poco iremos ganando riqueza en el vocabulario).

Para que poco a poco se vayan fijando en el “otro” a veces versionamos un poco el ejercicio y cuando nos toca el turno de dado jugamos a adivinar en qué situación creemos que ha sentido otra persona esa emoción. ¿Te acuerdas de algún momento en que M. pareciese tener miedo? ¿Algún momento en que tu profesora estuviese enfadada? ¿Alguna situación en la que tu amigo F. estuviese alegre?.

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SIN HABLARNOS. Nuestro segundo ejercicio es tan fácil como realizar cualquier trabajo de equipo que se os ocurra en absoluto silencio. ¡Veréis como los resultados os sorprenden incluso a los mayores!

Probad con tareas que los niños tengan dominadas, para no generar ansiedad sobre la tarea. A nosotros nos gusta practicarlo poniendo la mesa o recogiendo su cuarto. Al probarlo percibiréis de inmediato cómo aumenta el contacto visual con vuestros hijos y como sus gestos dicen mucho más de lo que generalmente escuchamos. Un ejercicio potentísimo, de verdad.

Esperamos que disfrutéis mucho de estos dos ejercicios y, ya sabéis, si vosotros tenéis algún otro ejercicio para desarrollar la empatía en los niños, nos encantará conocerlo.

¡Feliz fin de semana!

Cómo arruinarse el verano


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Es el final de una agoradora jornada en Disneyland y los autobuses que regresan del parque van cagados de niños sobre estimulados y exhaustos, y de padres completamente agotados. La gente empieza a protestar por todo, por el calor, por la velocidad, por esperar a otros pasajeros….. Lo que ha sido un maravilloso día tiene el riesgo de acabar en llantos y malas contestaciones.

Algo parecido ocurre, al menos en nuestra casa, con algunas tardes de verano, en las que se prepara una suerte de tormenta perfecta con los niños con riesgo de acabar en un tornado. Si habéis sufrido alguna de estas tardes sabéis perfectamente a qué nos referimos. Si todavía no lo habéis experimentado y sois tan locos que queréis probar cómo generar la tormenta perfecta con vuestros hijos aquí van algunas recomendaciones que seguro que os ayudarán a arruinaros el mes de julio.

TiemposApura los tiempos. El verano es esa época del mamá, ¿podemos quedarnos cinco minutos más? Y si realmente fuesen cinco minutos la cosa quedaría ahí. Pero son cinco minutos más de piscina, cinco más de futbol, cinco más para despedirse de los amigos. Cinco minutos que acaban siendo quince por cada uno de los retoños que tenemos en casa. Y, al final, cuando entramos en casa cuarenta minutos más tarde de lo previsto, la ecuación [ducha + cena + dientes + cuento = a las 21.30 en la cama] no sale. Y para colmo los niños tienen el modo “verano –on” encendido. Resultado = en la cama no antes de las 22.30.

GritarLlama a tus hijos a gritos. Una vez dentro de casa lo mejor de todo para acabar en llanto es querer hacer todo el doble de rápido (para compensar los cuarenta minutos que llevamos de retraso) e ir dando órdenes a gritos a los niños. Poner rápido la lavadora de las toallas a la vez que gritamos ¡A la ducha!; Oír la ducha sin cesar durante más de cinco minutos mientras preparamos la cena y volver a gritar ¡Cierra ya el grifo, que se va a acabar el agua del mundo!; Poner la mesa y llamarles al grito de ¡A cenar! ; y a los tres minutos volver a gritar ¡bajad ya a cenar, que se va a quedar frio! ; y volver a gritar dos minutos más tarde, y al final, cuatro gritos después, plantarse en el resquicio de la puerta de la habituación y gritarles ¿pero es que no me oís que os estoy llamando para cenar?, y ver como ponen cara de haba y niegan con la cabeza.

MinutoNo te reserves ni un minuto para ti. Como resultado del cinco minutos más unido al modo “verano-on” de los niños, para cuando acabas de recoger la cocina, preparar las mochilas del día siguiente, tender la lavadora y conectarte al correo del trabajo ya es la hora de la cenicienta; y no te ha dado tiempo ni a abrir una hoja de aquel libro que te compraste, precisamente, para verano. Un par de noches seguidas siguiendo esta regla son suficientes para comenzar el día siguiente muy motivada para hacer frente a otra jornada piscinera con los niños.

DeberesSe muy estricto con los deberes. Mantente inflexible con los deberes de verano. Da igual que los niños lleguen hechos un trapo del campamento, que el calor sea insoportable, que los vecinitos vengan a buscarles para ir a la piscina. Si te habías marcado como objetivo una página del libro de vacaciones de verano cada día no se te ocurra dejarles ir a la piscina ni darles un bocata de chocolate hasta que la página no esté acabada.

SerperfectaIntenta ser perfecto. Este es sin duda nuestro consejo estrella para esos días de verano en los que en la oficina hay más trabajo que nunca, hace un calor insoportable, tienes que hacer ingeniería espacial para llegar a buscar a los niños a la salida del campamento urbano y luego sobrevivir a una tarde de piscina comunitaria. Ante todo, no te saltes las cinco raciones de frutas y verduras diarias y los demás affairs propios de la perfección.

Regalémonos cinco minutos para reflexionar. Lo que pensamos, hacemos y decimos este verano influirá en lo que piensen, hagan y digan en sus futuros veranos. Y no nos van a recordar precisamente por el número de raciones de frutas y verduras que tomaban al día. Y sí, cuando nos miran con cara de alelaos y nos dicen que no nos han oído gritarles diez veces A cenar es que, de verdad, estaban abducidos con el i-pad o el juego y no nos han oído. Y gritar solo servirá para hacernos la espera más desquiciante a nosotros mismos .Y sí, las mates y los dictados son muy importantes, pero si nuestros hijos no son de esos pocos afortunados que pueden hacer los deberes después de desayunar, cuando están despejados y fresquitos, tal vez tengamos que recurrir a la imaginación y la creatividad para que practiquen mates y lengua con algo que no sea el tradicional libro de vacaciones. Y, por supuesto que sí, que son unos pesados con eso de los cinco minutos más; pero lo preocupante sería que siendo niños no tuviesen ganas de exprimir cada minuto de su tarde  Y, por supuesto que también, que nosotros también nos merecemos “cinco minutos más” para ojear un libro antes de irnos a la cama; así que tendremos que recurrir a esa súper motivación que supone para ellos el verano y empezar a negociar colaboración en las tareas domésticas, para que así todos podamos disfrutar de esos cinco minutos más veraniegos.

Por cierto, ¿sabéis como lo hacen en Disneyland? Gestionando emociones. Conscientes de los estragos que puede hacer el cansancio sobre una intensa jornada llena de emociones y conscientes de que las emociones son tremendamente pegajosas, el conductor del autobús del que hablábamos arriba comienza a cantar “Bajo el mar” cuando los primeros pasajeros se muestran quejosos. Al momento, prácticamente todo el autobús se ha olvidado de sus motivos de queja y se ha unido a cantar cual cangrejo Sebastián. ¿Os imagináis que pasaría si el conductor se pusiera a dar órdenes a voces a los pasajeros?

¡Feliz día y a por una maravillosa tarde de verano!

Lo que aprendimos en LEGOLAND


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LEGOLAND Billund es el primer parque que la marca LEGO abrió en el mundo. Está Dinamarca, en la ciudad donde nació su fundador y en la que está la sede de esta maravillosa casa de ladrillos de colores.

El parque es sencillamente impresionante. Construido con más de 50 millones de piezas lego, es un espacio único de creatividad e imaginación en el que los niños son los auténticos reyes.

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Lego9En LEGOLAND aprendimos que LEGO significa “jugar bien”, que el único límite para crear lo ponemos nosotros mismos y que con los niños menos siempre es más. La razón por la que estos ladrillitos de colores llevan desde 1932 convirtiéndose en el juego favorito de miles de niños estriba en su sencillez. Con lo más sencillo y su imaginación pueden construir lo más grande.

Al entrar en el parque les dimos a los niños un mapa y les dijimos que el día era por y para ellos. Ellos serían los capitanes y decidirían en qué atracciones se montarían y a nosotros nos parecería bien siempre que fuesen atracciones de su edad y los tres pudiesen disfrutar. Así, sin prisas, sin grandes expectativas, sin mega metas o planes perfectos fue como la jornada, además de un maravilloso recuerdo familiar, se convirtió en un gran aprendizaje emocional:

Aprendimos de nuestros hijos que:

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El miedo se vence con ilusión. ¿Qué es lo que hace que niños que nunca han montado en una atracción en la que la altura desde la que se van a descolgar es más de diez veces superior a la suya venzan la sensación de vértigo y quieran subir? ¿Qué les hace vencer el miedo que naturalmente se esperaría al tener que enfrentarse a ese riesgo por primera vez? La pasión, la ilusión por disfrutar de la atracción es lo que hace que la balanza entre lo desconocido y esa nueva experiencia que promete ser divertida se incline hacia este último lado.

A diferencia de lo que hacemos los adultos cuando tenemos que enfrentarnos a un reto nuevo, a algo que nos asusta o nos da miedo -que le pedimos a nuestro cerebro que nos muestre todas las razones lógicas para dar el salto-, ninguno de los niños que allí había se preocupó de preguntar cómo funcionaba el sistema de elevación de la atracción, los resultados del último control de seguridad, el porcentaje de niños que se habían mareado en el último año, etc. Lo que allí sobraba por todas partes era ilusión. Tanta que daban ganas de recogerla en botes y utilizarla para cuando tuviésemos que emprender un nuevo proyecto o dar un nuevo salto en nuestra vida. Y es que, el mayor enemigo para avanzar es el miedo y este sólo no se vence con la razón, como siempre nos han enseñado, sino con ilusión, con verdadera pasión.

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¿Llegar el primero o demostrarte que puedes llegar sólo? Una de las atracciones familiares más populares de LEGOLAND es el parque de bomberos. La atracción es un role play en el que cada familia simula ser una brigada de bomberos que tiene, primero que llegar al foco del incendio y, después, sofocar el fuego. Tanto el coche de bomberos como la bomba de agua se accionan manualmente, como las antiguas bombas. Os podéis imaginar que el objetivo de casi todas las familias es “ganar”. Tantas son las ganas de llegar los primeros que, visto desde fuera, el juego parece más un concurso de padres que un juego de equipo.

¿Qué ocurre en este juego si les damos a los niños un papel activo, si dejamos que el resultado final dependa de su esfuerzo? Pues que perdemos. Llegamos los últimos porque el resto de los padres habrán apartado (literalmente) a sus hijos a un extremo del coche, habrán sudado la gota gorda accionando bombas lo más rápido posible y les habrán hecho creer a los niños que la familia ha ganado gracias a su brillante aportación como animadores.

Perdimos, nuestro coche llegó el último. Y, sin embargo, los niños se sintieron tan orgullosos de su esfuerzo que pidieron volver a montar otra vez para mejorar su posición. Pidieron superarse a sí mismos. ¿No es eso muchísimo mejor que ganar?

En LEGOLAND aprendimos que cuando les hacemos los trabajitos del cole, cuando serramos por ellos la maqueta, pintamos el sistema solar o nos volvemos locos preguntando al resto de las madres por los grupos de wassap nuestros hijos llegan los primeros y ganan, pero probablemente no pidan repetirlo de nuevo para superarse a si mismos.

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¿Llegar a todo o disfrutar por el camino? Como os decíamos antes la ruta la marcaron ellos. Dimos vueltas, giramos sobre nuestros pasos y, a ojos de un adulto, perdimos tiempo. Pero ellos no recuerdan LEGOLAND por no haber visto Imagination Land ni Polar Ice. Ellos recuerdan la experiencia como una de las mejores de su vida.

¿Hubiera sido lo mismo si los mayores lo hubiésemos planificado todo tan al milímetro como siempre, si les hubiésemos marcado el orden exacto de las atracciones? Sinceramente, en un día con las emociones tan a flor de piel dudo que tanta planificación no se hubiese convertido en frustración, enfado y pataleta. ¿Qué sentido tiene a veces llegar a todo desgastándonos con nuestros hijos por el camino?

¡Feliz fin de semana a todos!